Las incógnitas de la visita de Mr. Rumsfeld
LA CREACIÓN de un Consejo de esta naturaleza -COSEDEN-, que nos trae ingratas memorias del frustrado CMA, vulnera el ejercicio de la soberanía nacional...
LA CIUDADANÍA ha seguido con mucha atención la visita realizada a nuestro país por el señor Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de los Estados Unidos, a su paso hacia la ciudad de Quito, para asistir a la VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, cuyo tema central es "Seguridad Hemisférica". Por singular coincidencia también se hizo presente en Panamá el General Jack Gardner, Jefe del Comando Sur, quien declaró que dentro de un par de meses iniciaría un programa de trabajos "humanitarios" en la Provincia de Los Santos, específicamente en el Distrito de Macaracas. Con posterioridad a la declaración del alto militar de los Estados Unidos (EU), una alta autoridad panameña hizo pública una información similar.
El hecho de que el Jefe del Pentágono hubiese celebrado reuniones con el Presidente de la República, Martín Torrijos, y con el Ministro de Gobierno y Justicia, Héctor Alemán, sin que se diera a la publicidad comunicado alguno sobre los resultados de las entrevistas y los temas tratados, han creado una justificada inquietud en la opinión pública. Es evidente que el señor Rumsfeld durante este segundo período de gobierno del Presidente Bush vino a hablar con el Presidente Martín Torrijos, utilizando el acento y la técnica acuñada por Mario Cuomo en el sentido de que "hacemos campaña en poesía pero gobernamos en prosa".
Mr. Rumsfeld prosiguió su viaje pero dejó aquí a 20 militares de su escolta, quienes hacen vuelos sobre nuestra capital sin que se sepa la razón de ello.
Durante la estadía en Panamá del señor Rumsfeld trascendió que se trabajaba en el borrador de un proyecto sobre la creación de un Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional (COSEDEN). Conforme a la propuesta, el Consejo estará presidido por el Presidente de la República y será integrado por el Ministro de Gobierno, el Ministro de Economía y Finanzas, que además de las atribuciones de su cartera es el Presidente de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá, y el Primer Vicepresidente, que se desempeña además como Canciller de la República. Se contempla además que bajo la jurisdicción del Secretario Ejecutivo del Consejo, funcionará un Comité de Seguridad Pública y un Comité de Eventos Críticos. Lo que, sin duda, resulta un campo minado para la soberanía nacional es que nuestras fuerzas realizarían operaciones con cuerpos de seguridad foráneos, incluyendo a las Fuerzas Militares de otras naciones, inclusive de los Estados Unidos, estableciéndose que esas operaciones conjuntas podrían realizarse en territorio panameño, lo cual incluye, a no dudar, tierra, mar y aire, sujetándose únicamente a la previa autorización del Ministro de Gobierno o del Procurador General de la Nación (La Prensa, 15 de noviembre de 2004, Primera Plana). Por asociación de ideas, cabe recordar frente a las transmutaciones que de tiempo en tiempo proyecta la potencia norteamericana para mantener una presencia militar en Panamá, que los Estados Unidos suscribieron en 1977 el Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal y al Funcionamiento del Canal de Panamá y se comprometieron en el Artículo V a que "Después de la terminación del Tratado del Canal de Panamá, sólo la República de Panamá manejará el Canal y mantendrá fuerzas militares, sitios de defensa e instalaciones militares dentro del territorio nacional". (Véase sobre el particular nuestras crónicas "Estado o Protectorado" El Panamá América 11 de marzo de 2002 y "Las Transmutaciones de la Presencia Militar Estadounidense" El Panamá América 9 de octubre de 2000).
Esperamos conocer el texto completo del instrumento relativo a la creación del COSEDEN para hacer un análisis a fondo del mismo; pero lo que sí podemos adelantar desde ahora es que la creación de un Consejo de esta naturaleza, que nos trae ingratas memorias del frustrado CMA, vulnera el ejercicio de la soberanía nacional y que tiene implicaciones internacionales al pretender autorizar ejercicios militares conjuntos con fuerzas extranjeras, deberá ser sometido a la aprobación de la Asamblea Legislativa por mandato constitucional.
Como ya se ha dicho, el gobierno nacional no dio -y no ha dado hasta el momento- ninguna información vertebral sobre la visita de Mr. Rumsfeld. Las declaraciones de los responsables gubernamentales han tenido una imprecisión que no es conveniente ni para el gobierno ni para la ciudadanía.
Según algunas versiones, el Sr. Rumsfeld habría venido a Panamá para convencer al gobierno panameño de la necesidad de integrar un frente contra el terrorismo que se concretaría a través de una militarización de nuestra fuerza pública y de mayores compromisos en la frontera con Colombia. Según otras versiones, el Sr. Rumsfeld habría venido a Panamá y a otros países vecinos, con el propósito de poner en marcha un "Plan Rumsfeld" que supondría la intervención de la flota de Estados Unidos en el Pacífico y en el Atlántico para ejercer un bloqueo en Colombia, mientras se hace una operación militar regional contra las operaciones guerrilleras. Mi impresión es la de que la adopción de este Plan no resultó viable en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Todas las versiones contienen la característica de que no son "oficiales", se mantienen en el orden de la suposición, de la conjetura, de la apariencia.
Muchas veces los periodistas deben contentarse con dejar constancia de que lo que dicen o lo que escriben es lo que "aparenta" ser cierto. Y es justamente a partir de un cierto grado de "apariencias" que llegan a discernir, a obtener la verdad. Por otro lado, hay que reconocer que en un mundo en el que casi nada es inverosímil, todo puede parecer cierto.
Es obvia, pues, la necesidad de que el Gobierno Nacional explique a la ciudadanía qué es lo que se trató con el Sr. Rumsfeld. Cuando no se informa adecuadamente a la ciudadanía, ningún Gobierno tiene derecho a asombrarse, como una inocente virgen, de la versatilidad de las reacciones que provocan en la opinión pública las idas y venidas de altos funcionarios del Pentágono americano.
El Gobierno Nacional tendría mucha más capacidad de actuar en este asunto si informa a tiempo a la ciudadanía. De sucumbir a la tentación de guardar el asunto en una especie de refrigeradora (en el que todas las suposiciones estarían latentes) se corre el riesgo de que al momento de dar las explicaciones que deba dar, parte de la ciudadanía podría poner en duda su palabra. Este escenario es insostenible para un gobierno que recién empieza su mandato. Hay que aceptar una sociedad de transparencia y para hacerlo hay que tener un espíritu de vigilancia y de disponibilidad.
En toda cuestión relativa a la visita del Sr. Rumsfeld a nuestro país hay, a mi juicio, una dimensión que no hay que subestimar. Esa dimensión es la que da el "aire de los tiempos" que se presta mucho a las mistificaciones. No otra cosa sería tratar de convencer a la ciudadanía que todos los medios son buenos para preservar a nuestro país y a nuestra población del peligro del terrorismo y también al Canal de Panamá.
La historia nos enseña que todo pueblo que permite que el miedo se adueñe de su sicología ve aparecer fatalmente en sus instituciones ciertos desequilibrios. Para luchar eficazmente contra el terrorismo todo gobierno y todo pueblo deben proceder a través del conocimiento de los datos de la realidad tanto nacional como global. En Panamá hay males que dependen de la moralidad. La corrupción es uno de ellos y está provocando violencias que por ahora parecen ser sólo psicológicas en la convivencia nacional. A ningún panameño se le podrá convencer que una de nuestras urgencias nacionales es el peligro del terrorismo y que, por tanto, debemos hacer todo lo que Estados Unidos nos solicite.
Al mismo tiempo, ningún panameño podrá comprender que el Gobierno gaste su capital de confianza en el ocultamiento o la ambigüedad de unas conversaciones con el Sr. Rumsfeld que por ahora no sabemos en qué han consistido y cuáles han sido sus alcances.
LA CIUDADANÍA ha seguido con mucha atención la visita realizada a nuestro país por el señor Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de los Estados Unidos, a su paso hacia la ciudad de Quito, para asistir a la VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, cuyo tema central es "Seguridad Hemisférica". Por singular coincidencia también se hizo presente en Panamá el General Jack Gardner, Jefe del Comando Sur, quien declaró que dentro de un par de meses iniciaría un programa de trabajos "humanitarios" en la Provincia de Los Santos, específicamente en el Distrito de Macaracas. Con posterioridad a la declaración del alto militar de los Estados Unidos (EU), una alta autoridad panameña hizo pública una información similar.
El hecho de que el Jefe del Pentágono hubiese celebrado reuniones con el Presidente de la República, Martín Torrijos, y con el Ministro de Gobierno y Justicia, Héctor Alemán, sin que se diera a la publicidad comunicado alguno sobre los resultados de las entrevistas y los temas tratados, han creado una justificada inquietud en la opinión pública. Es evidente que el señor Rumsfeld durante este segundo período de gobierno del Presidente Bush vino a hablar con el Presidente Martín Torrijos, utilizando el acento y la técnica acuñada por Mario Cuomo en el sentido de que "hacemos campaña en poesía pero gobernamos en prosa".
Mr. Rumsfeld prosiguió su viaje pero dejó aquí a 20 militares de su escolta, quienes hacen vuelos sobre nuestra capital sin que se sepa la razón de ello.
Durante la estadía en Panamá del señor Rumsfeld trascendió que se trabajaba en el borrador de un proyecto sobre la creación de un Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional (COSEDEN). Conforme a la propuesta, el Consejo estará presidido por el Presidente de la República y será integrado por el Ministro de Gobierno, el Ministro de Economía y Finanzas, que además de las atribuciones de su cartera es el Presidente de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá, y el Primer Vicepresidente, que se desempeña además como Canciller de la República. Se contempla además que bajo la jurisdicción del Secretario Ejecutivo del Consejo, funcionará un Comité de Seguridad Pública y un Comité de Eventos Críticos. Lo que, sin duda, resulta un campo minado para la soberanía nacional es que nuestras fuerzas realizarían operaciones con cuerpos de seguridad foráneos, incluyendo a las Fuerzas Militares de otras naciones, inclusive de los Estados Unidos, estableciéndose que esas operaciones conjuntas podrían realizarse en territorio panameño, lo cual incluye, a no dudar, tierra, mar y aire, sujetándose únicamente a la previa autorización del Ministro de Gobierno o del Procurador General de la Nación (La Prensa, 15 de noviembre de 2004, Primera Plana). Por asociación de ideas, cabe recordar frente a las transmutaciones que de tiempo en tiempo proyecta la potencia norteamericana para mantener una presencia militar en Panamá, que los Estados Unidos suscribieron en 1977 el Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal y al Funcionamiento del Canal de Panamá y se comprometieron en el Artículo V a que "Después de la terminación del Tratado del Canal de Panamá, sólo la República de Panamá manejará el Canal y mantendrá fuerzas militares, sitios de defensa e instalaciones militares dentro del territorio nacional". (Véase sobre el particular nuestras crónicas "Estado o Protectorado" El Panamá América 11 de marzo de 2002 y "Las Transmutaciones de la Presencia Militar Estadounidense" El Panamá América 9 de octubre de 2000).
Esperamos conocer el texto completo del instrumento relativo a la creación del COSEDEN para hacer un análisis a fondo del mismo; pero lo que sí podemos adelantar desde ahora es que la creación de un Consejo de esta naturaleza, que nos trae ingratas memorias del frustrado CMA, vulnera el ejercicio de la soberanía nacional y que tiene implicaciones internacionales al pretender autorizar ejercicios militares conjuntos con fuerzas extranjeras, deberá ser sometido a la aprobación de la Asamblea Legislativa por mandato constitucional.
Como ya se ha dicho, el gobierno nacional no dio -y no ha dado hasta el momento- ninguna información vertebral sobre la visita de Mr. Rumsfeld. Las declaraciones de los responsables gubernamentales han tenido una imprecisión que no es conveniente ni para el gobierno ni para la ciudadanía.
Según algunas versiones, el Sr. Rumsfeld habría venido a Panamá para convencer al gobierno panameño de la necesidad de integrar un frente contra el terrorismo que se concretaría a través de una militarización de nuestra fuerza pública y de mayores compromisos en la frontera con Colombia. Según otras versiones, el Sr. Rumsfeld habría venido a Panamá y a otros países vecinos, con el propósito de poner en marcha un "Plan Rumsfeld" que supondría la intervención de la flota de Estados Unidos en el Pacífico y en el Atlántico para ejercer un bloqueo en Colombia, mientras se hace una operación militar regional contra las operaciones guerrilleras. Mi impresión es la de que la adopción de este Plan no resultó viable en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Todas las versiones contienen la característica de que no son "oficiales", se mantienen en el orden de la suposición, de la conjetura, de la apariencia.
Muchas veces los periodistas deben contentarse con dejar constancia de que lo que dicen o lo que escriben es lo que "aparenta" ser cierto. Y es justamente a partir de un cierto grado de "apariencias" que llegan a discernir, a obtener la verdad. Por otro lado, hay que reconocer que en un mundo en el que casi nada es inverosímil, todo puede parecer cierto.
Es obvia, pues, la necesidad de que el Gobierno Nacional explique a la ciudadanía qué es lo que se trató con el Sr. Rumsfeld. Cuando no se informa adecuadamente a la ciudadanía, ningún Gobierno tiene derecho a asombrarse, como una inocente virgen, de la versatilidad de las reacciones que provocan en la opinión pública las idas y venidas de altos funcionarios del Pentágono americano.
El Gobierno Nacional tendría mucha más capacidad de actuar en este asunto si informa a tiempo a la ciudadanía. De sucumbir a la tentación de guardar el asunto en una especie de refrigeradora (en el que todas las suposiciones estarían latentes) se corre el riesgo de que al momento de dar las explicaciones que deba dar, parte de la ciudadanía podría poner en duda su palabra. Este escenario es insostenible para un gobierno que recién empieza su mandato. Hay que aceptar una sociedad de transparencia y para hacerlo hay que tener un espíritu de vigilancia y de disponibilidad.
En toda cuestión relativa a la visita del Sr. Rumsfeld a nuestro país hay, a mi juicio, una dimensión que no hay que subestimar. Esa dimensión es la que da el "aire de los tiempos" que se presta mucho a las mistificaciones. No otra cosa sería tratar de convencer a la ciudadanía que todos los medios son buenos para preservar a nuestro país y a nuestra población del peligro del terrorismo y también al Canal de Panamá.
La historia nos enseña que todo pueblo que permite que el miedo se adueñe de su sicología ve aparecer fatalmente en sus instituciones ciertos desequilibrios. Para luchar eficazmente contra el terrorismo todo gobierno y todo pueblo deben proceder a través del conocimiento de los datos de la realidad tanto nacional como global. En Panamá hay males que dependen de la moralidad. La corrupción es uno de ellos y está provocando violencias que por ahora parecen ser sólo psicológicas en la convivencia nacional. A ningún panameño se le podrá convencer que una de nuestras urgencias nacionales es el peligro del terrorismo y que, por tanto, debemos hacer todo lo que Estados Unidos nos solicite.
Al mismo tiempo, ningún panameño podrá comprender que el Gobierno gaste su capital de confianza en el ocultamiento o la ambigüedad de unas conversaciones con el Sr. Rumsfeld que por ahora no sabemos en qué han consistido y cuáles han sido sus alcances.