Leyendo entre líneas los índices de mortalidad
Revisando los datos de mortalidad de la Dirección Nacional de Políticas de Salud del ministerio del ramo, advertimos algunos datos que pueden escapar a los ojos de un lector desprevenido. Para empezar, recordemos que hoy tiene lugar una dura polémica en torno a los ajustes que se requieren para remediar el déficit del programa de pensiones de invalidez, vejez y muerte del Seguro Social. Al respecto, una de las reformas que se sugiere, planteada por este diario, consiste en igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres situada hoy en 62 y 57 años respectivamente.
Hemos dicho que, en la mayoría de los países desarrollados, la edad se iguala en ambos sexos. Pero muchos sectores aquí se oponen; pensamos que más por ignorancia que por razones objetivas. Las mujeres viven más y se enferman menos. Si alguna desigualdad debe haber - que para nosotros ninguna - sería a favor de los varones.
Las cifras del 2001 indican que murieron más hombres que mujeres en proporción arrolladora en todos los rubros, siendo los mayores, en unos y otros respectivamente (en número y cantidad por cada 100 mil habitantes) el cáncer (1102 y 75 a 909 y 63), isquemias cardíacas (722 y 49 a 493 y 34), cerebrovasculares (705 y 48 a 662 y 46), SIDA (260 y 25 a 113 y 8), pulmonares (315 y 21 a 240 y 17). Se observará que en los rubros de isquemias cardíacas y SIDA los índices casi se doblan en el caso de los hombres. Esta última, por cierto, se ha convertido rápidamente en la cuarta causa de muerte en pocos años, y va en aumento.
Hay explicaciones biológicas que favorecen a la mujer para una mayor expectativa de vida que se amplía en proporción de 77.3 contra 72.6 años. Siendo así es obvio que mientras más pronto se pensione al grupo humano que más años vive, mayor será la erosión de las reservas del fondo de jubilación. Insistimos que aquí algunas cosas las hacemos al revés. Se estima que las mujeres tienen un blindaje hormonal natural que las protege contra los infartos, no así los varones. El blindaje cesa o se debilita en el cambio de vida o menopausia. Igual, el aparato reproductor femenino, con su gruesa mucosa que se renueva cada mes, brinda una protección contra el SIDA, que no tienen los varones. De allí la mayor vulnerabilidad de los últimos en renglones apuntados.
Otro detalle es que, si bien las campañas de salud enfatizan en la prevención del cáncer del útero, a través de las pruebas de papanicolau, el Instituto Oncológico reporta que mueren 22% más de hombres de cáncer en la próstata que las mujeres de cáncer en el cuello de útero (231 contra 144 en 1999). En consecuencia, hay que arreciar las campañas de prevención en ambos casos. El informe destaca una alarmante escasez de especialistas oncólogos. Sólo hay 25 en todo el país, en el rubro que encabeza las causas de muerte. Eso es inconcebible.
El Ministerio de Salud y las universidades deben estimular que haya más especialistas en ese ramo. También se confirma que hay que cuidar la hipertensión arterial, no importa el sexo. Ella es la segunda causa de muerte por enfermedad a la edad de 20 a 59 años y la primera en gente mayor. Esto se previene con un examen indoloro que tarda tres minutos y suele ser gratuito en las clínicas públicas y privadas.
Morirse de cáncer es explicable, por su difícil y costosa detección temprana, pero morir por alta presión es inexplicable en circunstancias normales. Igual cabe para el SIDA y el cáncer de próstata ubicadas en cuarto y primer lugar en el rango.
Hemos dicho que, en la mayoría de los países desarrollados, la edad se iguala en ambos sexos. Pero muchos sectores aquí se oponen; pensamos que más por ignorancia que por razones objetivas. Las mujeres viven más y se enferman menos. Si alguna desigualdad debe haber - que para nosotros ninguna - sería a favor de los varones.
Las cifras del 2001 indican que murieron más hombres que mujeres en proporción arrolladora en todos los rubros, siendo los mayores, en unos y otros respectivamente (en número y cantidad por cada 100 mil habitantes) el cáncer (1102 y 75 a 909 y 63), isquemias cardíacas (722 y 49 a 493 y 34), cerebrovasculares (705 y 48 a 662 y 46), SIDA (260 y 25 a 113 y 8), pulmonares (315 y 21 a 240 y 17). Se observará que en los rubros de isquemias cardíacas y SIDA los índices casi se doblan en el caso de los hombres. Esta última, por cierto, se ha convertido rápidamente en la cuarta causa de muerte en pocos años, y va en aumento.
Hay explicaciones biológicas que favorecen a la mujer para una mayor expectativa de vida que se amplía en proporción de 77.3 contra 72.6 años. Siendo así es obvio que mientras más pronto se pensione al grupo humano que más años vive, mayor será la erosión de las reservas del fondo de jubilación. Insistimos que aquí algunas cosas las hacemos al revés. Se estima que las mujeres tienen un blindaje hormonal natural que las protege contra los infartos, no así los varones. El blindaje cesa o se debilita en el cambio de vida o menopausia. Igual, el aparato reproductor femenino, con su gruesa mucosa que se renueva cada mes, brinda una protección contra el SIDA, que no tienen los varones. De allí la mayor vulnerabilidad de los últimos en renglones apuntados.
Otro detalle es que, si bien las campañas de salud enfatizan en la prevención del cáncer del útero, a través de las pruebas de papanicolau, el Instituto Oncológico reporta que mueren 22% más de hombres de cáncer en la próstata que las mujeres de cáncer en el cuello de útero (231 contra 144 en 1999). En consecuencia, hay que arreciar las campañas de prevención en ambos casos. El informe destaca una alarmante escasez de especialistas oncólogos. Sólo hay 25 en todo el país, en el rubro que encabeza las causas de muerte. Eso es inconcebible.
El Ministerio de Salud y las universidades deben estimular que haya más especialistas en ese ramo. También se confirma que hay que cuidar la hipertensión arterial, no importa el sexo. Ella es la segunda causa de muerte por enfermedad a la edad de 20 a 59 años y la primera en gente mayor. Esto se previene con un examen indoloro que tarda tres minutos y suele ser gratuito en las clínicas públicas y privadas.
Morirse de cáncer es explicable, por su difícil y costosa detección temprana, pero morir por alta presión es inexplicable en circunstancias normales. Igual cabe para el SIDA y el cáncer de próstata ubicadas en cuarto y primer lugar en el rango.