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Ley de Cine, un hito histórico


Llegamos. No importa si detrás de Colombia, Costa Rica, Guatemala, Sur América, Cuba, El Salvador, Honduras y otros países que se nos adelantaron hace buen rato. Pero llegamos. Ya el país tiene una Ley de Cine, la Ley No. 36 de 19 de julio de 2007, en buena hora sancionada por el presidente de la República, Martín Torrijos Espino, que fomenta la industria cinematográfica y audiovisual en el territorio nacional, promueve la protección y la conservación del patrimonio audiovisual panameño y estimula la cultura audiovisual en la población. Estos estímulos se refieren a la producción de obras cinematográficas y audiovisuales panameñas; para los productores y directores de obras de largo, medio y cortometraje que hayan obtenido premios en los festivales cinematográficos internacionales, becas para la formación de profesionales, apoyo para el establecimiento y mejoramiento de las salas de exhibición, proyectos de investigación y la creación de una cinemateca.
El cine, invento que conmocionó a la humanidad, se constituyó en un verdadero arte desde sus comienzos. Pero también ha ejercido un papel preponderante en la historia al ser, desde sus inicios, un documento de la vida de la época. Sus tres características, la de entretenimiento, la documental y la artística las ha conservado a través del tiempo y en la ilusión de todos los que se implican en su mundo, productores, guionistas, directores, actores, espectadores, etc.
El cine es cultura, arte, memoria, industria, comercialización, archivo histórico e instrumento de educación, formación y crecimiento. Pero, además, es un poderoso medio de comunicación de masas que influye día a día en la conciencia y la mentalidad del ser humano. Se ha intentado convertir este arte en un mero producto cultural destinado al entretenimiento más trivial, entretenimiento que cada día adopta más la apariencia de cierta alienación del espíritu, o lo que es más terrible aún, del pensamiento. Por ello debemos reivindicarlo y darle su justo lugar en el desarrollo del pensamiento y la cultura nacional.
Para los cineastas panameños que han venido realizando sus películas a través de múltiples odiseas este es un momento histórico. No puedo dejar de mencionar al Grupo Experimental de Cine Universitario que, a pesar de las limitaciones y carencias, se ha esforzado por hacer del cine panameño un cine que busca el rescate de la identidad nacional y que ha tratado de preservar la memoria histórica de nuestro país; al Centro de Imagen y Sonido (CIMAS); a ASOCINE y otros pioneros que deben ser reconocidos por la historia.
Igualmente todos los realizadores que con buenas o malas películas se han acercado a este arte con su propio capital y sacrificio personal y que han persistido, a pesar de la indiferencia y de luchar para que los exhibidores y distribuidores aprecien su trabajo. Debemos apreciar también el enorme esfuerzo de SERTV en darle a la imagen el sitio que se merece; fuente de cultura y educación. Hay toda una generación joven, creadora y capaz que está haciendo cine. Unos reconocidos más afuera que adentro y que ahora tendrán posibilidades de desarrollar su talento y su creación con este impulso económico que ha recibido a través de esta ley.


En otros puntos de la urbe capitalina, la situación es igual o hasta peor. El Parador, Las Colinas, Vía España, son escenarios de múltiples violaciones a los reglamentos de tránsito, destacando las rutas de Mañanitas, Pedregal, Torrijos-Carter y Tocumen.
No faltaron aquellos conductores, cuyos buses se quedaban en el camino por la falta de mantenimiento, ese es el caso de un bus de la ruta Transístmica-Veranillo con placa 8B-3865.
Este vehículo, a las 7:00 a.m., frente al sector de El Ingenio, en Betania, quedó dañado causando tranque.
La situación se calma pasada las 9:00 a.m., después de 4 horas en que la ciudad queda envuelta en un caos de tranques, peligro y nerviosismo.


Llegada las 3:30 p.m., continúa otra aventura, pero esta vez es más peligrosa, ya que el usuario va con síntomas de hambre y necesitará agilizar el viaje hasta llegar a su hogar.
La situación es más tensa, todos desean abordar el bus y hacen lo imposible por montarse en uno de su ruta, los "buseros" hacen bingo durante cuatro horas más.
Los "diablos rojos" convierten las calles en escenarios de pelea, ya que la lucha por las paradas es agresiva y en ellas todo se vale, desde pasarse la luz roja; tirarle el vehículo a cualquiera; si el otro conductor no se quita saldrá perdiendo, tomar por el carril contrario hasta cerrarle el paso al bus que estaba por salir.



101 años de Panamá América

 
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