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Ley Freno


Mientras pocos saborean las mieles del poder, las mayorías saborean la hiel del abandono. La falta de controles administrativos y fiscales permiten los abusos de recursos estatales, que aportamos los panameños. Jugosos salarios y absurdos privilegios para una cúpula gubernamental, contrastan con los sueldos de hambre de empleados públicos y privados.

El hambre ya no es sólo la oprobiosa realidad para las áreas indígenas y rurales, sino que está entronizándose en la capital y cabeceras de provincias. Niños y adultos indígenas y de barrios marginales mueren, básicamente, por la desnutrición que sufren por generaciones, sin servicios de salud ni medicinas. Mientras se gastan miles y millones en una burocracia cruel e inhumana que, desvergonzadamente, trata de justificar viajes y champaña, autos, celulares y reuniones-fiestas en hoteles de playa. Los elegidos y nombrados para administrar el Estado disponen a su antojo de los dineros que no les pertenecen y se reparten el pastel antes que acabe su período. No es percepción, sino hechos reales. Las instituciones encargadas de controlar esos abusos ?MEF-Contraloría-Defensoría del Pueblo-, no cumplen con sus funciones, y carecen de elementos para frenar el despilfarro. Vivimos a merced de abusadores (as) que no se sonrojan por lo que hacen; lo ven normal y ni se preocupan. Han perdido la vergüenza.

La sociedad civil debe elaborar y lograr que se apruebe una ley popular con 5,000 firmas de ciudadanos panameños, y que con sólo este requisito sea promulgada como Ley del Estado, que establecerá un máximo: de viajes por año (6), de acompañantes(3), de gastos por viaje y de días de viaje. Tenemos ese derecho, es nuestro dinero. No obstante, alabamos el crecimiento, mismo que el FMI alaba para Panamá, ignorando a sabiendas que el pueblo no participa de ello y que, por el contrario, hay más hambre y pobreza con su secuela de graves perjuicios sociales.

101 años de Panamá América

 
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