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Las FARC, los únicos culpables



En todo conflicto militar, la lógica del principio de una nación en guerra es que los civiles son siempre las víctimas inocentes de las fuerzas enfrentadas. Este principio, que ha regido la humanidad desde épocas remotas, no puede ser olvidado bajo ningún pretexto. Por tal motivo, el anuncio de un vocero de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), de que los últimos rehenes civiles muertos fue por culpa de un intento de rescate de una operación militar del gobierno del presidente Alvaro Uribe, es una postura cínica y malévola de las FARC para tratar de justificar lo injustificable.
El anuncio de la guerrilla de que once diputados regionales colombianos que mantenían secuestrados desde hace cinco años, murieron debido al "fuego cruzado" debe motivar a la indignación internacional por la impostura de este grupo armado, ya que por decenas de años mantienen entre sus móviles militares el secuestro de civiles como una "arma" para canjearlos por dinero o por combatientes de sus propias filas detenidos por el gobierno de Colombia.
Desde hace muchos años, Colombia enfrenta una guerra interna con este grupo armado que tiene complejas raíces. No obstante, la solidaridad mundial debe hoy encaminarse -más que nunca- a buscar resolver por la vía política una solución al problema de los secuestros, que se ha convertido es una de las "armas" más infames e intolerables que la humanidad ha visto crecer en los últimos tiempos.
Y estos últimos once diputados muertos, que fueron secuestrados en el año 2002 por un comando rebelde de las FARC que irrumpió en la sede de la Asamblea en pleno centro de la ciudad de Cali, haciéndose pasar entonces por militares, son el claro y preocupante ejemplo de que esta inhumana forma de combatir debe movilizar a los políticos de la región en la búsqueda de una definitiva solución. Colombia nos mueve a la solidaridad en este caso y no hay cabida para la indiferencia.

101 años de Panamá América

 
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