Lecciones de Harry Potter
La revolución de Gutenberg se juntó con la de la Internet y parieron el fenómeno de Harry Potter. Los números del éxito de éste son abrumadores. Y el fenómeno destroza varios mitos que durante años hemos repetido, dándonos aires de intelectuales. Veamos. La mayor venta de artículo alguno en la Internet (1,300.000 ejemplares vendidos on-line antes de su aparición), es el libro más vendido en un solo día (unos ocho millones de ejemplares de la edición estadounidense de Scholastic), es el de mayor tiraje inicial (13 millones de ejemplares en lengua inglesa) y hablamos sólo del quinto tomo de una saga de siete de las aventuras de este adolescente. ¿Quién superará estas marcas? Sin duda, el sexto libro, y después el último de la saga concebida por una británica cerca de los 40, J.K. Rowling, quien con cada nuevo libro logra la hazaña de superar en interés y en calidad narrativa las aventuras del anterior. Con el buscador “Google” uno puede encontrar 3,240,000 referencias en la red a Harry Potter. Nadie le gana.
El personaje del otro éxito de librería de la temporada en Estados Unidos, la senadora Hillary R. Clinton, alcanza apenas 514,000 resultados en Google (debe preocuparse como política porque George W. Bush, tan odiado, suma 2,480,000 referencias). Marta Sahagún, nuestro personaje local de recientes libritos de chismes, apenas llega a 10,600 resultados en la búsqueda en Google, muy por debajo de su esposo, Vicente Fox, quien obtiene 216,000 referencias.
¿No se suponía que el libro era un producto cultural superado?, ¿no habíamos dicho que la Internet desplazaría al libro? Ha sucedido que la Internet, un medio en el que es necesario cifrar y descifrar con los alfabetos (conjuntos muy limitados de signos convencionales, cuyas combinaciones son infinitas y cuyas potencialidades de comunicación son infinitas, a diferencia de la televisión o de los ideogramas chinos), se puede hermanar con el invento de Gutenberg, la imprenta de tipos móviles, y provocar fenómenos como el de este quinto libro de Harry Potter, “La orden del Fénix”. Tras la invención de la imprenta en 1450 pasaron más de 50 años y 27,000 títulos diferentes de distintos autores para que la humanidad consiguiese la marca de 13 millones de libros impresos. “La orden del Fénix” igualó esa marca en un día y en un solo idioma. Para que esto fuese posible fue necesario un producto de gran calidad realizado con esmero, talento y conocimientos.
No hay que confundir los medios con el contenido: la basura en la red es igual a la basura impresa. Apesta. Rowling hace muy bien su trabajo. Eso explica que un adolescente ficticio deje muy atrás a tantos personajes de carne y hueso ávidos de celebridad.
*Analista político mexicano.
(c)www.aipenet.com
El personaje del otro éxito de librería de la temporada en Estados Unidos, la senadora Hillary R. Clinton, alcanza apenas 514,000 resultados en Google (debe preocuparse como política porque George W. Bush, tan odiado, suma 2,480,000 referencias). Marta Sahagún, nuestro personaje local de recientes libritos de chismes, apenas llega a 10,600 resultados en la búsqueda en Google, muy por debajo de su esposo, Vicente Fox, quien obtiene 216,000 referencias.
¿No se suponía que el libro era un producto cultural superado?, ¿no habíamos dicho que la Internet desplazaría al libro? Ha sucedido que la Internet, un medio en el que es necesario cifrar y descifrar con los alfabetos (conjuntos muy limitados de signos convencionales, cuyas combinaciones son infinitas y cuyas potencialidades de comunicación son infinitas, a diferencia de la televisión o de los ideogramas chinos), se puede hermanar con el invento de Gutenberg, la imprenta de tipos móviles, y provocar fenómenos como el de este quinto libro de Harry Potter, “La orden del Fénix”. Tras la invención de la imprenta en 1450 pasaron más de 50 años y 27,000 títulos diferentes de distintos autores para que la humanidad consiguiese la marca de 13 millones de libros impresos. “La orden del Fénix” igualó esa marca en un día y en un solo idioma. Para que esto fuese posible fue necesario un producto de gran calidad realizado con esmero, talento y conocimientos.
No hay que confundir los medios con el contenido: la basura en la red es igual a la basura impresa. Apesta. Rowling hace muy bien su trabajo. Eso explica que un adolescente ficticio deje muy atrás a tantos personajes de carne y hueso ávidos de celebridad.
*Analista político mexicano.
(c)www.aipenet.com