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Las lecciones del prisionero 46664


Ese fue el número carcelario por 18 años (del total de 27 que pasó en prisión) de Nelson Mandela. No estuvo preso por criminal o corrupto, sino por ser negro en un desigual país dominado por blancos que mantenían la exclusión racial, a la cual no se sometió sino combatió denodadamente, con la convicción que dialogar no significaba doblegarse sino convencer.

Para muestra, un botón. Sus biógrafos rescatan el testimonio de Maharaj, compañero de infortunio en la prisión. Un día que iban a trabajar los guardianes "nos estaban empujando para que acelerásemos el paso. De repente, aparece Mandela en primera fila y nos susurra a todos: "No cedan ante las amenazas. Sigan andando a vuestro paso normal. Sin altercado con los guardianes ni ningún desafío patente. Era una forma callada de conservar en nuestro interior una parte que el guardián se veía impotente para dominar". Este comportamiento de los prisioneros empezó a alterar la correlación de fuerzas. Por primera vez, las autoridades de la cárcel se vieron forzadas a dialogar con los presos. "Porque, cuando no conseguían que nos moviéramos, tenían que preguntarse qué podían hacer", dice Sisulu, que pasó 25 años en la cárcel con Mandela. "Entonces decidieron reconocer a nuestra dirección. Ése fue un momento muy importante". Para los detenidos, el asunto era como reafirmarse como colectivo en sus ideas y en su dignidad humana. Pero, al mismo tiempo, Mandela hacía énfasis en la necesidad de convencer a los guardianes para que dejaran de tratarles, en palabras de Maharaj, "como a monos en el zoológico". "Descubrimos formas de comunicarnos con ellos, charlar con ellos y, por más groseros que fueran, echar abajo su grosería".

"El fruto fue inmediato y sorprendente. Los guardianes empezaron a mostrar la inferioridad que sentían respecto a nosotros, debido a nuestra preparación y nuestro comportamiento. Hasta el punto de que empezaron a pedirnos que les ayudáramos en sus estudios, y a acudir a nosotros en busca de consejos cuando tenían conflictos con sus superiores". Así, poco a poco Mandela y sus compañeros lograron la vigencia de sus ideas y forma de ser sobre los guardianes.

En un alegato frente a un tribunal que lo juzgaba en 1961 proclamó: "Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir"; y hace unos días Mandela, el ex presidente, premio Nobel de la Paz y artífice del desmantelamiento del Apartheid cumplió 90 años, y rememorando aquello de "Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar", reafirmó públicamente lo mucho que todavía queda por hacer. "La pobreza todavía ahoga a nuestra gente. Si eres pobre, no es probable que vivas mucho tiempo. Hay mucha gente en Sudáfrica que es rica y que puede compartir esas riquezas con aquellos no tan afortunados que no han podido vencer esa pobreza". ¡En Panamá, cuánto tenemos que aprender de Mandela!

raulleisr@hotmail.com

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