Las secuelas del tabaquismo
En materia de control del tabaquismo, el Estado panameño no ha sido más que tímido. El decreto que regula el acto de fumar en lugares públicos es letra muerta, y es evidente el irrespeto de una siniestra mayoría de sitios, más que nada las discotecas y casinos, donde la ordenanza es violada sin sonrojo.
Ahora se habla de elevar a rango de ley dichas disposiciones, con el elemento nuevo de que la prohibición abarcaría también los edificios privados. Según la moderna normativa, todo aquel que quiera contaminar su organismo con nicotina deberá hacerlo al aire libre, en la calle, y no se permitirá que en ninguna edificación, sea particular o estatal, se encienda un cigarrillo.
Insistimos en que las leyes por sí solas no consiguen resultado alguno. La ley llega hasta donde el grupo humano que la aplica lo desea. Entonces, se trata de crear un número mayor de inspectores encargados de velar que la disposición se cumpla, y dotarlos de recursos para que hagan su trabajo. De la misma manera, es importante que exista seguridad en el reproche, pues si no se sanciona sin excepción a los infractores, la normativa no sería más que, otra vez, letra muerta y monumento a la indiferencia.
En Panamá no podemos permitir que continúe el uso y el abuso del cigarrillo, que reduce las expectativas de vida en siete u ocho años. Erradicar el tabaco de la vida pública ya no es cuestión de opción, es un imperativo. Voltear el rostro hacia otro lado, cuando mucha gente muere o padece las consecuencias del tabaquismo, es una conducta que linda con la perversidad.
Ahora se habla de elevar a rango de ley dichas disposiciones, con el elemento nuevo de que la prohibición abarcaría también los edificios privados. Según la moderna normativa, todo aquel que quiera contaminar su organismo con nicotina deberá hacerlo al aire libre, en la calle, y no se permitirá que en ninguna edificación, sea particular o estatal, se encienda un cigarrillo.
Insistimos en que las leyes por sí solas no consiguen resultado alguno. La ley llega hasta donde el grupo humano que la aplica lo desea. Entonces, se trata de crear un número mayor de inspectores encargados de velar que la disposición se cumpla, y dotarlos de recursos para que hagan su trabajo. De la misma manera, es importante que exista seguridad en el reproche, pues si no se sanciona sin excepción a los infractores, la normativa no sería más que, otra vez, letra muerta y monumento a la indiferencia.
En Panamá no podemos permitir que continúe el uso y el abuso del cigarrillo, que reduce las expectativas de vida en siete u ocho años. Erradicar el tabaco de la vida pública ya no es cuestión de opción, es un imperativo. Voltear el rostro hacia otro lado, cuando mucha gente muere o padece las consecuencias del tabaquismo, es una conducta que linda con la perversidad.