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Las reformas tributarias


Siempre he pensado, y así lo he exteriorizado, que es imprescindible hacer una reforma tributaria que haga más equitativo el pago de los impuestos y que llegue a quienes hoy están amparados por ciertas excepciones que la ley les permite. Los cambios en las disposiciones tributarias nunca van a ser, ni han sido, del agrado de ninguna persona. Los argumentos han sido siempre los mismos. En época de bonanza, han dicho, y tal vez con cierta razón, "para qué los cambios, si todo va bien" y en época de crisis o recesión económica también utilizando argumentos similares adaptando la frase a las circunstancias, "no es el mejor momento porque la situación no se presta para ello, hay crisis".
He manifestado igualmente en innumerables ocasiones que antes de afectar a la sociedad con un aumento en los impuestos, el gobierno debe dar ejemplos de austeridad administrativa y acabar con los excesos y privilegios económicos de los cuales gozan unos pocos. No se puede pedir a nadie que se amarre el cinturón si uno no está dispuesto a hacer lo mismo. Los ejemplos siempre se dan de arriba hacia abajo y no a la inversa. El jefe que trabaja más le es más fácil lograr que sus subalternos trabajen más. El jefe que es honesto y justo logrará que la tónica de quienes con el laboran hagan lo mismo. Si bien, por el contrario, hay deshonestidad en la cabeza, en las bases se dará una corrupción generalizada. Si bien es cierto que una reforma es necesaria y muy cierto también que se hace imperativo una transformación administrativa que agilice y haga más efectiva y eficiente la labor del Gobierno Nacional. Una carrera administrativa con la ley general de sueldo es parte de lo que un estado moderno requiere. Hoy más que nunca nuestro país necesita una reestructuración integral del mismo. Es posible que la miopía política lo impida hacer, pues cada día se hace más cierta la celebre frase. "El político piensa en hoy y el estadista en el mañana".
No obstante, la propuesta que el gobierno ha hecho con respecto a las reformas tributarias comprende varias áreas fundamentales.
  1. Se exceptúan del pago de impuestos aquellos panameños que devengan salarios menores de B/.10,400.00 anuales (incluyendo el 13º mes).

  2. La eliminación de varios impuestos nacionales, unos por sus bajos rendimientos, los cuales no los justifica y otros por traspaso a municipios (las casa de alojamiento ocasional, etc.)

  3. Reduciendo las excepciones fiscales que hoy día benefician a algunos empleados como complemento a sus salarios (uso de vehículos de las empresas, gasolina y algunos otros) que serán incluidos en el impuesto a pagar.

  4. Se crean nuevos impuestos a las personas jurídicas, entre ellos los bancos y también se establece un sistema para que el nuevo gravamen opere como un adelanto del ISR de manera que no se dé margen de crédito aunque la diferencia existente sea menor.

  5. Se amplía la lista de los artículos que hoy día están exentos del 5%. 6. Se ajusta la aplicación de la excepción de las personas no residentes del país. Todos estos cambios tanto en los impuestos como sus excepciones buscan incrementar los ingresos del Estado en unos 115 millones al año.


Todos estos cambios, tanto en los impuestos como sus excepciones, buscan incrementar los ingresos del Estado en unos 115 millones de balboas al año. Estos cambios cuya discusión se profundizará a partir de los próximos días, deberán ser objeto de un análisis muy cuidadoso por los distintos sectores que comprenden la economía a fin de que la medicina que se busque no sea peor que la enfermedad.
No creo que el país esté dispuesto a aceptar unas reformas tributarias solamente, por más que éstas se justifiquen, si no van acompañadas de recortes del gasto público y de cambios importantes en la Ley de Carrera Administrativa y se establezca la del salario al sector público para evitar el favoritismo y las injusticias que hoy se dan.

101 años de Panamá América

 
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