Las leyes y el orden social
En las últimas décadas se ha ido desarrollando en nuestro país una cultura de encubrimiento, de ocultamiento, de indiferencia y de olvido, incluso frente a flagrantes violaciones de la Constitución y de las leyes que se suponen vigentes, a lo que se añade la anarquía total que reina con relación a los reglamentos de tránsito y de otros reglamentos administrativos.
Las autoridades descubren un contenedor con varios millones de dólares, un obrero se cae de un andamio por no existir la protección debida, se produce un peculado gigantesco, se comete un homicidio repugnante, roban una agencia de transporte o de custodia de dinero y valores, se falsifican cheques del Estado, hay abuso de autoridad o un soborno cuantioso, y la comunidad se entera a través de los medios de comunicación que se ocupan del hecho por unos días, pero después todo cae en una especie de hueco negro en la conciencia de la comunidad y en la atención de las autoridades.
Sin duda alguna, este fenómeno de descomposición del orden jurídico comenzó a cobrar cuerpo y a consolidarse durante los 21 años de preeminencia de los militares, cuando cualquier "entorchado", a causa de vínculos familiares o de amistad o simplemente por dinero, podía detener una investigación o torcer la voluntad de un jurado de conciencia o hacer arreglos con un fiscal o un juez o un guardia de presidio para que las sanciones contempladas en el Código Penal no se aplicaran, y para que los medios se silenciaran.
Desgraciadamente, después del restablecimiento de la democracia, las cosas no han cambiado mayormente, y hasta puede decirse que, en los últimos años, en algunos aspectos, han empeorado. Es tiempo que la sociedad civil se haga más vigilante y más militante en cuanto a exigir que el delito y el crimen se castiguen, y que se persigan y se castiguen también las violaciones de todos los reglamentos legales vigentes.
De no ser así, el orden jurídico seguirá por el camino de convertirse en un montón de libros y cuadernillos sin ningún valor, y a la larga no habrá orden para todos ni seguridad para nadie.
Las autoridades descubren un contenedor con varios millones de dólares, un obrero se cae de un andamio por no existir la protección debida, se produce un peculado gigantesco, se comete un homicidio repugnante, roban una agencia de transporte o de custodia de dinero y valores, se falsifican cheques del Estado, hay abuso de autoridad o un soborno cuantioso, y la comunidad se entera a través de los medios de comunicación que se ocupan del hecho por unos días, pero después todo cae en una especie de hueco negro en la conciencia de la comunidad y en la atención de las autoridades.
Sin duda alguna, este fenómeno de descomposición del orden jurídico comenzó a cobrar cuerpo y a consolidarse durante los 21 años de preeminencia de los militares, cuando cualquier "entorchado", a causa de vínculos familiares o de amistad o simplemente por dinero, podía detener una investigación o torcer la voluntad de un jurado de conciencia o hacer arreglos con un fiscal o un juez o un guardia de presidio para que las sanciones contempladas en el Código Penal no se aplicaran, y para que los medios se silenciaran.
Desgraciadamente, después del restablecimiento de la democracia, las cosas no han cambiado mayormente, y hasta puede decirse que, en los últimos años, en algunos aspectos, han empeorado. Es tiempo que la sociedad civil se haga más vigilante y más militante en cuanto a exigir que el delito y el crimen se castiguen, y que se persigan y se castiguen también las violaciones de todos los reglamentos legales vigentes.
De no ser así, el orden jurídico seguirá por el camino de convertirse en un montón de libros y cuadernillos sin ningún valor, y a la larga no habrá orden para todos ni seguridad para nadie.