Las piedras no tienen alas
Las hojas son las alas de los árboles; las ideas son las alas de los hombres; las piedras no tienen alas, escribe José Martí, y sigue siendo fecundo su pensamiento. Pero las ideas que habla Martí son las ideas justas y entre ellas vibran la justicia, la libertad, la verdad como alas intensas que deben traducirse en obras y acciones concretas.
En el seno de nuestras sociedades están en debate dos concepciones de la democracia: la minimalista y maximalista.
La concepción minimalista de la democracia, vista sólo como democracia política, como ente formal que a través del Estado de Derecho promociona las garantías de derechos ciudadanos, y elecciones formales, olvidando que la democracia es "un proyecto que conlleva la dignificación de la figura del ciudadano" y que eso es posible cuando ese ciudadano es "titular de derechos políticos y también de derechos sociales" pues, sino, "nuestra ciudadanía es incompleta, parcial..." (Atilio Borón). Esto conduce a la necesidad de una concepción maximalista de democracia que integra la democracia política como una dimensión necesaria, pero entendiendo que el ciudadano tiene derecho al voto; pero también a comer, vestir, satisfacer necesidades básicas y desarrollar sus capacidades a plenitud.
Para el informe La Democracia en América Latina del PNUD, la realidad se pinta como triángulo en que se juntan tres dimensiones: El primer vértice del triángulo es la difusión de la democracia electoral en la región. Todos los países que la integran satisfacen los requisitos básicos del régimen democrático, aunque en Panamá están presentes las fisuras de las compras de votos, el clientelismo, el partidismo excesivo y otras manipulaciones presentes en el proceso. El segundo vértice es la pobreza. En 2003, la región contaba con 225 millones de personas cuyos ingresos se situaban por debajo de la línea de pobreza. En Panamá, 41% vive en pobreza; pero en el campo son más del 60%, y en las áreas indígenas es un abismal 95%. El tercer vértice es la desigualdad. Las sociedades latinoamericanas son las más desiguales del mundo. Panamá es uno de los países con mayor desigualdad. Es profunda y persiste desde hacer tres décadas.
Según el informe, por primera vez conviven estos tres rasgos, pues la democracia enfrenta el desafío de su propia estabilidad coexistiendo con los retos de la pobreza y la desigualdad. Éstas son democracias pobres y desiguales, cuyos hombres y mujeres, a la vez que consolidan sus derechos políticos, deben también completar sus ciudadanías civil y social.
La escasa comprensión de esta realidad singular puede llevar a consecuencias graves para la democracia. Ignorar la necesidad de la viabilidad económica de la democracia. Esto es ignorar la necesidad de construir bases sólidas de una economía que permita atacar la pobreza y la desigualdad.
En estos momentos se debaten dos grandes temas que ponen a prueba ese triángulo: las reformas a la Constitución y el TLC con EU. Aunque el primer tema se liga más a lo político, y el segundo a lo económico, en la práctica ambos interactúan, pues un reordenamiento político tiene un impacto en toda la sociedad; y el TLC tendría un impacto no sólo en la economía, sino en lo político y social al incluir temas claves que lo hacen constituirse en una especie de nueva Carta Magna que supedita a las otras esferas de la sociedad.
Así lo señala George W Bush: "Hoy anuncio que Estados Unidos explorará un tratado de libre comercio con los países de Centroamérica. Nuestro propósito es fortalecer los lazos económicos que ya tenemos con estas naciones; reforzar su progreso hacia la reforma económica, política y social; y dar otro paso tendiente a completar el Área de Libre Comercio de las Américas".
En ambas instancias está ausente una plena participación ciudadana, por un lado el secretismo y veleidades de las negociaciones de libre comercio y por otro, un conjunto de reformas que debe discutirse aprisa arguyéndose el mandato coyuntural de la oportunidad. Creo que la negociación del TLC debe suspenderse y establecer con claridad las opciones económicas del país, que no puede reducirse a la receta del Consenso de Washington: "Disciplina fiscal y reducción del tamaño del Estado. Reordenamiento del gasto público con políticas que eviten el financiamiento de derechos universales y se guíen de manera altamente selectiva" que evidentemente ha fracasado al aumentar la pobreza absoluta, el desempleo y la desigualdad en la región, según el informe de Naciones Unidas.
En cuanto a las reformas constitucionales, éstas no deben ser cambios cosméticos para contrarrestar los ajustes necesarios, ni deben ser el final del camino sino el inicio del mismo en dirección a un Estado más democrático y participativo, reestructurado a través de una Asamblea Constituyente. No somos piedras.
"La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos" Martí.
(raulleisr@hotmail.com)
En el seno de nuestras sociedades están en debate dos concepciones de la democracia: la minimalista y maximalista.
La concepción minimalista de la democracia, vista sólo como democracia política, como ente formal que a través del Estado de Derecho promociona las garantías de derechos ciudadanos, y elecciones formales, olvidando que la democracia es "un proyecto que conlleva la dignificación de la figura del ciudadano" y que eso es posible cuando ese ciudadano es "titular de derechos políticos y también de derechos sociales" pues, sino, "nuestra ciudadanía es incompleta, parcial..." (Atilio Borón). Esto conduce a la necesidad de una concepción maximalista de democracia que integra la democracia política como una dimensión necesaria, pero entendiendo que el ciudadano tiene derecho al voto; pero también a comer, vestir, satisfacer necesidades básicas y desarrollar sus capacidades a plenitud.
Para el informe La Democracia en América Latina del PNUD, la realidad se pinta como triángulo en que se juntan tres dimensiones: El primer vértice del triángulo es la difusión de la democracia electoral en la región. Todos los países que la integran satisfacen los requisitos básicos del régimen democrático, aunque en Panamá están presentes las fisuras de las compras de votos, el clientelismo, el partidismo excesivo y otras manipulaciones presentes en el proceso. El segundo vértice es la pobreza. En 2003, la región contaba con 225 millones de personas cuyos ingresos se situaban por debajo de la línea de pobreza. En Panamá, 41% vive en pobreza; pero en el campo son más del 60%, y en las áreas indígenas es un abismal 95%. El tercer vértice es la desigualdad. Las sociedades latinoamericanas son las más desiguales del mundo. Panamá es uno de los países con mayor desigualdad. Es profunda y persiste desde hacer tres décadas.
Según el informe, por primera vez conviven estos tres rasgos, pues la democracia enfrenta el desafío de su propia estabilidad coexistiendo con los retos de la pobreza y la desigualdad. Éstas son democracias pobres y desiguales, cuyos hombres y mujeres, a la vez que consolidan sus derechos políticos, deben también completar sus ciudadanías civil y social.
La escasa comprensión de esta realidad singular puede llevar a consecuencias graves para la democracia. Ignorar la necesidad de la viabilidad económica de la democracia. Esto es ignorar la necesidad de construir bases sólidas de una economía que permita atacar la pobreza y la desigualdad.
En estos momentos se debaten dos grandes temas que ponen a prueba ese triángulo: las reformas a la Constitución y el TLC con EU. Aunque el primer tema se liga más a lo político, y el segundo a lo económico, en la práctica ambos interactúan, pues un reordenamiento político tiene un impacto en toda la sociedad; y el TLC tendría un impacto no sólo en la economía, sino en lo político y social al incluir temas claves que lo hacen constituirse en una especie de nueva Carta Magna que supedita a las otras esferas de la sociedad.
Así lo señala George W Bush: "Hoy anuncio que Estados Unidos explorará un tratado de libre comercio con los países de Centroamérica. Nuestro propósito es fortalecer los lazos económicos que ya tenemos con estas naciones; reforzar su progreso hacia la reforma económica, política y social; y dar otro paso tendiente a completar el Área de Libre Comercio de las Américas".
En ambas instancias está ausente una plena participación ciudadana, por un lado el secretismo y veleidades de las negociaciones de libre comercio y por otro, un conjunto de reformas que debe discutirse aprisa arguyéndose el mandato coyuntural de la oportunidad. Creo que la negociación del TLC debe suspenderse y establecer con claridad las opciones económicas del país, que no puede reducirse a la receta del Consenso de Washington: "Disciplina fiscal y reducción del tamaño del Estado. Reordenamiento del gasto público con políticas que eviten el financiamiento de derechos universales y se guíen de manera altamente selectiva" que evidentemente ha fracasado al aumentar la pobreza absoluta, el desempleo y la desigualdad en la región, según el informe de Naciones Unidas.
En cuanto a las reformas constitucionales, éstas no deben ser cambios cosméticos para contrarrestar los ajustes necesarios, ni deben ser el final del camino sino el inicio del mismo en dirección a un Estado más democrático y participativo, reestructurado a través de una Asamblea Constituyente. No somos piedras.
"La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos" Martí.
(raulleisr@hotmail.com)