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¿Le interesó a la Iglesia la ciencia?


Como científico y profesor universitario tengo que manifestarme ante las verdades a medias que aparecen en el artículo de opinión "En Belén nace la revolución científica" de Sergio Díaz Cantero (La Prensa, 25/12/08), en el que se sostiene que la Iglesia desarrolló las universidades por su interés en las ciencias.

Atribuirle a la Iglesia la fundación de las universidades por el sólo hecho de que su estructura actual se origina en la Edad Media, también da cabida a que se atribuya a la Iglesia todas las atrocidades de esa época. Decir que "Nada igual existió en la antigua Grecia o Roma" es negar la contribución de las escuelas de Sócrates, Platón y Aristóteles (y las jurídicas romanas) a lo que hoy llamamos Universidad; donde la principal diferencia está en que las escuelas antiguas no otorgaban títulos. ¿Y qué decir de las antiguas escuelas árabes? Ellas otorgaban títulos.

Si bien es cierto que las primeras universidades fueron eclesiásticas, fue porque querían "meter su cuchara" en la formación del individuo. La Universidad de hoy fue producto de la necesidad de una clase emergente, la clase burguesa, que se desarrollaba como resultado del crecimiento de ciudades alrededor de los feudos. Fue por ello que las primeras universidades fueron privadas, donde para inhibir las intromisiones de la Iglesia y el Estado, amenazaban con mudarse a otra ciudad si no se respetaba su independencia. Por ello considero una falta de respeto que en el artículo en discusión se puntualice: "Cualquier historiador serio admite la libertad intelectual que se promovía en esas jóvenes instituciones de pensamiento creadoras del clima intelectual necesario para la Revolución Científica". Es una falacia que en ese artículo se cite: "la Iglesia desarrollo la Universidad porque fue la única institución en Europa que mostró un constante interés en la preservación y cultivo del conocimiento". Similarmente, el decir que el sistema universitario europeo fue "un regalo para la humanidad de parte de los seguidores de aquel que nació en Belén" da muestra de las verdaderas intenciones del autor del artículo.

Me resulta cínico que ese artículo sustente el supuesto gran interés de la Iglesia por la ciencia, con algunas de sus contribuciones en la astronomía, cuando quemaron en la hoguera a varios por pensar que la Tierra no era el centro del Sistema Solar. Considero también una falta de respeto a mi intelectualidad el decir que la Iglesia católica es "el germen de la universidad y de la ciencia", cuando el Papa, en 1215, prohibió que en la Universidad de París se leyera o comentara sobre la metafísica y la física de Aristóteles; y más adelante, en 1231, instruye que no se aborden temas que sean contrarios a las obras teológicas.

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