Legumbres a la basura
Resulta doloroso que toneladas de legumbres importadas por una cadena de supermercado local hayan sido cremadas en Cerro Patacón cual si se tratara de droga incautada; pero ese es el procedimiento previsto para el caso de traída a Panamá de productos de consumo que no cuenten con los permisos sanitarios necesarios para prevenir la introducción al país de plagas y enfermedades exógenas.
Durante el gobierno pasado, una apertura comercial mal entendida, había relajado completamente dichos controles, los cuales eran olímpicamente omitidos, sin que nadie los exigiera. Pero, a juzgar por los hechos, el cambio de gobierno debió haber sorprendido a algunos importadores, que ahora aguardan angustiados por la suerte de centenares de contenedores más de productos, que aguardan en puertos nacionales por la clemencia de las autoridades.
Según la Ley, todo importador debe obtener el permiso fitosanitario desde antes que la mercadería arribe a puertos panameños. Pero aquí se hacía al revés, esto es, que sacaban el permiso sólo cuando la mercancía llegaba a puerto, sirviendo de paso como medio de presión, por el riesgo de deterioro del producto perecedero, en una especie de juego a los hechos cumplidos.
En cualquier caso, las reglas han cambiado, o mejor dicho, su cumplimiento, a partir del advenimiento a la titularidad de la cartera de Agricultura y Ganadería, del ministro Alejandro Posse, prominente productor agropecuario de Tierras Altas. En los próximos días se incinerarán toneladas de papas congeladas de comida rápida procedente de Canadá y hasta un par de contenedores de azúcar enviada para su refine al extranjero por avivatos locales.
La exigencia de requisitos fitosanitarios no es invento nuestro, ni su incineración tampoco. Son convenios internacionales que exigen que Panamá y los demás países salvaguarden su frontera de la diseminación de plagas que pueden extenderse a naciones vecinas. Si así no hiciéramos, seguramente hoy tendríamos fiebre aftosa e igual el resto del Hemisferio Norte.
Lo de la "mancha blanca" del camarón de estanque, no fue relajo. Algún gracioso debió haber importado huevos de semilla con la bacteria, sin el permiso sanitario y, al cabo de tres meses, acabó con una de las más promisorias industrias alternativas para el interior del país, con pérdidas multimillonarias en inversiones y puestos de trabajo.
Fue el riguroso cumplimiento de los requisitos fitosanitarios lo que logró prevenir que la "fiebre de las vacas locas" infectara desde Gran Bretaña al resto de Europa y saltara de allá al Nuevo Continente. Fue asimismo ese requisito el que previno que alimentos contaminados de dioxina procedentes de Bélgica, se esparcieran por las naciones socias.
Y por la misma razón, no era procedente donar el producto a hospitales y entidades de caridad, porque igual riesgo representaría para el resto del país y porque sus usuarios merecen igual tutela de salud que los demás ciudadanos. En fin, entendamos que son reglamentos internacionales de salud pública que debemos cumplir y, en eso, no debe haber concesiones ni excepciones.
Durante el gobierno pasado, una apertura comercial mal entendida, había relajado completamente dichos controles, los cuales eran olímpicamente omitidos, sin que nadie los exigiera. Pero, a juzgar por los hechos, el cambio de gobierno debió haber sorprendido a algunos importadores, que ahora aguardan angustiados por la suerte de centenares de contenedores más de productos, que aguardan en puertos nacionales por la clemencia de las autoridades.
Según la Ley, todo importador debe obtener el permiso fitosanitario desde antes que la mercadería arribe a puertos panameños. Pero aquí se hacía al revés, esto es, que sacaban el permiso sólo cuando la mercancía llegaba a puerto, sirviendo de paso como medio de presión, por el riesgo de deterioro del producto perecedero, en una especie de juego a los hechos cumplidos.
En cualquier caso, las reglas han cambiado, o mejor dicho, su cumplimiento, a partir del advenimiento a la titularidad de la cartera de Agricultura y Ganadería, del ministro Alejandro Posse, prominente productor agropecuario de Tierras Altas. En los próximos días se incinerarán toneladas de papas congeladas de comida rápida procedente de Canadá y hasta un par de contenedores de azúcar enviada para su refine al extranjero por avivatos locales.
La exigencia de requisitos fitosanitarios no es invento nuestro, ni su incineración tampoco. Son convenios internacionales que exigen que Panamá y los demás países salvaguarden su frontera de la diseminación de plagas que pueden extenderse a naciones vecinas. Si así no hiciéramos, seguramente hoy tendríamos fiebre aftosa e igual el resto del Hemisferio Norte.
Lo de la "mancha blanca" del camarón de estanque, no fue relajo. Algún gracioso debió haber importado huevos de semilla con la bacteria, sin el permiso sanitario y, al cabo de tres meses, acabó con una de las más promisorias industrias alternativas para el interior del país, con pérdidas multimillonarias en inversiones y puestos de trabajo.
Fue el riguroso cumplimiento de los requisitos fitosanitarios lo que logró prevenir que la "fiebre de las vacas locas" infectara desde Gran Bretaña al resto de Europa y saltara de allá al Nuevo Continente. Fue asimismo ese requisito el que previno que alimentos contaminados de dioxina procedentes de Bélgica, se esparcieran por las naciones socias.
Y por la misma razón, no era procedente donar el producto a hospitales y entidades de caridad, porque igual riesgo representaría para el resto del país y porque sus usuarios merecen igual tutela de salud que los demás ciudadanos. En fin, entendamos que son reglamentos internacionales de salud pública que debemos cumplir y, en eso, no debe haber concesiones ni excepciones.