Las plataformas del desarrollo
Si usted quiere, puede denominarlo como bases, fundamentos, ejes o plataformas. Para los efectos da lo mismo. Nosotros preferimos el concepto de plataforma, porque a nuestro juicio indica algo concreto de acuerdo a la tarea.
Desde hace unos 40, en América Latina insistimos sobre lo mismo, en este esfuerzo participan instituciones internacionales y nacionales, académicos, especialistas, tecnócratas, políticos, especialistas, estadistas y otros, amén de todo tipo de agencias. Se trata de la búsqueda de niveles de crecimiento económico que conduzcan a un desarrollo sustentable, autosostenido, o integrado que garanticen bienestar a la mayoría de los miembros de nuestras sociedades. Sobre los gobiernos recae la principal tarea de promover el crecimiento y el desarrollo con todo tipo de apoyos nacionales e internacionales que conduzcan al establecimiento de estrategias, planes, programas y acciones conducentes al objetivo. La lista de apoyos internacionales es larga: BID, CEPAL, PREALC, SELA, PNUD, CIAT, Banco Mundial. FMI, etc. Las Inteligencias individuales al servicio de dichos organismos también son sobresalientes: Prebish, Herrera, Sanz de Santamaría, Iglesias y otros. Entre los académicos, especialistas e investigadores, toda lista sería injusta por lo excluyente y a riesgo de ser muy imprecisos, podemos mencionar nombres como Jorge Stavenhagen, Edelberto Torres Rivas, Daniel Camacho, Osvaldo Sunkel, Carlos Matus, Anibal Pinto, Anibal Quijano, y muchos más.
A lo largo de estos años, nuestros países atravesaron procesos, períodos, fases y ciclos diversos hasta la actualidad: Las crisis oligárquicas dieron lugar a los autoritarismos de Estado representados por el espectro militar, en este marco surgen los populismos de izquierda, centro y derecha, en las décadas del sesenta y el setenta el elemento común es el desarrollismo ya fuese matizado ideológicamente o proyectado tecnocráticamente. En este escenario vivimos la crisis de la abundancia de petrodólares que generó el drama de la deuda que condujo a la década perdida a lo largo de los ochenta. A continuación llegaron las políticas de ajustes mientras que la globalización fríamente calculada y proyectada por el grupo del norte nos envolvió en el manto de las privatizaciones y los acuerdos multilaterales. Mientras tanto, el siglo XXI del conocimiento y del desarrollo científico y tecnológico nos amenaza y nos intimida en nombre de fuerzas universales e irreversibles. Europa se atreve, libre del trasfondo socialista, a formular su proyecto de integración hasta el nivel económico, ante solicitudes y expectativas de las ex economías socialistas por el temor a ser excluidas del proyecto. Por su lado, Estados Unidos galopa al sonido de su propio eco disfrutando su dominio unipolar y marcando las pautas de las tasas de interés.
Mientras tanto América Latina marcha con tasas de crecimiento que oscila entre -1+1 con esperanzas de llegar al 2% o al 3% salvo saludables excepciones. Paralelamente en la mayoría de nuestros países el desempleo esta por encima del 10% con un subempleo crónico en que impera la informalidad con clases medias urbanas que disimulan la situación alentando un consumo optimista en que los sistemas financieros no tienen otra opción que la de conceder préstamos aunque sean para adquirir autos nuevos o adquirir viviendas o para alentar el impulso compulsivo hacia el consumo.
Como expresión colateral de lo anterior cada nuevo gobierno ingresa al manejo de la cosa pública prometiendo el anhelado desarrollo, mientras que cada partido de oposición proyecta su capacidad de promover el desarrollo socioeconómico de su respectivo país. América Latina busca afanosamente hoy en día los TLC, los mercados regionales, los bloques económicos mientras que frente a optimistas y escépticos el neoliberalismo campea y se enseñorea en nuestras economías, algunas de las cuales como recurso mágico buscan la bendecida dolarización. Ante este escenario nada sencillo para quién no haya desarrollado una imaginación sociológica surge la pregunta redundante, necia y recurrente: ¿cuáles son nuestras plataformas de desarrollo? ¿Cómo están dichas plataformas? La pregunta no es estática. Para algún intento de contestación dicha interrogante debe ingresar a los circuitos de la estructura social y económica hacia los sectores primario, secundario y terciario, y en este contexto hacia las ramas y muy en especial hacia la agropecuaria, la industrial, la comercial, la de servicios y finanzas, toda las demás hasta alcanzar cada una de las actividades específicas que constituyen la red dinámica de la economía. El análisis se desdobla hacia la micro, pequeña, mediana y gran empresa hasta cubrir las regiones y respectivas provincias. ¿Cuáles son y cómo están nuestras plataformas de desarrollo?.
Lamentablemente y de forma mecánica la pregunta va a parar a un actor tradicional: el ministro de Economía y Finanzas o su equivalente, o sea el mago o el gurú que de acuerdo a su respuesta corre con todas las bendiciones o maldiciones de la opinión pública. Esto sencillamente no puede ser o no debe ser. Por ahora veamos un país cualquiera, Panamá, enero del 2001: 14% de desempleo abierto con tendencia a alza. Un crecimiento proyectado de 3% ó 4% entre optimistas y pesimistas. Nerviosismo económico que hace imprevisible el corto y mediano plazo. Frente a esto la pregunta recurrente, ¿cuáles son y cómo están nuestras plataformas de desarrollo? ¿Cuáles son sus actuales fortalezas y sus debilidades? ¿Qué capacidad tienen estas plataformas de apuntalar al pequeño, mediano y gran empresario para el año 2001 sea de lucha y de avances y sobre todo qué hacer para que nuestros pequeños, medianos y grandes empresarios no se sientan solos y orientados a la única decisión dentro de sus posibilidades; cerrar y lanzar más desempleados a la incertidumbre? Lo que haya que hacer, pensar o concertar hay que hacerlo ahora, hoy.
Desde hace unos 40, en América Latina insistimos sobre lo mismo, en este esfuerzo participan instituciones internacionales y nacionales, académicos, especialistas, tecnócratas, políticos, especialistas, estadistas y otros, amén de todo tipo de agencias. Se trata de la búsqueda de niveles de crecimiento económico que conduzcan a un desarrollo sustentable, autosostenido, o integrado que garanticen bienestar a la mayoría de los miembros de nuestras sociedades. Sobre los gobiernos recae la principal tarea de promover el crecimiento y el desarrollo con todo tipo de apoyos nacionales e internacionales que conduzcan al establecimiento de estrategias, planes, programas y acciones conducentes al objetivo. La lista de apoyos internacionales es larga: BID, CEPAL, PREALC, SELA, PNUD, CIAT, Banco Mundial. FMI, etc. Las Inteligencias individuales al servicio de dichos organismos también son sobresalientes: Prebish, Herrera, Sanz de Santamaría, Iglesias y otros. Entre los académicos, especialistas e investigadores, toda lista sería injusta por lo excluyente y a riesgo de ser muy imprecisos, podemos mencionar nombres como Jorge Stavenhagen, Edelberto Torres Rivas, Daniel Camacho, Osvaldo Sunkel, Carlos Matus, Anibal Pinto, Anibal Quijano, y muchos más.
A lo largo de estos años, nuestros países atravesaron procesos, períodos, fases y ciclos diversos hasta la actualidad: Las crisis oligárquicas dieron lugar a los autoritarismos de Estado representados por el espectro militar, en este marco surgen los populismos de izquierda, centro y derecha, en las décadas del sesenta y el setenta el elemento común es el desarrollismo ya fuese matizado ideológicamente o proyectado tecnocráticamente. En este escenario vivimos la crisis de la abundancia de petrodólares que generó el drama de la deuda que condujo a la década perdida a lo largo de los ochenta. A continuación llegaron las políticas de ajustes mientras que la globalización fríamente calculada y proyectada por el grupo del norte nos envolvió en el manto de las privatizaciones y los acuerdos multilaterales. Mientras tanto, el siglo XXI del conocimiento y del desarrollo científico y tecnológico nos amenaza y nos intimida en nombre de fuerzas universales e irreversibles. Europa se atreve, libre del trasfondo socialista, a formular su proyecto de integración hasta el nivel económico, ante solicitudes y expectativas de las ex economías socialistas por el temor a ser excluidas del proyecto. Por su lado, Estados Unidos galopa al sonido de su propio eco disfrutando su dominio unipolar y marcando las pautas de las tasas de interés.
Mientras tanto América Latina marcha con tasas de crecimiento que oscila entre -1+1 con esperanzas de llegar al 2% o al 3% salvo saludables excepciones. Paralelamente en la mayoría de nuestros países el desempleo esta por encima del 10% con un subempleo crónico en que impera la informalidad con clases medias urbanas que disimulan la situación alentando un consumo optimista en que los sistemas financieros no tienen otra opción que la de conceder préstamos aunque sean para adquirir autos nuevos o adquirir viviendas o para alentar el impulso compulsivo hacia el consumo.
Como expresión colateral de lo anterior cada nuevo gobierno ingresa al manejo de la cosa pública prometiendo el anhelado desarrollo, mientras que cada partido de oposición proyecta su capacidad de promover el desarrollo socioeconómico de su respectivo país. América Latina busca afanosamente hoy en día los TLC, los mercados regionales, los bloques económicos mientras que frente a optimistas y escépticos el neoliberalismo campea y se enseñorea en nuestras economías, algunas de las cuales como recurso mágico buscan la bendecida dolarización. Ante este escenario nada sencillo para quién no haya desarrollado una imaginación sociológica surge la pregunta redundante, necia y recurrente: ¿cuáles son nuestras plataformas de desarrollo? ¿Cómo están dichas plataformas? La pregunta no es estática. Para algún intento de contestación dicha interrogante debe ingresar a los circuitos de la estructura social y económica hacia los sectores primario, secundario y terciario, y en este contexto hacia las ramas y muy en especial hacia la agropecuaria, la industrial, la comercial, la de servicios y finanzas, toda las demás hasta alcanzar cada una de las actividades específicas que constituyen la red dinámica de la economía. El análisis se desdobla hacia la micro, pequeña, mediana y gran empresa hasta cubrir las regiones y respectivas provincias. ¿Cuáles son y cómo están nuestras plataformas de desarrollo?.
Lamentablemente y de forma mecánica la pregunta va a parar a un actor tradicional: el ministro de Economía y Finanzas o su equivalente, o sea el mago o el gurú que de acuerdo a su respuesta corre con todas las bendiciones o maldiciones de la opinión pública. Esto sencillamente no puede ser o no debe ser. Por ahora veamos un país cualquiera, Panamá, enero del 2001: 14% de desempleo abierto con tendencia a alza. Un crecimiento proyectado de 3% ó 4% entre optimistas y pesimistas. Nerviosismo económico que hace imprevisible el corto y mediano plazo. Frente a esto la pregunta recurrente, ¿cuáles son y cómo están nuestras plataformas de desarrollo? ¿Cuáles son sus actuales fortalezas y sus debilidades? ¿Qué capacidad tienen estas plataformas de apuntalar al pequeño, mediano y gran empresario para el año 2001 sea de lucha y de avances y sobre todo qué hacer para que nuestros pequeños, medianos y grandes empresarios no se sientan solos y orientados a la única decisión dentro de sus posibilidades; cerrar y lanzar más desempleados a la incertidumbre? Lo que haya que hacer, pensar o concertar hay que hacerlo ahora, hoy.