Las relaciones entre Panamá y EU
"Un siglo de relaciones entre Panamá y los Estados Unidos 1903-2003", es la obra de 1,340 páginas dividida en tres tomos, de los historiadores panameños Celestino Andrés Araúz y Patricia Pizzurno. Desde un principio su lectura comprueba con creces la frase "Calvario de un pueblo por afianzar su Soberanía", acuñada por el Dr. Julio E. Linares en su libro "Enrique Linares en la Historia Política de Panamá 1869 - 1949".
Se trata de un apasionante y concienzudo relato de carácter histórico, político y diplomático, que involucra las convulsionadas relaciones entre la incipiente República istmeña con el Coloso del Norte, desde su cuna hasta nuestros días. Incluye la obra destellos del quehacer político estadounidense, como su avance progresista e imperialista desde principios del siglo XX con la política del "gran garrote", la "alarma roja" ante el crecimiento del comunismo, la ley seca, sus invasiones e intervenciones en países vecinos, la depresión, la segunda guerra mundial, la guerra fría y la guerra de Vietnam, hasta la caída de la "cortina de hierro" y su lucha frontal contra el terrorismo, la droga y la corrupción.
Pero lo sobresaliente del libro es el testimonio de beligerancia y sacrificio de las generaciones de panameños, desde el instante de la firma del bochornoso y malhadado Tratado Hay - Bunau Varilla, firmado en los albores de la República (1903), impuesto a través de la trama y el engaño e interpretado al antojo de los estadounidenses, al imponer estacas conexas como la "Tarifa Dingley" (1904), los comisariatos (1905) y las expropiaciones de tierras (1908, 1915, 1918 y 1924); la oscura firma con Colombia del Tratado Thompson - Urrutia (1914); el desarme de la Policía Nacional (1916); la ilegítima ocupación de Chiriquí (1918-1920); la ingerencia norteamericana a favor de Costa Rica ante el conflicto limítrofe (1921); la absurda inclusión de la Zona del Canal como parte de la jurisdicción de EU, de acuerdo al informe presentado en la ONU por EU (1946); los sangrientos sucesos del 9 de enero (1964); la Enmienda DeConcini (1978); y el Tratado de Montería (1979). Son éstos, apenas una muestra de las causas de conflicto que promueven una lucha de generaciones para consolidar nuestra independencia política, perfeccionar nuestra independencia económica y lograr la soberanía total.
Definitivamente que la magnitud del crecimiento económico que esperaban nuestros Próceres para la nueva nación, con la construcción de un canal interoceánico a través de Istmo, no se dio. Esto, aunado a una soberanía meramente nominal en territorio propio, alienta los movimientos de reafirmación nacionalista como las conclusiones de la Comisión ad hoc sobre la Convención del Canal Ístmico (1904); las protestas de Eusebio A. Morales por las actividades de los comisariatos en la Zona del Canal (1916); las reacciones de la Asociación de Comercio de Panamá contra la abrogación del Convenio Taft (1922); el Tratado Arias - Roosevelt (1936); la protesta enérgica del Canciller Samuel Lewis por la discriminación social y laboral de los panameños que trabajaban en la Zona (1944); el rechazo del Convenio Filos-Hines (1947); las críticas del Ministro de Hacienda y Tesoro, Galileo Solís, a la economía canalera (1952); el planteamiento del Gold Roll y el Silver Roll ante foros internacionales por parte de Cecilia Pinel de Remón (1954); el Tratado Remón-Eisenhower (1955); la operación soberanía (1958); la siembra de banderas (1959); la Declaración Conjunta Chiari - Kennedy para el enarbolamiento de la bandera panameña en la Zona del Canal (1962); la gesta patriótica del 9 de enero (1964); la declaración Moreno-Bunker (1964); el rechazo de los proyectos de Tratado (1967); la reunión del Consejo de Seguridad en Panamá (1973); la firma de los Tratados Torrijos - Carter (1977); y la reversión del Canal a manos panameñas (1999). Son también otra pequeña prueba del sentimiento nacionalista que ha desarrollado nuestro pueblo a lo largo de su vida como Estado independiente.
La obra de Araúz y Pizzurno, demuestra cómo la lealtad y la buena voluntad de un país pequeño, nacido a la vida jurídica con una soberanía mediatizada en virtud de la mentira y la traición de un especulador y aventurero francés, con la complicidad de la contraparte, no es sólo correspondida por Estados Unidos, sino aprovechada por éste para violar, incumplir e interpretar a su antojo los convenios, reglamentaciones y acuerdos creados en torno a, la ya dolosa, Convención del Canal Ístmico de 1903.
Felicitamos a los historiadores Araúz y Pizzurno por regalarle a la Patria en su centenario, un relato que debe perdurar obligatoriamente, en un sitial privilegiado de la historiografía nacional.
El gerente general de ETESA, José Ignacio Quirós, explicó que al no poder transmitir toda la energía necesaria desde las generadoras de Chiriquí, los usuarios de Panamá y Colón, donde está el 70% de la demanda, se alimentarán con la generación de las plantas termoeléctricas.
Agregó que la solución completa de los daños tomará aproximadamente unas 10 horas desde el momento en que las condiciones permitan el inicio de las labores.
ETESA se aprestaba hoy a realizar las labores de inspección minuciosa para establecer la afectación de los cables que transmiten la energía.
El incidente provocó que la navegación de los buques fuera suspendida por un período de tres horas, lo que atrasó el tránsito de unos tres o cuatro barcos.
Por su parte, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) informó que la caída de un cable de alta tensión sobre el Corte Culebra provocó el domingo la paralización del tránsito en esta sección de la vía acuática por espacio de casi cuatro horas.
La ACP destacó que personal de la entidad apoyó a ETESA, en las tareas de remoción de la línea que cayó en el agua.
El incidente ocurrió alrededor de las dos de la tarde y por razones de seguridad se procedió a detener el tránsito programado en el Corte Culebra.
El tránsito por la vía interoceánica se reanudó a las 5:55 de la tarde y transcurrió ayer con normalidad, aunque atendiendo a los buques que fueron retrasados por este incidente.
Se trata de un apasionante y concienzudo relato de carácter histórico, político y diplomático, que involucra las convulsionadas relaciones entre la incipiente República istmeña con el Coloso del Norte, desde su cuna hasta nuestros días. Incluye la obra destellos del quehacer político estadounidense, como su avance progresista e imperialista desde principios del siglo XX con la política del "gran garrote", la "alarma roja" ante el crecimiento del comunismo, la ley seca, sus invasiones e intervenciones en países vecinos, la depresión, la segunda guerra mundial, la guerra fría y la guerra de Vietnam, hasta la caída de la "cortina de hierro" y su lucha frontal contra el terrorismo, la droga y la corrupción.
Pero lo sobresaliente del libro es el testimonio de beligerancia y sacrificio de las generaciones de panameños, desde el instante de la firma del bochornoso y malhadado Tratado Hay - Bunau Varilla, firmado en los albores de la República (1903), impuesto a través de la trama y el engaño e interpretado al antojo de los estadounidenses, al imponer estacas conexas como la "Tarifa Dingley" (1904), los comisariatos (1905) y las expropiaciones de tierras (1908, 1915, 1918 y 1924); la oscura firma con Colombia del Tratado Thompson - Urrutia (1914); el desarme de la Policía Nacional (1916); la ilegítima ocupación de Chiriquí (1918-1920); la ingerencia norteamericana a favor de Costa Rica ante el conflicto limítrofe (1921); la absurda inclusión de la Zona del Canal como parte de la jurisdicción de EU, de acuerdo al informe presentado en la ONU por EU (1946); los sangrientos sucesos del 9 de enero (1964); la Enmienda DeConcini (1978); y el Tratado de Montería (1979). Son éstos, apenas una muestra de las causas de conflicto que promueven una lucha de generaciones para consolidar nuestra independencia política, perfeccionar nuestra independencia económica y lograr la soberanía total.
Definitivamente que la magnitud del crecimiento económico que esperaban nuestros Próceres para la nueva nación, con la construcción de un canal interoceánico a través de Istmo, no se dio. Esto, aunado a una soberanía meramente nominal en territorio propio, alienta los movimientos de reafirmación nacionalista como las conclusiones de la Comisión ad hoc sobre la Convención del Canal Ístmico (1904); las protestas de Eusebio A. Morales por las actividades de los comisariatos en la Zona del Canal (1916); las reacciones de la Asociación de Comercio de Panamá contra la abrogación del Convenio Taft (1922); el Tratado Arias - Roosevelt (1936); la protesta enérgica del Canciller Samuel Lewis por la discriminación social y laboral de los panameños que trabajaban en la Zona (1944); el rechazo del Convenio Filos-Hines (1947); las críticas del Ministro de Hacienda y Tesoro, Galileo Solís, a la economía canalera (1952); el planteamiento del Gold Roll y el Silver Roll ante foros internacionales por parte de Cecilia Pinel de Remón (1954); el Tratado Remón-Eisenhower (1955); la operación soberanía (1958); la siembra de banderas (1959); la Declaración Conjunta Chiari - Kennedy para el enarbolamiento de la bandera panameña en la Zona del Canal (1962); la gesta patriótica del 9 de enero (1964); la declaración Moreno-Bunker (1964); el rechazo de los proyectos de Tratado (1967); la reunión del Consejo de Seguridad en Panamá (1973); la firma de los Tratados Torrijos - Carter (1977); y la reversión del Canal a manos panameñas (1999). Son también otra pequeña prueba del sentimiento nacionalista que ha desarrollado nuestro pueblo a lo largo de su vida como Estado independiente.
La obra de Araúz y Pizzurno, demuestra cómo la lealtad y la buena voluntad de un país pequeño, nacido a la vida jurídica con una soberanía mediatizada en virtud de la mentira y la traición de un especulador y aventurero francés, con la complicidad de la contraparte, no es sólo correspondida por Estados Unidos, sino aprovechada por éste para violar, incumplir e interpretar a su antojo los convenios, reglamentaciones y acuerdos creados en torno a, la ya dolosa, Convención del Canal Ístmico de 1903.
Felicitamos a los historiadores Araúz y Pizzurno por regalarle a la Patria en su centenario, un relato que debe perdurar obligatoriamente, en un sitial privilegiado de la historiografía nacional.
El gerente general de ETESA, José Ignacio Quirós, explicó que al no poder transmitir toda la energía necesaria desde las generadoras de Chiriquí, los usuarios de Panamá y Colón, donde está el 70% de la demanda, se alimentarán con la generación de las plantas termoeléctricas.
Agregó que la solución completa de los daños tomará aproximadamente unas 10 horas desde el momento en que las condiciones permitan el inicio de las labores.
ETESA se aprestaba hoy a realizar las labores de inspección minuciosa para establecer la afectación de los cables que transmiten la energía.
El incidente provocó que la navegación de los buques fuera suspendida por un período de tres horas, lo que atrasó el tránsito de unos tres o cuatro barcos.
Por su parte, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) informó que la caída de un cable de alta tensión sobre el Corte Culebra provocó el domingo la paralización del tránsito en esta sección de la vía acuática por espacio de casi cuatro horas.
La ACP destacó que personal de la entidad apoyó a ETESA, en las tareas de remoción de la línea que cayó en el agua.
El incidente ocurrió alrededor de las dos de la tarde y por razones de seguridad se procedió a detener el tránsito programado en el Corte Culebra.
El tránsito por la vía interoceánica se reanudó a las 5:55 de la tarde y transcurrió ayer con normalidad, aunque atendiendo a los buques que fueron retrasados por este incidente.