Las lindezas
En septiembre del año pasado, la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Linda Watt, dio declaraciones sobre la corrupción en nuestro país. El hecho de que los tres poderes del Estado en Panamá sean identificados con la corrupción o que la inmunidad de la cual gozan los legisladores constituye una aberración, es cosa conocida por todos, pero, lamentamos en aquella ocasión que quien lo dijera fuera, precisamente, la embajadora de Estados Unidos en Panamá, por ser la representante del país sostenedor de los gobiernos corruptos en nuestro continente.
Hace unos días, otra vez la señora embajadora de EE.UU., en su consabido rol de pro cónsul, volvió a darnos muestras del cinismo que la caracteriza. Esta vez ha expresado críticas por la gigantesca brecha que existe entre ricos y pobres en Panamá. Para ello, incluso, ha presentado cifras que las organizaciones populares opuestas al actual sistema de dominación han denunciado insistentemente sin recibir la cobertura que ahora se le ofrece a la señora Watt.
Las declaraciones de Watt el año pasado sobre la corrupción como las de ahora, respecto a la profunda brecha entre ricos y pobres, son una abierta intromisión en nuestros asuntos internos y simbolizan el cinismo de una supuesta diplomática en el papel de procónsul, que parece olvidar los grandes escándalos financieros acontecidos en su país, tal como lo fue el caso Enron que involucró directamente al Gobierno de Bush, que ella representa, el cual es, -además-, producto de uno de los fraudes electorales más bochornosos que conoce la humanidad. El cinismo de la señora Watt llega a tales extremos ahora, ya que no reconoce que la abismal desigualdad social a la cual se refiere se profundiza gracias a las políticas neoliberales que imponen las Instituciones Financieras Internacionales (IFI"s), lideradas por Estados Unidos. Pero, es más, la señora Watt tampoco hace referencia al hecho de que los principales beneficiarios de esta injusticia son precisamente sus aliados en nuestro país.
En las declaraciones del año pasado, la Señora Watt tuvo el descaro de cuestionar la inmunidad de los legisladores en los precisos momentos en que la Asamblea Legislativa aprobaba en primero y segundo debate, a tambor batiente, con los votos del Gobierno y de la mal llamada "oposición" (PRD), un tratado que concede inmunidad a los norteamericanos en Panamá, o sea, que prohíbe la entrega de estadounidenses a la Corte Penal Internacional, en caso de existir algún proceso en su contra por genocidio, delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra. Ese tratado se discutió a espaldas del pueblo, fue negociado en secreto y viola acuerdos internacionales que, sobre la materia, Panamá es signatario.
Resulta contradictorio lo que esta señora expresa respecto a la desigualdad cuando es su país quien promueve proyectos de hambre y miseria como el Tratado de Libre Comercio (TLC), el Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA) y el Plan Puebla Panamá (PPP) que vendrán a agudizar las grandes diferencias sociales que existen en Panamá.
Tampoco se refirió la señora embajadora al hecho de que estas inmensas distancias entre las clases dominantes y los sectores desposeídos de nuestro país, son un reflejo de lo que observamos a escala mundial entre los llamados países desarrollados (principalmente Estados Unidos), y los países del tercer mundo, como resultado de un orden económico que se ha instaurado gracias a siglos de opresión, colonialismo y a una política imperial que ha significado el saqueo de nuestros recursos naturales, el fomento de guerras para controlarlos, tal como sucede en Irak a propósito del petróleo, los genocidios y masacres que practican en el mundo como los del 9 de Enero de 1964 y del 20 de diciembre de 1989 en nuestro suelo, sólo para mencionar dos fechas de la larga cadena de intervenciones militares de las que hemos sido víctimas por parte de Estados Unidos. ¿Qué sucedería si nuestro embajador en la metrópolis imperial hiciera declaraciones similares respecto al gobierno y la realidad norteamericana?
(pastord@hotmail.com)
Hace unos días, otra vez la señora embajadora de EE.UU., en su consabido rol de pro cónsul, volvió a darnos muestras del cinismo que la caracteriza. Esta vez ha expresado críticas por la gigantesca brecha que existe entre ricos y pobres en Panamá. Para ello, incluso, ha presentado cifras que las organizaciones populares opuestas al actual sistema de dominación han denunciado insistentemente sin recibir la cobertura que ahora se le ofrece a la señora Watt.
Las declaraciones de Watt el año pasado sobre la corrupción como las de ahora, respecto a la profunda brecha entre ricos y pobres, son una abierta intromisión en nuestros asuntos internos y simbolizan el cinismo de una supuesta diplomática en el papel de procónsul, que parece olvidar los grandes escándalos financieros acontecidos en su país, tal como lo fue el caso Enron que involucró directamente al Gobierno de Bush, que ella representa, el cual es, -además-, producto de uno de los fraudes electorales más bochornosos que conoce la humanidad. El cinismo de la señora Watt llega a tales extremos ahora, ya que no reconoce que la abismal desigualdad social a la cual se refiere se profundiza gracias a las políticas neoliberales que imponen las Instituciones Financieras Internacionales (IFI"s), lideradas por Estados Unidos. Pero, es más, la señora Watt tampoco hace referencia al hecho de que los principales beneficiarios de esta injusticia son precisamente sus aliados en nuestro país.
En las declaraciones del año pasado, la Señora Watt tuvo el descaro de cuestionar la inmunidad de los legisladores en los precisos momentos en que la Asamblea Legislativa aprobaba en primero y segundo debate, a tambor batiente, con los votos del Gobierno y de la mal llamada "oposición" (PRD), un tratado que concede inmunidad a los norteamericanos en Panamá, o sea, que prohíbe la entrega de estadounidenses a la Corte Penal Internacional, en caso de existir algún proceso en su contra por genocidio, delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra. Ese tratado se discutió a espaldas del pueblo, fue negociado en secreto y viola acuerdos internacionales que, sobre la materia, Panamá es signatario.
Resulta contradictorio lo que esta señora expresa respecto a la desigualdad cuando es su país quien promueve proyectos de hambre y miseria como el Tratado de Libre Comercio (TLC), el Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA) y el Plan Puebla Panamá (PPP) que vendrán a agudizar las grandes diferencias sociales que existen en Panamá.
Tampoco se refirió la señora embajadora al hecho de que estas inmensas distancias entre las clases dominantes y los sectores desposeídos de nuestro país, son un reflejo de lo que observamos a escala mundial entre los llamados países desarrollados (principalmente Estados Unidos), y los países del tercer mundo, como resultado de un orden económico que se ha instaurado gracias a siglos de opresión, colonialismo y a una política imperial que ha significado el saqueo de nuestros recursos naturales, el fomento de guerras para controlarlos, tal como sucede en Irak a propósito del petróleo, los genocidios y masacres que practican en el mundo como los del 9 de Enero de 1964 y del 20 de diciembre de 1989 en nuestro suelo, sólo para mencionar dos fechas de la larga cadena de intervenciones militares de las que hemos sido víctimas por parte de Estados Unidos. ¿Qué sucedería si nuestro embajador en la metrópolis imperial hiciera declaraciones similares respecto al gobierno y la realidad norteamericana?
(pastord@hotmail.com)