Las muertes no fueron suficientes
Hoy se cumplen dos años de la muerte atroz de casi dos decenas de personas en un bus incendiado frente a la iglesia Hosanna. Inenarrable sigue siendo la desesperación y el pánico que produjo aquel drama ocurrido en un transporte con desperfectos mecánicos y sin puerta por donde las víctimas pudieran escapar.
Quedó así en evidencia el grave déficit del transporte público en cuanto a mantenimiento, organización y seguridad. Y no es que antes del suceso no hubieran ocurrido otros incidentes. La tragedia de aquel bus fue la chispa que colmó la paciencia pública, no sólo en busca de los responsables del hecho en particular, sino de la responsabilidad institucional.
El disgusto generalizado reforzó, en ese momento, anuncios oficiales que hablaban de atender el problema, lo que fijó en el público la esperanza de que las autoridades hicieran algo contundente y ejemplar al respecto. Pasados los días, transcurrido el dolor, llegados a los dos años, la población ha sido testigo de la indiferencia o, en su lugar, la incapacidad oficial para poner en orden un sector que ha demostrado poseer poderes ocultos para detener cualquier acción oficial.
En su lugar, el Gobierno ha aprobado una indemnización de B/ 60 millones para los propietarios de buses. ¿Y qué de las víctimas? Mientras tanto, en comunidades como la Cabima y María Henríquez en Alcalde Díaz, se han eliminado rutas de buses para desesperación de los usuarios; y no hay manera que el problema sea integralmente atendido.