Las playas y el Corredor Sur
Se ha hablado de una cifra de quinientos millones de dólares para solucionar integralmente el problema de las aguas servidas de la ciudad capital. Como la urbe se expande con pseudópodos furiosos por doquiera y, a veces, con parches lagunares o "vacuolas", he expresado que es "la tela de Penélope". Pero, mi intención de sanear y habilitar algunas playas (Entre Coco del Mar y Panamá Viejo) me ha ofrecido la posibilidad de combinar ambas propuestas y soluciones parciales. La cara de la bahía y sus aguas marinas deben sanearse, limpiarse y acicalarse para el mayor disfrute del pueblo panameño. Vamos a recibir un canal de varios miles de millones de dólares y estamos creando adicionales e inmundas letrinas en las playas de la ciudad.
La recolección y bombeo de todas las aguas servidas capitalinas requeriría de un bombeo monstruoso. Para obviar este magno escollo he propuesto soluciones que, por unas cuantas decenas de millones, sanearían dichas playas, desviarían a más de un kilómetro las aguas contaminadas de los ríos que desembocan en el sector, reemplazarían la lama por arena limpia, realizarían un relleno y un parque ecológico autóctono en varias hectáreas de Panamá Viejo, indemnizarían los sufridos pobladores desplazados, desviarían tierra adentro unos cuatrocientos metros las vías de buses y camiones y realizarían el complejo arqueológico-histórico-turístico, patrimonio de la humanidad.
Bombear positivamente, contra el peso del agua, mar afuera las aguas servidas crudas es infinitamente engorroso, costoso e impráctico. Por ello manifesté que utilizaría las propias fuerzas de la naturaleza, la gravedad, en este caso. Se usaría tan sólo un bombeo de simple mantenimiento efectivo para desaguar las aguas costaneras a un tanque colector, donde ocurriría una primera digestión de las aguas crudas y sus efluentes semi-tratados recibirían cloración en menor volumen, para ser desaguadas a un kilómetro mar afuera por sobre el nivel de las más altas mareas. Esto requiere que el Corredor Sur pase por encima del pedraplén; o sea que habrá que rediseñar las intersecciones de los nuevos y útiles pedraplenes permanentes sanitarios con el Corredor.
Las aguas negras tratadas del malecón y la de los ríos adyacentes al este de los mismos, de alta contaminación, se desviarán por las corrientes marinas que sí existen o se diluirán, disminuyendo grandemente su polución en el litoral o en sus cercanías. En una etapa posterior, parte del caudal de estos ríos podría ser entubado y pretratado al igual que las aguas negras costaneras.
He sugerido a los candidatos a Alcalde y a la Presidencia de la República que visualicen y reflexionen al respecto. Pero a los funcionarios de altura corresponde tomar de inmediato las provisiones para que las canalizaciones y creación de pequeños puertos pesqueros y astilleros, para yates y camaroneros en dichos ríos, sean factibles. Hay que estudiar los rediseños del Corredor.
No pensemos en decorar malecones de la Bahía y exhibir tan sólo rascacielos multimillonarios frente a la misma, que es una inmunda letrina creciente y ofensiva para la salud y la efigie de la urbe capitalina. No podemos enseñar al orbe, que presenciará la entrega del soberbio canal, que seremos como Bolivia sin salida al mar, no por la naturaleza que se lo impide a aquella orgullosa república, sino por imprevisión y desidia de sus propios connacionales.
La recolección y bombeo de todas las aguas servidas capitalinas requeriría de un bombeo monstruoso. Para obviar este magno escollo he propuesto soluciones que, por unas cuantas decenas de millones, sanearían dichas playas, desviarían a más de un kilómetro las aguas contaminadas de los ríos que desembocan en el sector, reemplazarían la lama por arena limpia, realizarían un relleno y un parque ecológico autóctono en varias hectáreas de Panamá Viejo, indemnizarían los sufridos pobladores desplazados, desviarían tierra adentro unos cuatrocientos metros las vías de buses y camiones y realizarían el complejo arqueológico-histórico-turístico, patrimonio de la humanidad.
Bombear positivamente, contra el peso del agua, mar afuera las aguas servidas crudas es infinitamente engorroso, costoso e impráctico. Por ello manifesté que utilizaría las propias fuerzas de la naturaleza, la gravedad, en este caso. Se usaría tan sólo un bombeo de simple mantenimiento efectivo para desaguar las aguas costaneras a un tanque colector, donde ocurriría una primera digestión de las aguas crudas y sus efluentes semi-tratados recibirían cloración en menor volumen, para ser desaguadas a un kilómetro mar afuera por sobre el nivel de las más altas mareas. Esto requiere que el Corredor Sur pase por encima del pedraplén; o sea que habrá que rediseñar las intersecciones de los nuevos y útiles pedraplenes permanentes sanitarios con el Corredor.
Las aguas negras tratadas del malecón y la de los ríos adyacentes al este de los mismos, de alta contaminación, se desviarán por las corrientes marinas que sí existen o se diluirán, disminuyendo grandemente su polución en el litoral o en sus cercanías. En una etapa posterior, parte del caudal de estos ríos podría ser entubado y pretratado al igual que las aguas negras costaneras.
He sugerido a los candidatos a Alcalde y a la Presidencia de la República que visualicen y reflexionen al respecto. Pero a los funcionarios de altura corresponde tomar de inmediato las provisiones para que las canalizaciones y creación de pequeños puertos pesqueros y astilleros, para yates y camaroneros en dichos ríos, sean factibles. Hay que estudiar los rediseños del Corredor.
No pensemos en decorar malecones de la Bahía y exhibir tan sólo rascacielos multimillonarios frente a la misma, que es una inmunda letrina creciente y ofensiva para la salud y la efigie de la urbe capitalina. No podemos enseñar al orbe, que presenciará la entrega del soberbio canal, que seremos como Bolivia sin salida al mar, no por la naturaleza que se lo impide a aquella orgullosa república, sino por imprevisión y desidia de sus propios connacionales.