Las palabras huecas del TLC
El estado que impera sobre la nación respecto al TLC es que sus acólitos o compinches representantes, con pleno desparpajo, anuncian las bondades y beneficios del tratado entre Panamá y Estados Unidos (EU), pero articulando artimañas semánticas y persuasivas, con la intención de engañar con juegos de palabras que seduzcan a la comunidad y lesionar con ello, al consumidor, la seguridad alimentaria y a todos los sectores productivos.
Los negociadores en representación del Estado parecen tan complacientes que desde ya se muestra reverencia y acatamiento al amo, sin hacerles causar la más mínima de las molestias y desagravios al señor esclavista. Esa actitud por parte de los que representan a la nación, que ha sido a lo largo de nuestra historia republicana la misma, buscar el beneplácito material e ideológico, con diversos caracteres económicos-marítimos, comerciales, bancarios, geoestratégico en la defensa militar del Canal, entre otros más.
Dicha mentalidad particular y colectiva, se apega a los cánones socioculturales de una nación imperial que ha subyugado y dominado todo el impulso del desarrollo nacional. Este atamiento, ha sido irrigado hacia toda la sociedad panameña, no sólo a la base social, sino a los sectores o espacios de la clase media y alta, que han actuado con vendas en sus ojos, sin permitir que los sectores sociales productivos se apropiasen por completo de la generación de sus propias riquezas.
De allí que se haya conformado, salvo las excepciones de quienes a lo largo de la historia han denunciado, el voraz hambre imperial. Sin embargo, sobre el engramado social panameño se formó una mentalidad colectiva que siempre ha favorecido a los intereses estadounidenses. Pareciera que la experiencia no ha enseñado a los políticos que se abrogan la representación del pueblo a través de los partidos gobernantes que han continuado con las mismas actitudes servilistas; es decir, sin las consultas a las bases sociales, sectores productivos del país, sindicatos y gremios profesionales, sociedad civil y los intelectuales panameños, con el aporte concienzudo, estratégico-táctico para enfrentar y defendernos.
Los beneficios producto de la comercialización de productos locales girará entorno a las grandes empresas transnacionales, por lo que descalifican en precio al producto local que deberá competir en desiguales condiciones con el foráneo, que opera desde la economía globalizante y abierta a la competencia del mercado internacional. De este modo, los productos de primera necesidad, como los alimentos para la dieta del panameño.
La agricultura y los productores de EU son subvencionados, por lo que es imposible competir en desiguales condiciones, ya que ello acabará de un tajo con la agricultura panameña, que a la fecha está demostrando la poca importancia que por años le ha prestado al Estado panameño a uno de los sectores más importantes.
El TLC entre Panamá y EU será una facticidad o algo devastador, sus causalidades agravarán el ya desequilibrio entre una economía desarrollada que pone medidas arancelarias, sanitarias y fitosanitarias, contra una nación dependiente y en vías de desarrollo que busca mejorar sus condiciones productivas, económicas y sociales, pero que en el trato comercial debe de ceder a los designios o intereses de los productores estadounidenses.
Si Panamá acepta semejante vejación, entonces estamos nuevamente aceptando ser súbditos incondicionales con repercusiones gravísimas para la ciudadanía, ya que si se aplican las medidas que favorecen al capital foráneo, éstas causarán un bumerán si desprotegemos los intereses de la nación panameña al firmar un tratado que a juicios de toda racionalidad cualitativa y por supuesto que cuantitativa, pues nos quita la identidad nacional, tan vital para la subsistencia del ser social panameño.
Afloran en esa coyuntura, los gritos desesperantes de los productores, comerciantes a los que les vendrán días inciertos y duros, ya que desaparecerán de la escena productiva. No se han dignado en publicitar el aumento de los artículos de primera necesidad y de los productos alimenticios quizás más baratos, pero de muy mala calidad y dañinos a la salud física humana, como son los productos transgénicos y que serán importados y consumidos por la población panameña.
Panamá deberá de suspender desde ya las negociaciones, hasta tanto no tenga los parámetros por donde deberá transitar en materia comercial con EU.
Los negociadores en representación del Estado parecen tan complacientes que desde ya se muestra reverencia y acatamiento al amo, sin hacerles causar la más mínima de las molestias y desagravios al señor esclavista. Esa actitud por parte de los que representan a la nación, que ha sido a lo largo de nuestra historia republicana la misma, buscar el beneplácito material e ideológico, con diversos caracteres económicos-marítimos, comerciales, bancarios, geoestratégico en la defensa militar del Canal, entre otros más.
Dicha mentalidad particular y colectiva, se apega a los cánones socioculturales de una nación imperial que ha subyugado y dominado todo el impulso del desarrollo nacional. Este atamiento, ha sido irrigado hacia toda la sociedad panameña, no sólo a la base social, sino a los sectores o espacios de la clase media y alta, que han actuado con vendas en sus ojos, sin permitir que los sectores sociales productivos se apropiasen por completo de la generación de sus propias riquezas.
De allí que se haya conformado, salvo las excepciones de quienes a lo largo de la historia han denunciado, el voraz hambre imperial. Sin embargo, sobre el engramado social panameño se formó una mentalidad colectiva que siempre ha favorecido a los intereses estadounidenses. Pareciera que la experiencia no ha enseñado a los políticos que se abrogan la representación del pueblo a través de los partidos gobernantes que han continuado con las mismas actitudes servilistas; es decir, sin las consultas a las bases sociales, sectores productivos del país, sindicatos y gremios profesionales, sociedad civil y los intelectuales panameños, con el aporte concienzudo, estratégico-táctico para enfrentar y defendernos.
Los beneficios producto de la comercialización de productos locales girará entorno a las grandes empresas transnacionales, por lo que descalifican en precio al producto local que deberá competir en desiguales condiciones con el foráneo, que opera desde la economía globalizante y abierta a la competencia del mercado internacional. De este modo, los productos de primera necesidad, como los alimentos para la dieta del panameño.
La agricultura y los productores de EU son subvencionados, por lo que es imposible competir en desiguales condiciones, ya que ello acabará de un tajo con la agricultura panameña, que a la fecha está demostrando la poca importancia que por años le ha prestado al Estado panameño a uno de los sectores más importantes.
El TLC entre Panamá y EU será una facticidad o algo devastador, sus causalidades agravarán el ya desequilibrio entre una economía desarrollada que pone medidas arancelarias, sanitarias y fitosanitarias, contra una nación dependiente y en vías de desarrollo que busca mejorar sus condiciones productivas, económicas y sociales, pero que en el trato comercial debe de ceder a los designios o intereses de los productores estadounidenses.
Si Panamá acepta semejante vejación, entonces estamos nuevamente aceptando ser súbditos incondicionales con repercusiones gravísimas para la ciudadanía, ya que si se aplican las medidas que favorecen al capital foráneo, éstas causarán un bumerán si desprotegemos los intereses de la nación panameña al firmar un tratado que a juicios de toda racionalidad cualitativa y por supuesto que cuantitativa, pues nos quita la identidad nacional, tan vital para la subsistencia del ser social panameño.
Afloran en esa coyuntura, los gritos desesperantes de los productores, comerciantes a los que les vendrán días inciertos y duros, ya que desaparecerán de la escena productiva. No se han dignado en publicitar el aumento de los artículos de primera necesidad y de los productos alimenticios quizás más baratos, pero de muy mala calidad y dañinos a la salud física humana, como son los productos transgénicos y que serán importados y consumidos por la población panameña.
Panamá deberá de suspender desde ya las negociaciones, hasta tanto no tenga los parámetros por donde deberá transitar en materia comercial con EU.