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Las Jubilaciones Especiales


El retiro por jubilaciones anticipadas del sector público tuvo su origen, si no me equivoco, hace muchas décadas, cuando los funcionarios de la sección de correos que operaban los telégrafos que transmitían los telegramas de un extremo al otro del país, se quejaban que el "tic tac" que producía el pequeño instrumento les afectaba, después de varios años de continua labor, su capacidad auditiva. Así comenzó todo un proceso de privilegios para un sin fin de empleados públicos que aducían, para darle fuerza a sus argumentos, toda clase de desgastes emocionales y físicos.
Esta política paternalista tuvo su mayor auge durante los distintos gobiernos de los militares. Fue entonces por esos días que se estableció, por parte de la Caja de Seguro Social, el régimen de jubilaciones anticipadas y más tarde por el Gobierno Nacional, el retiro forzoso de quienes llegaban a la edad de 75 años. Además de demagógicas, en especial la de retiro obligatorio, creo que es Panamá el único país del continente que la establece; las jubilaciones anticipadas eran a todas luces, muy perjudicial para la situación financiera de la Caja de Seguro Social. Resultaba muy difícil explicar entonces y más hoy día, que mientras más aumenta el promedio de vida de los panameños tenemos cada vez que trabajar menos tiempo. Esto es un gran contrasentido.
No fue hasta 1997 cuando el gobierno, presidido por el Dr. Ernesto Pérez Balladares, tuvo la valentía política de poner fin a estas nocivas prácticas de privilegios claramente violatorias de la Constitución; fue una de sus gestiones de gobierno que merecieron el aplauso de la mayoría de los panameños que no disfrutaban de los beneficios de unas prácticas que encerraban un claro favoritismo para un grupo de minorías selectas.
Las razones de desgaste que ayer aducían los telegrafistas, hoy podrían aplicarse igualmente a los operadores de las computadoras. Los agricultores pudieran esgrimir también los argumentos de desgaste físico que hoy pretenden usar los trabajadores de la construcción. El deterioro mental o emocional de un educador, pregunto yo, ¿es mayor que el de un cajero de un banco?. ¿Un médico acaso tiene más responsabilidad y tensión que la de un aviador?. Estos son sólo unos pocos ejemplos que demuestran que todas las profesiones tienen en mayor o menor grado desgastes físicos y mentales. No hay, no obstante, justificación para darles privilegios a unos y a otros no.
No creo, ni justifico, ningún tipo de jubilación especial que no sea como parte de un plan del cual forme parte el ahorro individual. Todo trabajo tiene riesgos y desgastes, pero también satisfacciones. Uno tiene que tener vocación para poder realizarlo bien. Estoy muy de acuerdo, y creo firmemente en ello, que las remuneraciones de las personas deben ser buenas y guardar relación con el trabajo que realizan y los riesgos y responsabilidades que él conlleva; se les deben dar a todos las facilidades necesarias para que puedan hacer su labor adecuadamente.
Esas prebendas y esos criterios paternalistas tercer mundistas son ya, afortunadamente, cosas del pasado. El empresario moderno busca una compensación salarial de acuerdo con la productividad humana y ofrece un retiro que le brinde seguridad al empleado para que este no pase una vejez con penurias. Es así como se desarrollan los pueblos, con trabajo y no con vagancia. Científicamente se ha llegado a determinar que la ociosidad envejece al hombre en su cuerpo y en su mente, mientras que el trabajo y la vida activa retrasan su deterioro.
La edad de un retiro obligatorio a los 75 años es algo complejo y va de acuerdo con la capacidad y condiciones físicas y mentales del individuo. Existen personas que a los 50 años son unos ancianos, sin energía ni motivación de ninguna clase, mientras que hay quienes llegan a los 75 y aún a los 80 años con una capacidad de trabajo y una energía digna de muchos jóvenes. Allí están los casos de Winston Churchill y Adenauer, de Balager en la República Dominicana, y aquí en Panamá, del Dr. Ricardo J. Alfaro, entre otros meritorios panameños que en edad avanzada le sirvieron mucho al país. Dejemos de lado la demagogia y el paternalismo y superemos esas mentalidades retrógadas dedicándonos a lograr fórmulas justas que promuevan el desarrollo del país y el mejoramiento de vida de nuestros compatriotas.

101 años de Panamá América

 
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