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Las relaciones con Estados Unidos


De Washington percibimos señales de incomodidad y asombro frente a lo que altas esferas del Departamento de Estado norteamericano califican como displicencia oficial e irresolución del gobierno panameño en precisar "las necesidades que Panamá quiere colocar sobre la mesa" en un nuevo marco de cooperación entre ambos países.
La cronología de los hechos es tan pobre como breve. En noviembre del año pasado, la presidenta panameña Mireya Moscoso, viajó a Estados Unidos a la cabeza de un equipo de altos funcionarios de su gobierno que incluía, entre otros, a sus ministros de Gobierno, Winston Spadafora; de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, y de Economía y Finanzas, Víctor Juliao.
En aquella visita, ambos países acordaron iniciar conversaciones con el objeto de redefinir sus relaciones tras siglo y medio de circunscribirlas a temas relativos al tránsito a través del istmo. Se identificaron cuatro áreas de interés: la seguridad, el desarrollo social, el comercio y la lucha antidrogas.
Posteriormente, se anunció que para el presente mes, el Secretario de Estado Adjunto para el Hemisferio, Peter Romero, vendría a Panamá con un equipo de trabajo para concretar acuerdos de cooperación en las distintas áreas descritas. En el ínterin, el gobierno panameño debía adelantar el trabajo previo a la visita.
Nada se adelantó desde entonces, salvo el ministro Spadafora, que ha trabajado en un proyecto de seguridad nacional y ha hecho consultas en esa materia con funcionarios de Estados Unidos. Pero aún en esta área, se ha producido un sensible retraso debido a la prematura oposición de sectores ultranacionalistas panameños.
La parálisis fue sin embargo interrumpida por Panamá el mes pasado, cuando su embajador en Washington, Guillermo Ford, entregó personalmente a Romero, una carta de la cancillería panameña, sugiriendo la venida de Romero, para dar seguimiento a las gestiones bilaterales iniciadas el pasado noviembre en la capital estadounidense.
Lamentablemente, al no existir agenda específica, ni preacuerdos concretos, Romero optó por declinar la invitación. Entre las razones explicadas al gobierno panameño se destaca que "nada se ha resuelto con respecto a los puntos básicos que están sobre la mesa en relación a una redefinición de nuestras relaciones bilaterales", dijo un alto funcionario a nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont.
En nuestra opinión, las relaciones con Estados Unidos, incluso tras la entrega del Canal y el retiro de las bases militares, son demasiado importantes como para dejarlas al garete. Ello es relevante, considerando que mayor debe ser nuestra necesidad de una redefinición que a la inversa, puesto que Panamá está urgida de todo el apoyo posible de naciones amigas, en las particulares circunstancias actuales que no es del caso explicar. Y a la cabeza de tales naciones amigas, por razones prácticas, históricas y económicas, insistimos, debe estar Estados Unidos, única superpotencia mundial, primera usuaria del Canal y mayor socio comercial de nuestro país.


101 años de Panamá América

 
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