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Levantando la esperanza


Levantar la esperanza es, sin duda, la tarea de nuestros días. La situación que vive el país es agobiante, porque es indefinida, y lleva demasiado tiempo. Las horas y los días que transcurren van dejando sus secuelas de amargura, tristeza, nerviosismo y decaimiento. La consecuencia es el tono agrio de las relaciones recíprocas, en los lugares de trabajo, en los barrios, en las familias. Ese es el desafío que nos presenta la urgencia nacional de levantar la cabeza y mirar hacia un horizonte de esperanza, de reconstruir la historia, de recomenzar una marcha que, desde ya, nos debe llevar al triunfo futuro, ganado con sudor y lágrimas. El resurgir de Panamá será como un largo camino que debe finalizar con un claro amanecer de optimismo.
Todos tenemos que infundirnos ánimo. No se trata de inspirar momentáneas palabras ingeniosas de consuelo, no se trata de un discurso que evade la realidad. Se trata de acudir a la fuerza interior que hay en cada persona que, sorprendentemente, crece junto a actitudes similares. Por ahí, en el Quijote, dice Cervantes: "Suele suceder que el hombre ante el peligro, por el temor de vencerlo, saca del ánima inesperada fuerza". A esa inesperada fuerza, a esa, probablemente desconocida fuerza de ánimo que habita en cada uno de los panameños, hay que apelar en esta etapa.
Infundir ánimo es la tarea de los líderes, padres de familia, personas mayores, maestros, guías religiosos, medios de comunicación social, gobernantes. Infundir es ayudar a descubrir la "inesperada fuerza del ánimo", es comprometer, no permitir que haya quienes sin hacer nada esperan el esfuerzo de los demás. Los que se autosatisfacen en sus cerrados discursos sin compromiso son enemigos del compromiso ciudadano que reclama el país.
Para levantar el ánimo es necesario rechazar las actitudes de quienes son incapaces de abrir perspectivas optimistas. Esos consagrados al derrotismo que sólo alcanzan a quejarse, simplemente no aportan al juego social sino que juegan en contra. Si no cambian, hay que prescindir de ellos. El presente es para los vencedores. Los vencedores conocen los riesgos, los peligros, los altibajos. Saben que todo eso, y algunas cosas más, están en el camino del triunfo, pero están convencidos de que vale la pena luchar.
Conservar el ánimo es fundamental para levantar la esperanza. Mirar las realidades con los ojos bien abiertos, sin miedos, posibilita mantener la salud del ánima. En estos difíciles momentos, la Patria convoca a quienes desde la potencialidad del alma pueden hacer dar al país un giro fundamental e histórico.

101 años de Panamá América

 
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