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Las mismas Proclamas


No encontramos nada nuevo en las exposiciones que están brindando a las masas populares los candidatos que aspiran capturar la presidencia de la República en las elecciones de mayo de 2004. Son las mismas proclamas colmadas de demagogia y de mentiras las que se están utilizando en busca de ese voto consciente y responsable que tiene un valor incalculable para lograr el triunfo.
La situación socioeconómica y cultural que vive el país permite que todavía las actividades eleccionarias se desarrollen en torno a un pueblo que cree en falsas promesas de candidatos que necesitan un cambio de actitud que los lleve a analizar, profundamente, los problemas de Panamá y a buscar soluciones que, verdaderamente, traigan días mejores para la nación.
Las graves responsabilidades que pesan sobre el país en materia política, social y educativa, exigen planteamientos sinceros y valientes de parte de quienes luchan por el solio presidencial; proclamas que ilustren a los panameños de la situación de hambre, miseria, de corrupción, violencia que están socavando las bases de nuestra sociedad; exposición de políticas que dignifiquen al ser humano y fortalezcan los valores éticos y morales, al igual que los principios de democracia y libertad.
Nuestros candidatos hablan del desempleo, de la corrupción, de los intereses partidistas, del desgobierno, pero no dicen a los panameños cómo van a resolverlos.
En sus agendas no está el CEMIS, el problema de la Caja de Seguro Social y otras situaciones de tanta importancia para la vida del país, pero el proceso eleccionario sigue adelante, por todos los senderos de la patria en la búsqueda de un mejor futuro para la nación.
Por todos los confines se percibe la falta de un verdadero líder que sea capaz de aglutinar las fuerzas vivas de Panamá para encaminarlas hacia el trabajo constructivo; la necesidad de un panameño que comprenda que es el momento propicio para echar adelante el proyecto de una Constituyente que frene las ambiciones, los abusos, las prácticas politiqueras de dirigentes que, en todas las épocas, han controlado el juego eleccionario con sus poderes políticos y económicos, dejando a un lado el querer de miles de hombres y mujeres que aspiran una mejor nación.
Nada nuevo para el pueblo hay en las proclamas de los candidatos a la presidencia de la República; son las mismas prácticas del pasado, en las cuales las grandes mayorías nacionales eran las más perjudicadas por el incumplimiento de promesas.
Tenemos que exigir más a los candidatos, tenemos que comprometerlos con la causa del país y al final, dar el voto a aquel que ha sabido entender mejor la angustia popular de una nación que sueña con mejores perspectivas de vida.

101 años de Panamá América

 
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