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Las travesuras de los duendes de imprenta


Un conocido periodista se quejaba, años atrás, de los errores de cierta consideración que, con frecuencia, aparecían en la columna de la cual era responsable, y se disculpaba : "No es culpa mía" -decía- "cuando escribo actitudes histriónicas y me hacen decir actitudes históricas. "Algo parecido tiene que haberles pasado a todos los que han ejercido o ejercen el oficio de escribir para la prensa, pues no ha existido ni existe periódico en el mundo que se haya salvado o se salve de equivocaciones, errores y, sobre todo, yerros de imprenta o erratas. A mí, por ejemplo, en media docena de diarios y durante los cuarenta años que llevo de estar escribiendo en periódicos (estuve haciéndolo casi diariamente de 1959 a 1988), he tenido muchas veces que soportar como míos, errores de ortografía, faltas de sintaxis, frases sin sentido y otras formas absurdas de redacción que no salieron de mi pluma. De esas situaciones estoy curado de espanto, y hace tiempo aprendí a aceptarlas como gajes del oficio ; pero siempre me dejaron un mal sabor y, a veces, la sospecha de que, en la redacción del periódico, alguien quiso bondadosamente ayudarme corrigiendo lo que no necesitaba de corrección, lo que de ninguna manera significa negación a los errores de mi propia cosecha.
A propósito, en el original de mi último artículo para estas páginas de opinión, escribí, en un pasaje del primer párrafo : "frase de factura anglicada". En la transcripción impresa salió, como por arte de birlibirloque, "frase de factura anglicanizada". Entre las palabras ANGLICADO, DA y ANGLICANIZADO, DA existe algo de sinonimia ; pero como no significan lo mismo, no es propio emplearlas indistintamente. Mientras la primera se dice, sin lugar a dudas, del estilo, lenguaje, frase o palabra en que se advierte el influjo de la lengua inglesa, la otra hace pensar inmediatamente en persona o cosa influida por las doctrinas de la iglesia anglicana. Ciertamente, no fue esto lo que quise decir, y, en efecto, no lo dije : sin embargo, para el público lector, aparezco diciéndolo. ¿No fue Roque Barcia quien dijo : "Hablar es pensar. El que trastorna lo que hablo, trastorna lo que pienso" ?.
De los errores de imprenta hay unos tan insignificantes que no vale la pena darles importancia, sobre todo si se advierten en publicaciones que se imprimen con urgencia diaria ; v.gr. ; "... un numeroso grupo..." Este tipo de error es tan obviamente "de imprenta", que los resortes mentales del lector lo corrigen al instante y sin esfuerzo. Muy difícil es, en cambio, atribuir la falta de sintaxis a error de imprenta. Podría darse el caso, no obstante, de que en algún taller de impresión le cambiaran a usted un "consiste en" por un "consiste de", haciéndole cargar con la paternidad de un solecismo ; pero, ¿cómo podría saber el lector si el error es de usted o de la imprenta ?
Intrigado, tal vez, por la dificultad a la cual acabo de referirme, a alguien, con agudeza y humorismo, se le ocurrió imaginarse que cuanto error se viste con letra de molde en las páginas de los periódicos, es obra de unos duendes que merodean constantemente por las imprentas. Por todas. No hay imprenta sin duendes, según el sujeto aludido. Quien decida llevarle la corriente a éste, verá a las fantasmales criaturas en cualquier imprenta donde se edite un periódico. Las verá haciendo travesuras : enojando a linotipistas, tipógrafos u operarios de dispositivos empleados en los más modernos procedimientos de publicación ; fastidiando a los redactores ; nublándoles la vista a los correctores de prueba ; sacándoles la lengua a los columnistas y colaboradores y escondiéndole los lentes al encargado de escribir los artículos de fondo.

101 años de Panamá América

 
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