default

Lastimar a quien no puede defenderse, el peor de los delitos


Estimada Teresita: Aunque sólo pude haberte llamado, como en efecto lo hice, para comentar sobre el tema que atinadamente trataste el jueves: “La piedra de Molino al Cuello”, quiero dejar plasmado mi total acuerdo por tus apreciaciones sobre uno de los actos más espantosos que puede ocurrirle a un niño o niña: ser víctimas de aberraciones sexuales que, lamentablemente, en muchos casos son perpetradas por los mismos familiares o gente allegada del menor, quienes tenían la obligación de velar por su bienestar.

El análisis que planteas sobre este problema social, y con el cual estoy de acuerdo en la totalidad de sus conceptos, nos lleva a la reflexión de que hacen falta más programas de orientación y prevención, así como sanciones ejemplares para una toma de conciencia, no sólo de los ciudadanos en general, sino de toda la sociedad y de las autoridades, para el mejor control de la recurrencia de estos delitos, cuyas señales se encuentran plasmadas en las estadísticas de los juzgados, donde apreciamos que su impunidad provoca, sobre todo, una expresión de rabia y agresividad.

Es realmente lamentable que ocurran actos de violencia contra niños y niñas, como lo explicas en tu artículo, algunas encubiertas por parientes y, en otras ocasiones, ocultadas por las emociones y la vergüenza social, y que no se denuncien muchos casos porque abundan los prejuicios y los equívocos. Cuando queda impune una conducta de esta clase, la misma se convierte en una lacra social que provoca en los menores traumas tanto físicos como emocionales por el resto de su vida.

Ojalá que las autoridades se sensibilicen y ahora que hablamos de los derechos del niño y la niña, se enfoque y aterricen los esfuerzos en un área presente en la vida de todo ser humano, como lo es su desarrollo y orientación psicosocial.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América