Las vacaciones mentales del panameño
Hablar de vacaciones tiene un significado muy amplio. Es sinónimo de reposo, descanso, inacción; en fin, es un disfrute de cosas buenas en la tranquilidad del hogar, el de realizar algún viajecito hacia el interior del país o, el de visitar otros países hermanos. Hay quienes lo aprovechan para hacer aquellas cosas que son imposibles de concretar durante once meses debido a las obligaciones de trabajo, compromisos familiares, etc. Pero, hay otra clase de vacaciones que con la ayuda de un amigo hemos denominado "vacaciones mentales", me refiero a los seis meses de jolgorio mental en que una gran cantidad -por no decir los muchos- de panameños sacian esa sed de diversión interna, por una verdadera distracción o, por abstraerse u olvidar los problemas diarios debido a la falta de empleo, pobreza, conflictos familiares, económicos, u otros. Es simplemente un adormecerse en una actitud de ociosidad festera en tiempos críticos, difíciles de manejar.
Esa actitud de ociosidad festera para algunos empieza a partir del mes de octubre con la celebración del Halloween. Esta fiesta ajena a nuestras costumbres tiene algo bastante curioso y, es que el hábito a su celebración es de sobrado interés en que los almacenes de nuestra urbe capitalina exhiben en sus vidrieras alegorías de productos relativos a este festín dejando por fuera las mercancías alusivas a los días patrios.
En muchos de nuestros colegios como en lugares de diversión nocturna es de predilección. Con la llegada del mes de noviembre la mente del panameño continúa como un ritual bastante especial en cuanto a celebración nos referimos y, es que, Panamá está considerado como el único país del mundo con más días de festividades relacionadas a los acontecimientos patrióticos.
Pero, no todo termina aquí. Es menester mencionar las festividades del mes de diciembre. Vuelve el factor comercial hacerse notar con el vuelco hacia la compra de regalos para el día de la madre, navidad y año nuevo. Luego nos acercamos al mes del impasse, enero, el mes del inicio de las vacaciones escolares, y lo defino como el mes de la preparación para las próximas fiestas, es el mes que sólo se escucha hablar de los carnavales. Con la llegada de la semana santa todo parece culminar, pero, no es así, la temporada del béisbol es otra que nos asegura el tónico perfecto para un ritmo frenético mentalmente jaranero.
Si sumamos todas estas celebraciones desde octubre hasta finalizar marzo constituyen ses meses de pasividad y ociosidad y un desviarse de nuestras obligaciones laborales.
En las oficinas públicas y privadas se oyen expresiones como: "Fulanito, no lo puede atender, hasta después de carnavales"; "deja ese asunto para después de año nuevo"; ¡¿qué te pasa?! "estamos en Semana Santa y lo mejor será que te acerques después".
Lo anteriormente expresado no es una crítica, es meramente, una manera de ver las cosas, que cualquier motivo es equivalente a fiesta, alegría, parranda y, de inanición laboral.
La reconocida antropóloga Ana Elena Porras se refiere a la identidad del panameño:
"Tenemos cultura e identidad. Es distinta a la de otros, pero es robusta y con personalidad el panameño tiene una ética de la alegría, la cual a veces calificamos de irresponsabilidad.. creo que pensamos que la vida es alegre en principio.." (La prensa, 3 de noviembre, 2005). Y, es cierto. Esta manera de ver y sentir las cosas buenas o malas es parte de la identidad nuestra.
Verdaderamente que somos un pueblo inmune a los conflictos, vacunados a favor del disfrute. Podría decir que eso es salud mental. Pero, ¿qué hay de la laboriosidad? ¿De nuestra escala de valores y prioridades? El problema de todo esto va más allá de una simple definición con respecto a la identidad del ser panameño. Es un estado de ánimo disponible para todos, pero sin garantía de un final feliz. Sin duda, en otros países existen el odio, la crueldad, las guerras.
Sin embargo, una vida de constante placer, no es de satisfacción segura, no es garantía para nadie. Los momentos que tenemos son breves y después desaparecen.
Hay que recordar que la libertad no es sinónimo de libertinaje, y no tiene nada que ver con la ociosidad, y con lo que se quiere impunemente, sin el mayor esfuerzo posible que va en detrimento de nuestra salud mental y económica.
(gemiliani@cableonda.net)
Esa actitud de ociosidad festera para algunos empieza a partir del mes de octubre con la celebración del Halloween. Esta fiesta ajena a nuestras costumbres tiene algo bastante curioso y, es que el hábito a su celebración es de sobrado interés en que los almacenes de nuestra urbe capitalina exhiben en sus vidrieras alegorías de productos relativos a este festín dejando por fuera las mercancías alusivas a los días patrios.
En muchos de nuestros colegios como en lugares de diversión nocturna es de predilección. Con la llegada del mes de noviembre la mente del panameño continúa como un ritual bastante especial en cuanto a celebración nos referimos y, es que, Panamá está considerado como el único país del mundo con más días de festividades relacionadas a los acontecimientos patrióticos.
Pero, no todo termina aquí. Es menester mencionar las festividades del mes de diciembre. Vuelve el factor comercial hacerse notar con el vuelco hacia la compra de regalos para el día de la madre, navidad y año nuevo. Luego nos acercamos al mes del impasse, enero, el mes del inicio de las vacaciones escolares, y lo defino como el mes de la preparación para las próximas fiestas, es el mes que sólo se escucha hablar de los carnavales. Con la llegada de la semana santa todo parece culminar, pero, no es así, la temporada del béisbol es otra que nos asegura el tónico perfecto para un ritmo frenético mentalmente jaranero.
Si sumamos todas estas celebraciones desde octubre hasta finalizar marzo constituyen ses meses de pasividad y ociosidad y un desviarse de nuestras obligaciones laborales.
En las oficinas públicas y privadas se oyen expresiones como: "Fulanito, no lo puede atender, hasta después de carnavales"; "deja ese asunto para después de año nuevo"; ¡¿qué te pasa?! "estamos en Semana Santa y lo mejor será que te acerques después".
Lo anteriormente expresado no es una crítica, es meramente, una manera de ver las cosas, que cualquier motivo es equivalente a fiesta, alegría, parranda y, de inanición laboral.
La reconocida antropóloga Ana Elena Porras se refiere a la identidad del panameño:
"Tenemos cultura e identidad. Es distinta a la de otros, pero es robusta y con personalidad el panameño tiene una ética de la alegría, la cual a veces calificamos de irresponsabilidad.. creo que pensamos que la vida es alegre en principio.." (La prensa, 3 de noviembre, 2005). Y, es cierto. Esta manera de ver y sentir las cosas buenas o malas es parte de la identidad nuestra.
Verdaderamente que somos un pueblo inmune a los conflictos, vacunados a favor del disfrute. Podría decir que eso es salud mental. Pero, ¿qué hay de la laboriosidad? ¿De nuestra escala de valores y prioridades? El problema de todo esto va más allá de una simple definición con respecto a la identidad del ser panameño. Es un estado de ánimo disponible para todos, pero sin garantía de un final feliz. Sin duda, en otros países existen el odio, la crueldad, las guerras.
Sin embargo, una vida de constante placer, no es de satisfacción segura, no es garantía para nadie. Los momentos que tenemos son breves y después desaparecen.
Hay que recordar que la libertad no es sinónimo de libertinaje, y no tiene nada que ver con la ociosidad, y con lo que se quiere impunemente, sin el mayor esfuerzo posible que va en detrimento de nuestra salud mental y económica.
(gemiliani@cableonda.net)