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Legalización: políticamente incorrecto


Bogotá (AIPE) Un reciente informe del diario El Espectador recoge posiciones sobre el debate de la despenalización y legalización del consumo de drogas. Cada vez más, analistas e investigadores señalan que si bien la recomendación académica es legalizar o, al menos, despenalizar y reducir los daños, la sola propuesta es un imposible político. En medio de una "guerra contra las drogas" sostenida por el paradigma prohibicionista de las sociedades consumidoras, la discusión encuentra una opinión pública poco receptiva que equipara legalización a una generalización de la adicción.
El fracaso de la cero tolerancia en la política antidrogas es evidente. Los 25 años de fumigaciones en territorio colombiano arrojan un precario balance: las hectáreas de coca aumentaron de 40 mil a 110 mil en seis años, mientras informes señalan que los cultivos de coca ya no producen tres sino cinco cosechas al año.
La tesis de una reducción de la oferta mediante interdicción y fumigación para así disminuir el consumo está siendo revisada por economistas, sociólogos y politólogos. Aproximaciones alternativas como la sustitución de cultivos ilícitos, la reducción de daños en ambientes controlados (narcosalas) y una inversión social en información se ven enfrentadas a fumigaciones imparables y deficiencias presupuestales.
La Resolución de Frankfurt es tajante: " la adicción a las drogas es un fenómeno social que no puede ser erradicado por las políticas contra las drogas sino al menos regulado y, en el mejor de los casos, controlado". Pasar de un enfoque militarista, centrado en una erradicación de cultivos en un territorio ilimitado como la Amazonia, a una política integral que junto a la acción policial contemple la información a los jóvenes, la prevención escolar, el tratamiento a los adictos y la regulación del consumo.
La propuesta de legalizar las drogas, de diferenciar la marihuana de otras sustancias más adictivas y de proteger a los consumidores del sida y de la delincuencia urbana, son aristas de un debate políticamente incorrecto que no puede ser tratado a la ligera. El problema está en darlo sin prejuicios ni imposiciones foráneas. Después de tres décadas de paradigma prohibicionista, algo difícil de alcanzar.
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Columnista del diario El Tiempo, Bogotá.

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