Las raíces del déficit actuarial
La mayoría sindical en la Junta Directiva de la Caja de Seguro Social (CSS) encomendó a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la elaboración de un estudio sobre el déficit actuarial del programa Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) y sus posibles correctivos. La OIT era una institución sesgada, normalmente dominada por la izquierda sindical internacional. De modo que se esperaba que su criterio no se alejara de los promotores locales del estudio que, hasta ese momento, negaban la existencia misma del déficit.
El informe de la OIT, hecho público en el 2001 fue devastador. Fijó el déficit en B/.2,500 millones, que imponía la necesidad de reestructurar a la CSS desde sus cimientos. Todo el mundo fue sorprendido. Hasta la visión apocalíptica del sector empresarial se había quedado corta y, obviamente, el sindical quedó iracundo.
El director de la entidad, Juan Jované, atacó de inmediato el documento, argumentando deficiencias técnicas que, al poco tiempo, se desinflaron. El inicio de un diálogo nacional sobre la entidad, auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue en ese sentido providencial. Se optó por armar un equipo nativo que revisara las cifras de la OIT. El resultado fue básicamente el mismo.
¿Qué significaba el déficit? Que a la vuelta de pocos años (los técnicos discrepan tan cerca como el 2008 y tan lejos como el 2014) el programa IVM ya no podría pagar las pensiones y tendría que echar manos a sus reservas, las que empezarían a drenarse hasta quedar vacías para el primer cuarto de siglo.
Lo que nadie esperaba, ni siquiera nosotros, que nos hemos manifestado incrédulos y pesimistas con lo que están haciendo, es que el programa IVM iba a empezar a gastar sus reservas a partir del año pasado. De aquí en adelante, no hay retorno, hasta que las reservas queden en cero. ¿Exagerado? No. En Argentina, el Seguro Social, al quedarse sin dinero, sencillamente empezó reduciendo las pensiones hasta que cesó de pagarlas y punto.
¿Cuáles son las raíces de la crisis? Examinando "Panamá en Cifras", en su edición del año pasado, podemos extraer cifras curiosas correspondientes a los últimos cinco años (1997 a 2001). En 1997 había 588 mil cotizantes activos contra 112 mil pensionados para una relación de 5.5 cotizantes por jubilado. En el 2001 había 646 mil cotizantes activos contra 135 mil pensionados, para una relación de 4.8 a uno. Cada vez hay menos cotizantes para cargar a cada jubilado. Peor los dependientes que no cotizan pero sí gastan.
En 1997 había 995 mil de ellos y en el 2001 aumentaron a 1.2 millón o sea que se incrementaron en 18% y los pensionados 21%, cuando los atribulados cotizantes activos sólo aumentaron 10% en el mismo período. O sea que con el tiempo la situación empeora.
Y si el director general de la entidad, Juan Jované esperaba que con el ingreso de nuevos cotizantes mejoraría la angustiosa situación, las cifras del 2001 muestran lo opuesto. Ese año hubo 31 mil nuevos cotizantes contra 86 mil nuevos dependientes, esto es que cada cotizante carga a 3 dependientes, cuando en 1997 y en el 2001 cada cotizante activo tenía una carga más liviana de 2 dependientes. No hacer nada no es solución.
El informe de la OIT, hecho público en el 2001 fue devastador. Fijó el déficit en B/.2,500 millones, que imponía la necesidad de reestructurar a la CSS desde sus cimientos. Todo el mundo fue sorprendido. Hasta la visión apocalíptica del sector empresarial se había quedado corta y, obviamente, el sindical quedó iracundo.
El director de la entidad, Juan Jované, atacó de inmediato el documento, argumentando deficiencias técnicas que, al poco tiempo, se desinflaron. El inicio de un diálogo nacional sobre la entidad, auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue en ese sentido providencial. Se optó por armar un equipo nativo que revisara las cifras de la OIT. El resultado fue básicamente el mismo.
¿Qué significaba el déficit? Que a la vuelta de pocos años (los técnicos discrepan tan cerca como el 2008 y tan lejos como el 2014) el programa IVM ya no podría pagar las pensiones y tendría que echar manos a sus reservas, las que empezarían a drenarse hasta quedar vacías para el primer cuarto de siglo.
Lo que nadie esperaba, ni siquiera nosotros, que nos hemos manifestado incrédulos y pesimistas con lo que están haciendo, es que el programa IVM iba a empezar a gastar sus reservas a partir del año pasado. De aquí en adelante, no hay retorno, hasta que las reservas queden en cero. ¿Exagerado? No. En Argentina, el Seguro Social, al quedarse sin dinero, sencillamente empezó reduciendo las pensiones hasta que cesó de pagarlas y punto.
¿Cuáles son las raíces de la crisis? Examinando "Panamá en Cifras", en su edición del año pasado, podemos extraer cifras curiosas correspondientes a los últimos cinco años (1997 a 2001). En 1997 había 588 mil cotizantes activos contra 112 mil pensionados para una relación de 5.5 cotizantes por jubilado. En el 2001 había 646 mil cotizantes activos contra 135 mil pensionados, para una relación de 4.8 a uno. Cada vez hay menos cotizantes para cargar a cada jubilado. Peor los dependientes que no cotizan pero sí gastan.
En 1997 había 995 mil de ellos y en el 2001 aumentaron a 1.2 millón o sea que se incrementaron en 18% y los pensionados 21%, cuando los atribulados cotizantes activos sólo aumentaron 10% en el mismo período. O sea que con el tiempo la situación empeora.
Y si el director general de la entidad, Juan Jované esperaba que con el ingreso de nuevos cotizantes mejoraría la angustiosa situación, las cifras del 2001 muestran lo opuesto. Ese año hubo 31 mil nuevos cotizantes contra 86 mil nuevos dependientes, esto es que cada cotizante carga a 3 dependientes, cuando en 1997 y en el 2001 cada cotizante activo tenía una carga más liviana de 2 dependientes. No hacer nada no es solución.