Las primarias
Pasadas las elecciones, ocupan espacio las iniciativas que apuntalarán nuestros sistemas electoral y de partidos. Hay varias propuestas. Mis investigaciones me indican que algunas son erradas. Me referiré a una de las reformas más solicitadas.
La propuesta de realizar elecciones primarias para todos los cargos es favorable para el fortalecimiento y la modernización de los partidos políticos panameños y, por ende, de la democracia. En eso coinciden el Foro 2020 y la Asamblea Legislativa, sin llegar ambos a proponer primarias abiertas.
No hay que exagerar en cuanto a las bondades de las primarias. Es falso que "el pueblo manda" dentro de los partidos políticos por medio de éstas. Pero sí es cierto que es un mecanismo efectivo si se quiere propiciar la rotación de las elites internas partidistas y romper las "roscas", lo cual no es poca cosa. Pero quizás la más importante ganancia de las primarias está en la percepción que crea en la ciudadanía de que hay más democracia interna. Con los bajísimos índices de popularidad de los partidos políticos, ese cambio de percepción fortalecería la institucionalización del sistema y brindaría a los colectivos políticos el aliento necesario para asumir en mejores condiciones otras reformas ineludibles.
Aunque las primarias para todos los cargos de elección popular son beneficiosas, hay que tener en cuenta cuáles podrían ser sus otros efectos colaterales. Estas, en los partidos políticos, no son un camino de rosas, generalmente desvelan aún más el faccionalismo interno y convierten lo que debería ser un ejercicio democrático en un horroroso aquelarre del cual el partido puede salir más debilitado que fortalecido. Además, encarecen las campañas electorales y suelen crear lazos clientelistas entre simpatizantes y los candidatos.
Por otro lado, existe la paradójica tendencia a que mientras más democráticos son los partidos internamente, más rígidos son hacia fuera. Es decir, cuanto más influencia de los militantes, mayor es la propensión a que el partido adopte posiciones extremas. Quizás esto no sería un problema, salvo porque tal conducta puede tender a alejarles del resto de la ciudadanía, la que no pertenece a los colectivos, haciéndole a las organizaciones partidistas más difícil el éxito electoral. Los que peor lo pasan son los partidos de oposición, ya que los de gobierno pueden ofrecer ciertos cargos a los grupos de presión internos para aplacarles. Al partido de oposición no le queda otra que hacer extremas concesiones programáticas a sus militantes si quiere mantener su apoyo organizativo y financiero. Pero, por la laxitud y porosidad ideológica de los partidos, este peligro podría estar neutralizado.
El PRD ya recorrió el camino que va desde la instauración de las primarias hasta los réditos políticos para el partido y el país : instauró las primarias, sufrió el consiguiente trauma de un cambio de coalición dominante, debilitó su control del acceso a las candidaturas, perdió las elecciones de 1999 y, finalmente, mejoró su perfil democrático. En 2004 se han convertido en el recipiente de la confianza de muchos de los llamados "independientes".
El Partido Arnulfista se ha resistido más. Para entender el vía crucis que para sus miembros representan las primarias hay que tomar en cuenta el arraigado personalismo que ha caracterizado al colectivo durante toda su historia. Hoy, tras la reciente debacle electoral, están obligados a reafirmar su talante democrático, pero esta tarea difícilmente será realizada por la actual coalición dominante. De ese cambio de coalición dominante y de la instauración de primarias, entre otras cosas, depende que superen el batacazo sufrido.
Las primarias debilitan el necesario control que sobre las zonas de incertidumbre tienen las dirigencias de los partidos. Los partidos, para ser fuertes y cumplir cabalmente con sus funciones, necesitan ser disciplinados. Un legislador electo internamente por sus copartidarios responde a ellos y no a las directrices de la dirigencia, aunque también haya sido electa por los miembros del partido. Esto no es bueno ni malo, pero si le añadimos que las dirigencias en Panamá no controlan el financiamiento de las campañas legislativas, entonces el panorama es muy oscuro para una institución que creemos vital para la democracia.
La política se reduciría a relaciones clientelistas, sin ningún referente institucional permanente que permita a la población orientarse políticamente.
Un buen contrapeso para los efectos poco deseables de las primarias es mantener la revocatoria de mandato, así las dirigencias no perderían todo el control de los partidos, se evitaría el caos y no terminarían desapareciendo. Aún así, insisto en que el precio a pagar es justo si se piensa en los beneficios de percepción que implica instaurar primarias obligatorias.
El gran reto está, además de en una rigurosa reglamentación y tener contrapesos, en lograr que los miembros inscritos del partido participen, ya que los niveles de abstención interna suelen ser desalentadoramente altos.
Mientras tanto, forzamos a los países empobrecidos a eliminar sus barreras arancelarias para permitir la penetración de nuestros productos.
Como decía un economista norteamericano, "el libre mercado es una cosa extraordinaria, sobre todo si la libertad es de nosotros y el mercado es de ellos".
(*Director de Proyectos de Médicos del Mundo. ccs@solidarios.org.es)
La propuesta de realizar elecciones primarias para todos los cargos es favorable para el fortalecimiento y la modernización de los partidos políticos panameños y, por ende, de la democracia. En eso coinciden el Foro 2020 y la Asamblea Legislativa, sin llegar ambos a proponer primarias abiertas.
No hay que exagerar en cuanto a las bondades de las primarias. Es falso que "el pueblo manda" dentro de los partidos políticos por medio de éstas. Pero sí es cierto que es un mecanismo efectivo si se quiere propiciar la rotación de las elites internas partidistas y romper las "roscas", lo cual no es poca cosa. Pero quizás la más importante ganancia de las primarias está en la percepción que crea en la ciudadanía de que hay más democracia interna. Con los bajísimos índices de popularidad de los partidos políticos, ese cambio de percepción fortalecería la institucionalización del sistema y brindaría a los colectivos políticos el aliento necesario para asumir en mejores condiciones otras reformas ineludibles.
Aunque las primarias para todos los cargos de elección popular son beneficiosas, hay que tener en cuenta cuáles podrían ser sus otros efectos colaterales. Estas, en los partidos políticos, no son un camino de rosas, generalmente desvelan aún más el faccionalismo interno y convierten lo que debería ser un ejercicio democrático en un horroroso aquelarre del cual el partido puede salir más debilitado que fortalecido. Además, encarecen las campañas electorales y suelen crear lazos clientelistas entre simpatizantes y los candidatos.
Por otro lado, existe la paradójica tendencia a que mientras más democráticos son los partidos internamente, más rígidos son hacia fuera. Es decir, cuanto más influencia de los militantes, mayor es la propensión a que el partido adopte posiciones extremas. Quizás esto no sería un problema, salvo porque tal conducta puede tender a alejarles del resto de la ciudadanía, la que no pertenece a los colectivos, haciéndole a las organizaciones partidistas más difícil el éxito electoral. Los que peor lo pasan son los partidos de oposición, ya que los de gobierno pueden ofrecer ciertos cargos a los grupos de presión internos para aplacarles. Al partido de oposición no le queda otra que hacer extremas concesiones programáticas a sus militantes si quiere mantener su apoyo organizativo y financiero. Pero, por la laxitud y porosidad ideológica de los partidos, este peligro podría estar neutralizado.
El PRD ya recorrió el camino que va desde la instauración de las primarias hasta los réditos políticos para el partido y el país : instauró las primarias, sufrió el consiguiente trauma de un cambio de coalición dominante, debilitó su control del acceso a las candidaturas, perdió las elecciones de 1999 y, finalmente, mejoró su perfil democrático. En 2004 se han convertido en el recipiente de la confianza de muchos de los llamados "independientes".
El Partido Arnulfista se ha resistido más. Para entender el vía crucis que para sus miembros representan las primarias hay que tomar en cuenta el arraigado personalismo que ha caracterizado al colectivo durante toda su historia. Hoy, tras la reciente debacle electoral, están obligados a reafirmar su talante democrático, pero esta tarea difícilmente será realizada por la actual coalición dominante. De ese cambio de coalición dominante y de la instauración de primarias, entre otras cosas, depende que superen el batacazo sufrido.
Las primarias debilitan el necesario control que sobre las zonas de incertidumbre tienen las dirigencias de los partidos. Los partidos, para ser fuertes y cumplir cabalmente con sus funciones, necesitan ser disciplinados. Un legislador electo internamente por sus copartidarios responde a ellos y no a las directrices de la dirigencia, aunque también haya sido electa por los miembros del partido. Esto no es bueno ni malo, pero si le añadimos que las dirigencias en Panamá no controlan el financiamiento de las campañas legislativas, entonces el panorama es muy oscuro para una institución que creemos vital para la democracia.
La política se reduciría a relaciones clientelistas, sin ningún referente institucional permanente que permita a la población orientarse políticamente.
Un buen contrapeso para los efectos poco deseables de las primarias es mantener la revocatoria de mandato, así las dirigencias no perderían todo el control de los partidos, se evitaría el caos y no terminarían desapareciendo. Aún así, insisto en que el precio a pagar es justo si se piensa en los beneficios de percepción que implica instaurar primarias obligatorias.
El gran reto está, además de en una rigurosa reglamentación y tener contrapesos, en lograr que los miembros inscritos del partido participen, ya que los niveles de abstención interna suelen ser desalentadoramente altos.
Mientras tanto, forzamos a los países empobrecidos a eliminar sus barreras arancelarias para permitir la penetración de nuestros productos.
Como decía un economista norteamericano, "el libre mercado es una cosa extraordinaria, sobre todo si la libertad es de nosotros y el mercado es de ellos".
(*Director de Proyectos de Médicos del Mundo. ccs@solidarios.org.es)