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Las Malvinas y las Madres de Mayo


Escenario: una concurrida cafetería de un Hotel del área bancaria de la ciudad de Panamá. Personas involucradas, dos argentinos y un periodista panameño. Fecha: 4 de abril de 1982, dos días después de la invasión de las Malvinas. Temática conversatoria, el "triunfo de la invasión y recuperación de lo que es nuestro", por parte de los dos argentinos; por parte del panameño, escepticismo. Conclusión, apuesta de un café...
"Estoy avergonzado de la rapidez con que soldados y oficiales, levantaban las manos en señal de rendición", declaró el Capellán del ejército argentino, quien acompañó a las tropas desde el día de la invasión".
"Lamentamos los muchachos que murieron, en esta criminal y estúpida aventura, que tenía como objetivos jugar al nacionalismo y perpetuarse los militares en el poder, lo que hubiera traído como consecuencia que miles de argentinos más, se hubieran adicionado a la lista de los miles que han desaparecido ya, y por quienes tenemos años de estar clamando justicia y castigo para sus torturadores, criminales ejecutores y para los asesinos que impartían las órdenes y quienes han demostrado una vez más, que sólo sirven para eso, torturar y matar a hombres y mujeres inocentes y desarmados. Cuando se trata de enfrentar a otros hombres, también armados, entonces demuestran lo que son. Madres de Mayo".
"El patriotismo sí paga...", declaraciones llenas de dolor e ironía de los dos únicos médicos que fueron voluntariamente a las Malvinas y quienes vivieron frustrantes experiencias profesionales durante su breve permanencia en las islas y luego a su regreso a Buenos Aires, vivieron la más desmoralizantes de todas:
Cuando llenos de entusiasmo llegamos a las Malditas, que es como mi colega y yo de ahora en adelante las llamamos, nos encontramos con que casi no había en existencia las cosas más elementales para curaciones y operaciones y ni siquiera mantas o pijamas, lo que nos obligó a algunos recién operados, enviarlos amarrados a las camillas y semidesnudos a Buenos Aires a fin de que recibieran la atención que acá era imposible. Cuando sobrevino el desenlace de la vergonzosa rendición, los ingleses nos ubicaron en unos hangares a los que no habíamos tenido acceso, y cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos encontramos con que el comando de nuestro ejército tenía allí almacenados medicinas, instrumental quirúrgico, pijamas, mantas y hasta los chocolates que los niños de escuela habían reunido en una colecta que se hizo en todo el país, en gesto de emotiva solidaridad. No hay que darle muchos vuelos a la imaginación para deducir qué se pretendía hacer con todo este material. Cuando finalmente nuestros captores llegaron a la conclusión que más molestias causábamos teniéndonos en cautiverio que repatriándonos, nos devolvieron a Buenos Aires, en donde obviamente el recibimiento que nos dieron no fue de héroes precisamente. Pero aunque suene increíble, cuando fuimos a reincorporarnos a nuestro trabajo en el Hospital Central de Buenos Aires, nos encontramos con la desmoralizante sorpresa de que estábamos despedidos por inasistencia... Sin embargo debemos agradecer a toda la prensa escrita, televisoras y emisoras radiales y en particular a la revista "Siete Días" que asumió todo lo acontecido como causa propia, la campaña que desplegaron para que se corrigiera esta injusticia, lo que se logró a medias, ya que, si bien fuimos reintegrados al hospital, para agradecernos nuestro patriotismo, nos nombraron con el sesenta por ciento el salario que teníamos..."
El general Galtieri, comandante en jefe del ejercito, así como del "Estado Mayor Secreto", que en un rapto genialidad se le ocurrió crear poco antes de la invasión, y que como es de imaginar esta duplicación de "Estados Mayores", trajo como consecuencia iniciativas y órdenes que levantaban sospechas, contra órdenes que se contradecían, confusiones en informaciones "de inteligencia", en fin todo lo que puede acontecer con un ejercito de generales de espada virgen y de uso cerebral más virginal aún. Cuando finalmente y gracias a las Malvinas cayó la criminal dictadura, sus principales protagonistas fueron juzgados y condenados por secuestros, torturas, crímenes y robos de niños hijos de los asesinados (leer el informe Sabato, en el cual se detallan torturas y crímenes, muchos de las cuales son similares a las que se describen en el informe de la Comisión de la Verdad de Panamá), a Galtiere se le juzgó y condenó por " inepto y manejo inadecuado y torpe del asunto de las Malvinas", es decir no por malo sino por bruto.
  • Bien Che, te pagare tu café, pero dime porque estabas tan convencido que los ingleses nos echarían de las Malvinas, en que nos equivocamos, que sabias tu que yo no sabia, y no me vengas ahora con que instinto de periodista!!

  • Bien si prestas atención a los diálogos, el juicio que se le hizo a Galtieri y demás cómplices, ellos enviaron a las tropas deduciendo la reacción inglesa en función del retraso mental y moral que padecen ellos mismos, o sea convencidos que los ingleses no harían nada, ni atacarían, olvidando que los ingleses son capaces de cruzar medio mundo para hacer frente a lo que sea, con tal de preservar la opinión que ellos tienen de sí mismos. Tampoco recordaron que la historia demuestra que hasta ahora un ejército de italianos o de descendientes de ellos no ha logrado derrotar a otro de sajones.


Con esta tragedia de las Malvinas, los argentinos y demás pueblos latinoamericanos, habrán recordado el aforismo de Simón Bolívar al concluir las guerras de independencia, "Ahora lo que tienen que hacer nuestros pueblos, es liberarse de sus libertadores", lo que definitivamente no hemos podido y pareciera que jamás podremos...
El paciente se somete a los exámenes pero decide no ingresar a la sala porque el caso no requería ese tratamiento. Su temor ante un apresurado diagnóstico le asusta y lo espanta del cuarto de urgencia.
Al llegar a su casa tiene un mensaje: "Señor, debe volver al Cuarto de Urgencia de la Especializada para practicarle una cirugía". Ironías del destino, qué eficiencia para unos y qué penuria para otros, que volvieron sobre sus pasos sin un remedio a su mal.

101 años de Panamá América

 
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