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Las noticias en una democracia


Al Presidente de la República, como ciudadano y hombre de empresa que es, puede disgustarle el contenido de los noticieros de televisión, radio y periódicos. Está en su derecho de quejarse y pedir calidad, eficiencia y mejor nivel informativo. Son las mismas prerrogativas que tienen todos los hombres y mujeres que habitan este bendecido país.

Lo que no debe el mandatario es pretender controlar estos contenidos, y mucho menos obligar a los directivos de las televisoras, ni de ningún otro medio de comunicación, a seguir tal o cual parámetro de cobertura. El argumento de que las noticias de fuerte carga delincuencial, de sangre y hechos violentos, afecta la imagen del país, no tiene validez en una democracia sana. El trabajo de él como funcionario es evitar que estos hechos ocurran, y mejorar el nivel educativo de los televidentes. Con eso el mercado sube sus estándares y capacidad de crítica, lo que de seguro hará que se modifique la programación. Que se preocupe el señor Presidente por hacer su parte, que es combatir el hampa, educar al pueblo, y evitar la muerte de inocentes, y deje que el mercado de las noticias evolucione de manera natural.

101 años de Panamá América

 
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