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¿Las reglas del juego pueden cambiar?


El premio Nobel de la Paz en 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, nos recordó en su conferencia magistral dictada en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, que más de 30 mil niños mueren por día de hambre, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reveló que la mitad de la población mundial vive en la pobreza con ingresos de menos de dos dólares diarios. Los medios de comunicación social, por su parte, informan cotidianamente que en el Medio Oriente las personas acaban su existencia en batallas fratricidas.
¿Qué se puede hacer al respecto? ¿No hay solución a estos problemas? ¿Es éticamente aceptable la “normal” evolución del mundo moderno? ¿Existen alternativas o simplemente hay que aceptar la imposición del pensamiento hegemónico, único? Nunca antes en la historia habíamos desarrollado tanta tecnología, riqueza y los métodos para erradicar la pobreza como ahora. Teóricamente estamos más cerca de un mundo justo, equitativo e integral, pero es todo lo contrario. ¿Por qué? Por el enorme egoísmo que alberga el ser humano.
George Soros, oriundo de Budapest y mayor especulador del mundo, admite en su libro “La Crisis del Capitalismo Global” el principio del egoísmo y señala al fundamentalismo de mercado, al realismo geopolítico y al darwinismo social vulgar como sus máximos representantes.
¿Coincide el interés nacional del Estado con los intereses de las personas que pertenecen a él? ¿Por qué los gobiernos no implementan mecanismos para regular el flujo de capital especulativo, que está secando las economías del mundo? ¿No es egoísmo o nula participación? ¿No es cierto que el más apto es quien tiene mayores posibilidades de sobrevivir?
Si las propias personas que rigen los destinos de los mercados financieros, verdaderos dueños del mundo, aceptan que las “reglas de juego” están diseñadas para mantener ese “terrorismo económico”, que tan bien explicó Adolfo Pérez Esquivel, ¿por qué no se cambian?
“Cuando era un anónimo actor de los mercados financieros, nunca tuve que sopesar las consecuencias sociales de mis acciones. Era consciente de que en algunas circunstancias las consecuencias podían ser perjudiciales, pero me sentía justificado al ignorarlas por entender que jugaba de acuerdo con las reglas. El juego era muy competitivo y si me imponía limitaciones adicionales a mí mismo terminaría perdiendo; si me abstenía, otro ocuparía mi lugar”, confiesa Soros, doctor honoris causa por la New School for Social Research. ¡El darwinismo social vulgar en todo su esplendor!
Consecuencias sociales no son otra cosa que las crisis financieras originadas por el llamado negocio de la especulación. En caso de un ataque especulativo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) por lo general recomienda un aumento de la tasa de interés para disuadir a los especuladores, siempre manteniendo la libertad de cambio. El alza de la tasa suele precipitar las crisis económicas, reduciendo la inversión y el consumo.
Durante la crisis brasileña de enero de 1999, la tasa de interés aumentó un 50%. Pero igual el real se devaluó y como consecuencia miles de personas perdieron sus empleos. Vemos cómo este negocio afecta a terceros.
Cuando Soros vendió baratas libras esterlinas en 1992, el Banco de Inglaterra estaba al otro lado de sus transacciones y él sacaba dinero de los bolsillos de los contribuyentes británicos.
Es el “capital golondrina”, que viene en grandes cantidades, se queda un rato ganando con la tasa de interés y la fluctuante tasa de cambio, y se va a otro lado donde le garanticen más fortuna, dejando una secuela social indescriptible. ¡Lo más triste es que no produce, ni crea puestos de trabajo!
Un reporte de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) estima que el 95% (del capital en intercambios internacionales) se usa actualmente para la especulación. Quiere decir que sólo un 5% se destina al comercio e inversión.
¿Crisis financieras? Sólo la magnitud de dinero alcanzada por los mercados cambiarios (más de 300 mil millones de dólares anuales) me hace dudar de que realmente existan “crisis” financieras. Para tener una idea de esa cantidad, si se apilasen billetes de 10 dólares hasta llegar a esa cifra ¿Qué altura tendría la columna? ¡Señores, de la Tierra a la Luna! ¿Cómo regularlo? Organizaciones sociales, económicas y políticas agrupadas en el Foro Social Mundial estiman que con un impuesto insignificante de 0.1% se podría recoger 100 mil millones de dólares, una cifra superior a la necesaria para costear el financiamiento del acceso universal a los servicios sociales de base (80 mil millones de dólares suplementarios por año).
Es apenas una propuesta para solventar los grandes y graves problemas que afectan a la humanidad.
La Naciones Unidas calculan que se necesitan varios años para reducir la pobreza siquiera a la mitad, con el impuesto se podría hacer en un solo año. Hace falta voluntad política, actitud de los inversionistas o, en su defecto, un movimiento ciudadano de “resistencia intelectual y espiritual”, capaz de elaborar las bases para un nuevo mundo. Otro mundo es posible. ¿Usted qué cree?

101 años de Panamá América

 
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