Las olimpíadas especiales, un reflejo auténtico de solidaridad humana
Con algunos miembros de mi familia acompañamos a los Estados Unidos a mi hijo Ricardo de 35 años, quien era uno de los atletas panameños que participaban en la 30ª. "Olimpiadas Especiales".
La experiencia para los atletas y los espectadores fue única: la solidaridad humana era genuina y contagiosa. Se respaldaba la superación física y mental de quienes, con muchas limitaciones, trataban de demostrar que podían con sus esfuerzos y tenacidad vencer éstas en alguna forma. Las actividades atléticas se llevaron a cabo en Durhan, Chapelhill y Raleigh en Carolina del Norte.
Estas olimpíadas, en las cuales compiten personas con impedimento físico, tuvieron su origen hace 30 años por una noble iniciativa de la familia Kennedy, en especial de Eunice Kennedy Shreiver. Ellos, los Kennedy, sufrieron mucho con una hermana, que padece de retraso mental. En su nombre donaron un hospital para niños en Baltimore y emprendieron la difícil tarea de organizar lo que hoy llamamos las "Olimpíadas Especiales". Querían con ello estimular a los impedidos y darle la oportunidad de que pudieran sentirse capaces de superar sus limitaciones. El esfuerzo de los Kennedy dio resultado. En estas olimpíadas participaron 7,000 atletas que representan 150 países, en los cuales hay, según las últimas cifras, 170 millones de personas con distintos tipos de retrasos mentales y físicos.
Más de 35,000 voluntarios, gente bondadosa y desprendida, dedicaron más de 14 horas diarias por diez días en el trabajo de preparación y organización de las distintas actividades. Esto hizo posible que hubiera en ellas un orden increíble y que todos los eventos se dieran con exacta puntualidad.
Se calcula que unas 400,000 personas presenciaron las 19 actividades atléticas que iban desde basketball, natación, pista y campo, golf, softball hasta bolos y ping-pong, etc. Eran pruebas que exigían, muchas de ellas, un gran esfuerzo físico de los participantes: maratón en pista y campo de 26 millas y competencia de natación estilo mariposa de 100 metros, por ejemplo.
En las Olimpíadas Especiales se premió con mucho entusiasmo el esfuerzo de superación individual que demostraban los atletas. Los calurosos aplausos que recibía quien ganaba eran los mismos para el que ocupaba el último puesto. La sonrisa, era cara de complacencia en los jóvenes participantes, reflejaba, sin duda, el estado de ánimo que los embargaba: triunfar por sus esfuerzos sobre sus impedimentos. En estas "Olimpíadas Especiales" no había diferencia de clase, color, condición económica o de país. El mismo cariño recibía un libio, sirio, cubano o chino que un norteamericano, un inglés o un canadiense.
Había siempre en toda la concurrencia un comportamiento entusiasta hacia los atletas y una expresión que denotaba en ellos la más genuina solidaridad humana. Se reafirmó en Carolina del Norte nuestro concepto de que el hombre, creado por Dios, es en su gran mayoría fundamentalmente noble, bueno y generoso, aunque exista lamentablemente un grupo pequeño dentro de la humanidad que se comporten con egoísmo y se alejan de los principios divinos.
Panamá asistió a estos actos deportivos con 56 atletas. Obtuvo muchos premios y los muchachos se sintieron muy estimulados en sus esfuerzos.
Presidió la delegación panameña Don José Jaén, quien junto con otros desprendidos compatriotas dedicaron muchos meses de grandes esfuerzos para recaudar los fondos necesarios para asistir a estos actos, sin necesidad de tener que solicitar la ayuda del Comité Central que preside la señora Kennedy Shreiver. Este grupo de panameños estuvo también por varios meses preparando y vigilando las condiciones físicas de quienes asistieron a estos actos, cuya participación sé que ganaron por sus méritos individuales logrados en competencias internas en cada uno de sus países. Esos nobles panameños -José Jaén y muchos otros como él- merecen un sincero reconocimiento de la sociedad panameña.
La experiencia para los atletas y los espectadores fue única: la solidaridad humana era genuina y contagiosa. Se respaldaba la superación física y mental de quienes, con muchas limitaciones, trataban de demostrar que podían con sus esfuerzos y tenacidad vencer éstas en alguna forma. Las actividades atléticas se llevaron a cabo en Durhan, Chapelhill y Raleigh en Carolina del Norte.
Estas olimpíadas, en las cuales compiten personas con impedimento físico, tuvieron su origen hace 30 años por una noble iniciativa de la familia Kennedy, en especial de Eunice Kennedy Shreiver. Ellos, los Kennedy, sufrieron mucho con una hermana, que padece de retraso mental. En su nombre donaron un hospital para niños en Baltimore y emprendieron la difícil tarea de organizar lo que hoy llamamos las "Olimpíadas Especiales". Querían con ello estimular a los impedidos y darle la oportunidad de que pudieran sentirse capaces de superar sus limitaciones. El esfuerzo de los Kennedy dio resultado. En estas olimpíadas participaron 7,000 atletas que representan 150 países, en los cuales hay, según las últimas cifras, 170 millones de personas con distintos tipos de retrasos mentales y físicos.
Más de 35,000 voluntarios, gente bondadosa y desprendida, dedicaron más de 14 horas diarias por diez días en el trabajo de preparación y organización de las distintas actividades. Esto hizo posible que hubiera en ellas un orden increíble y que todos los eventos se dieran con exacta puntualidad.
Se calcula que unas 400,000 personas presenciaron las 19 actividades atléticas que iban desde basketball, natación, pista y campo, golf, softball hasta bolos y ping-pong, etc. Eran pruebas que exigían, muchas de ellas, un gran esfuerzo físico de los participantes: maratón en pista y campo de 26 millas y competencia de natación estilo mariposa de 100 metros, por ejemplo.
En las Olimpíadas Especiales se premió con mucho entusiasmo el esfuerzo de superación individual que demostraban los atletas. Los calurosos aplausos que recibía quien ganaba eran los mismos para el que ocupaba el último puesto. La sonrisa, era cara de complacencia en los jóvenes participantes, reflejaba, sin duda, el estado de ánimo que los embargaba: triunfar por sus esfuerzos sobre sus impedimentos. En estas "Olimpíadas Especiales" no había diferencia de clase, color, condición económica o de país. El mismo cariño recibía un libio, sirio, cubano o chino que un norteamericano, un inglés o un canadiense.
Había siempre en toda la concurrencia un comportamiento entusiasta hacia los atletas y una expresión que denotaba en ellos la más genuina solidaridad humana. Se reafirmó en Carolina del Norte nuestro concepto de que el hombre, creado por Dios, es en su gran mayoría fundamentalmente noble, bueno y generoso, aunque exista lamentablemente un grupo pequeño dentro de la humanidad que se comporten con egoísmo y se alejan de los principios divinos.
Panamá asistió a estos actos deportivos con 56 atletas. Obtuvo muchos premios y los muchachos se sintieron muy estimulados en sus esfuerzos.
Presidió la delegación panameña Don José Jaén, quien junto con otros desprendidos compatriotas dedicaron muchos meses de grandes esfuerzos para recaudar los fondos necesarios para asistir a estos actos, sin necesidad de tener que solicitar la ayuda del Comité Central que preside la señora Kennedy Shreiver. Este grupo de panameños estuvo también por varios meses preparando y vigilando las condiciones físicas de quienes asistieron a estos actos, cuya participación sé que ganaron por sus méritos individuales logrados en competencias internas en cada uno de sus países. Esos nobles panameños -José Jaén y muchos otros como él- merecen un sincero reconocimiento de la sociedad panameña.