Las grandes burocracias
Pocas cosas irritan al ciudadano como el espectro de las grandes burocracias nacionales e internacionales que funcionan con fondos públicos pero que parecen impunes a la rendición de cuentas que se espera de cualquier otro organismo oficial. Entre las burocracias más notorias sobresalen la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) que a pesar de periódicos, escándalos internos, jamás parecen verse sometidos al escrutinio público, a diferencia de los órganos de la Unión Europea, cuyas comisiones están obligadas a rendir cuentas.
Pero mientras que en la ONU las irregularidades, por lo general, reciben titulares en gran medida por el antagonismo de algunos legisladores estadounidenses que logran insertar estos incidentes, en los periódicos de Estados Unidos, bajo grandes titulares, la OEA carece de interés tanto de la prensa local de Washington como para las agencias noticiosas, con excepción de alguna crisis regional como la caótica situación en Haití o los vaivenes a que Hugo Chávez somete la política venezolana.
Por eso lograr sacudir a estos organismos requiere el interés personal de algún célebre periodista investigativo, como es el caso de Daniel Samper, cuya columna en El Tiempo de Bogotá proclama: "La bochornosa conducta de Valdivieso en la ONU y otros hechos merecen explicaciones y deben producir efectos".
222Por eso lograr sacudir a estos organismos requiere el interés personal de algún célebre periodista investigativo, como es el caso de Daniel Samper...
El titular se refiere al embajador de Colombia ante la ONU, Alfonso Valdivieso, a quien se le ocurrió nada menos que silenciar la entrega subrepticia del informe sobre armas estratégicas iraquíes que hizo a Estados Unidos, durante su fugaz presidencia del Consejo de Seguridad. La complicidad de Valdivieso permitió que el informe fuera "editado" por Washington "al socaire de sus intereses", recuerda Samper.
Continúa el columnista: "Tal acto provocó una ola de indignación en la diplomacia mundial. "Desafortunado e incorrecto", dijo Kofi Anan. "Un asalto perpetrado con la complicidad colombiana", editorializó Le Monde. "Pobre impresión dejó el "mandado" de Valdivieso", expresó El Tiempo. "Colombia actuó como un país de quinta, alcahueta y soplón", apuntó Carlos Lemos Simmonds. "Papel rodillón", escribió el columnista Darío Morón Díaz. "Valdivieso es un peligro para el mundo", sentenció Ramiro Bejarano. "Una vergüenza para nuestro país", comentó la ex ministra Cecilia López Montaño. La prensa de Estados Unidos criticó el insólito tejemaneje.
Hasta ahí el nudo gordiano de la noticia. "Pero a este penoso suceso le faltan todavía patas y manos", deplora Samper. "No podemos permitir que se esfume sin más ni más. La canciller Carolina Barco, quien presidió la sesión de la ONU, está en mora al no explicar al país si el embajador obró de tan bochornosa manera con su aprobación. De ser así, corresponde al presidente Uribe Vélez aclarar si su gobierno respalda que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores cumpla tareas serviles e irregulares para los Estados Unidos".
La crítica de Samper, quien hace tres décadas formó el primer equipo de periodismo investigativo en Suramérica, se extiende a otros tópicos como "los nuevos y humillantes requisitos" que exige visación a los viajeros colombianos el gobierno de Alemania. "Merced a su poder en la Unión Europea, Berlín impuso a todo colombiano que viaje al Viejo Continente un filtro especial reservado a Irak, Irán, Corea del Norte y Libia", protesta el columnista. Su crítica, sin embargo, no está limitada a los gobiernos sino también se extiende a un análisis de cómo los periódicos tratan la noticia.
"La incesante molienda de acontecimientos nos tiene acostumbrados a los colombianos a la diaria digestión de noticias incompletas", sentencia. "Se diría que el trapiche enloquecido de hechos no permite arrojar informaciones redondas, sino muñones de sucesos: el brazo de una noticia aquí, la cabeza de otra más allá, un tronco en la primera página, una extremidad mal enterrada en la página veinte. Esto produce tres graves efectos. Primero, la ciudadanía vive mal informada. Segundo, la fiscalización que debe realizar la prensa se torna casi imposible. Y, tercero, al amparo de la fragmentación surgen corazas invulnerables y perversas".
La norma de administración presupuestaria, cuando se refiere a los traslados de partidas, establece que todos estos traslados deben pasar por el MEF para su aprobación.
No obstante, el MEF, durante la vigencia fiscal del 2002, no recibió ninguna solicitud de la universidad de transferir recursos de la 080 a otros renglones o partidas, destacó Castillo.
Por tanto, el ministerio no puede garantizar que se hayan hecho o no transferencias, tal como lo aseveran fuentes universitarias, debido a que nunca se informó, pero el director de Presupuesto sí garantiza que "por el Ministerio de Economía y Finanzas jamás pasaron esas transferencias de partidas".
La universidad es responsable por el manejo de su presupuesto en la parte financiera y administrativa, pero cualquier modificación al presupuesto general del Estado debe ser aprobado por el MEF, sentenció. "Nosotros nos mantenemos en nuestra aseveración de que los recursos fueron asignados a la Universidad de Panamá", resaltó.
Evitó contestar cuántos traslados de partidas hizo la UP, aunque aceptó que en el 2002 se hicieron unas para reforzar otras, pero basadas en las normas de administración presupuestaria. Si los traslados son por una suma mayor a los 100 mil, deben también remitirse a la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Legislativa.
Entretanto, siguen los empleados administrativos en paro, mientras los docentes comentan por los corrillos universitarios que en ese centro de estudios superiores solo se preocupan por lavarle la cara al rector, pero dejan de lado la búsqueda de una fórmula para resolver la crisis, que también incluye el pago de sus salarios atrasados.
Por ahora nadie ha dicho dónde están los 750 mil balboas ni en qué se utilizaron. Ese es el secreto mejor guardado en la universidad.
La crisis había sido anunciada por este medio. Hace exactamente un año, los días 26, 27 y 29 de noviembre de 2001, se publicaron tres entregas donde se denunciaba que la abultada planilla estaba sepultando a la universidad, y que el clientelismo político la tenía dividida.
Y más aún: El 7 de noviembre del año pasado, la primera plana anunciaba que el contralor había ordenado auditar la Universidad de Panamá, en respuesta a una serie de denuncias sobre irregularidades en la casa de estudios, recibidas en su despacho. Un año después, no se conocen aún los resultados de esa auditoría.
Hace 13 meses, tanto docentes como ex catedráticos, funcionarios y estudiantes señalaron que, "a raíz del abultamiento de la planilla, debido al nombramiento de unos 400 docentes, más de una veintena de asesores con salarios exorbitantes y personal eventual, se ha producido un sobregiro y desencadenado una serie de traslados de partidas para hacer frente a los gastos".
En el año 2001, según publicó El Panamá América, 75.7 millones de balboas del presupuesto se usaron para pagar la planilla, mientras que sólo 8.1 millones se utilizaron para inversiones.
La historia no ha cambiado. Otras fuentes dicen lo mismo un año después. También es una realidad que hay múltiples casos de una misma persona que es nombrada para dos cargos, tal como se publicó el año pasado. Para comprobarlo, basta con buscar en Internet la planilla de la universidad.
La doctora Aura Emérita de Villalaz, catedrática de la universidad y ex candidata a la rectoría, denunció en su momento, a través de este medio, el desgreño administrativo en la UP. Ahora sostiene que se han confirmado los grandes vicios de clientelismo político, que traen como consecuencia que los rectores tengan compromisos con quienes los apoyaron y eso los lleva a nombrar "a asesores de todo, de cuanta cosa se les ocurra". Son líderes de grupo nombrados con cargos inferiores a los que han ocupado antes, pero con salarios similares. Defienden esas políticas porque les beneficia. Hoy están en un puesto, pero saben que mañana estarán en otro.
Así se ha aumentado la planilla, lo que ha llevado a la universidad a donde está. "Eso lo señalamos hace tiempo y lamentablemente llegamos a donde no queríamos llegar. Esto daña la imagen internacional", sustentó.
La catedrática tiene interés en que el MEF y la Contraloría expliquen a la ciudadanía el porqué no se percataron de lo que estaba sucediendo en la universidad. "Se había pedido con mucha anticipación que se hiciera una auditoría, pero se le dio largas... los auditores no tenían tiempo", se quejó Villalaz, y ahora los resultados saltan a la vista.
Pero mientras que en la ONU las irregularidades, por lo general, reciben titulares en gran medida por el antagonismo de algunos legisladores estadounidenses que logran insertar estos incidentes, en los periódicos de Estados Unidos, bajo grandes titulares, la OEA carece de interés tanto de la prensa local de Washington como para las agencias noticiosas, con excepción de alguna crisis regional como la caótica situación en Haití o los vaivenes a que Hugo Chávez somete la política venezolana.
Por eso lograr sacudir a estos organismos requiere el interés personal de algún célebre periodista investigativo, como es el caso de Daniel Samper, cuya columna en El Tiempo de Bogotá proclama: "La bochornosa conducta de Valdivieso en la ONU y otros hechos merecen explicaciones y deben producir efectos".
222Por eso lograr sacudir a estos organismos requiere el interés personal de algún célebre periodista investigativo, como es el caso de Daniel Samper...
El titular se refiere al embajador de Colombia ante la ONU, Alfonso Valdivieso, a quien se le ocurrió nada menos que silenciar la entrega subrepticia del informe sobre armas estratégicas iraquíes que hizo a Estados Unidos, durante su fugaz presidencia del Consejo de Seguridad. La complicidad de Valdivieso permitió que el informe fuera "editado" por Washington "al socaire de sus intereses", recuerda Samper.
Continúa el columnista: "Tal acto provocó una ola de indignación en la diplomacia mundial. "Desafortunado e incorrecto", dijo Kofi Anan. "Un asalto perpetrado con la complicidad colombiana", editorializó Le Monde. "Pobre impresión dejó el "mandado" de Valdivieso", expresó El Tiempo. "Colombia actuó como un país de quinta, alcahueta y soplón", apuntó Carlos Lemos Simmonds. "Papel rodillón", escribió el columnista Darío Morón Díaz. "Valdivieso es un peligro para el mundo", sentenció Ramiro Bejarano. "Una vergüenza para nuestro país", comentó la ex ministra Cecilia López Montaño. La prensa de Estados Unidos criticó el insólito tejemaneje.
Hasta ahí el nudo gordiano de la noticia. "Pero a este penoso suceso le faltan todavía patas y manos", deplora Samper. "No podemos permitir que se esfume sin más ni más. La canciller Carolina Barco, quien presidió la sesión de la ONU, está en mora al no explicar al país si el embajador obró de tan bochornosa manera con su aprobación. De ser así, corresponde al presidente Uribe Vélez aclarar si su gobierno respalda que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores cumpla tareas serviles e irregulares para los Estados Unidos".
La crítica de Samper, quien hace tres décadas formó el primer equipo de periodismo investigativo en Suramérica, se extiende a otros tópicos como "los nuevos y humillantes requisitos" que exige visación a los viajeros colombianos el gobierno de Alemania. "Merced a su poder en la Unión Europea, Berlín impuso a todo colombiano que viaje al Viejo Continente un filtro especial reservado a Irak, Irán, Corea del Norte y Libia", protesta el columnista. Su crítica, sin embargo, no está limitada a los gobiernos sino también se extiende a un análisis de cómo los periódicos tratan la noticia.
"La incesante molienda de acontecimientos nos tiene acostumbrados a los colombianos a la diaria digestión de noticias incompletas", sentencia. "Se diría que el trapiche enloquecido de hechos no permite arrojar informaciones redondas, sino muñones de sucesos: el brazo de una noticia aquí, la cabeza de otra más allá, un tronco en la primera página, una extremidad mal enterrada en la página veinte. Esto produce tres graves efectos. Primero, la ciudadanía vive mal informada. Segundo, la fiscalización que debe realizar la prensa se torna casi imposible. Y, tercero, al amparo de la fragmentación surgen corazas invulnerables y perversas".
La norma de administración presupuestaria, cuando se refiere a los traslados de partidas, establece que todos estos traslados deben pasar por el MEF para su aprobación.
No obstante, el MEF, durante la vigencia fiscal del 2002, no recibió ninguna solicitud de la universidad de transferir recursos de la 080 a otros renglones o partidas, destacó Castillo.
Por tanto, el ministerio no puede garantizar que se hayan hecho o no transferencias, tal como lo aseveran fuentes universitarias, debido a que nunca se informó, pero el director de Presupuesto sí garantiza que "por el Ministerio de Economía y Finanzas jamás pasaron esas transferencias de partidas".
La universidad es responsable por el manejo de su presupuesto en la parte financiera y administrativa, pero cualquier modificación al presupuesto general del Estado debe ser aprobado por el MEF, sentenció. "Nosotros nos mantenemos en nuestra aseveración de que los recursos fueron asignados a la Universidad de Panamá", resaltó.
Evitó contestar cuántos traslados de partidas hizo la UP, aunque aceptó que en el 2002 se hicieron unas para reforzar otras, pero basadas en las normas de administración presupuestaria. Si los traslados son por una suma mayor a los 100 mil, deben también remitirse a la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Legislativa.
Entretanto, siguen los empleados administrativos en paro, mientras los docentes comentan por los corrillos universitarios que en ese centro de estudios superiores solo se preocupan por lavarle la cara al rector, pero dejan de lado la búsqueda de una fórmula para resolver la crisis, que también incluye el pago de sus salarios atrasados.
Por ahora nadie ha dicho dónde están los 750 mil balboas ni en qué se utilizaron. Ese es el secreto mejor guardado en la universidad.
La crisis había sido anunciada por este medio. Hace exactamente un año, los días 26, 27 y 29 de noviembre de 2001, se publicaron tres entregas donde se denunciaba que la abultada planilla estaba sepultando a la universidad, y que el clientelismo político la tenía dividida.
Y más aún: El 7 de noviembre del año pasado, la primera plana anunciaba que el contralor había ordenado auditar la Universidad de Panamá, en respuesta a una serie de denuncias sobre irregularidades en la casa de estudios, recibidas en su despacho. Un año después, no se conocen aún los resultados de esa auditoría.
Hace 13 meses, tanto docentes como ex catedráticos, funcionarios y estudiantes señalaron que, "a raíz del abultamiento de la planilla, debido al nombramiento de unos 400 docentes, más de una veintena de asesores con salarios exorbitantes y personal eventual, se ha producido un sobregiro y desencadenado una serie de traslados de partidas para hacer frente a los gastos".
En el año 2001, según publicó El Panamá América, 75.7 millones de balboas del presupuesto se usaron para pagar la planilla, mientras que sólo 8.1 millones se utilizaron para inversiones.
La historia no ha cambiado. Otras fuentes dicen lo mismo un año después. También es una realidad que hay múltiples casos de una misma persona que es nombrada para dos cargos, tal como se publicó el año pasado. Para comprobarlo, basta con buscar en Internet la planilla de la universidad.
La doctora Aura Emérita de Villalaz, catedrática de la universidad y ex candidata a la rectoría, denunció en su momento, a través de este medio, el desgreño administrativo en la UP. Ahora sostiene que se han confirmado los grandes vicios de clientelismo político, que traen como consecuencia que los rectores tengan compromisos con quienes los apoyaron y eso los lleva a nombrar "a asesores de todo, de cuanta cosa se les ocurra". Son líderes de grupo nombrados con cargos inferiores a los que han ocupado antes, pero con salarios similares. Defienden esas políticas porque les beneficia. Hoy están en un puesto, pero saben que mañana estarán en otro.
Así se ha aumentado la planilla, lo que ha llevado a la universidad a donde está. "Eso lo señalamos hace tiempo y lamentablemente llegamos a donde no queríamos llegar. Esto daña la imagen internacional", sustentó.
La catedrática tiene interés en que el MEF y la Contraloría expliquen a la ciudadanía el porqué no se percataron de lo que estaba sucediendo en la universidad. "Se había pedido con mucha anticipación que se hiciera una auditoría, pero se le dio largas... los auditores no tenían tiempo", se quejó Villalaz, y ahora los resultados saltan a la vista.