Leyes injustas
Yo no sé, y tal vez pocos saben, desde cuándo el hombre hizo leyes bestiales y estúpidas contra los otros hombres. Sería ésta una bonita tarea para que un historiador o abogado se interesara en la investigación de este problema inmemorial. Supongo que estas leyes existen, y quizás existirán, mientras la ignorancia, intolerancia y prepotencia, aniden en el alma de esos hombres. El político italiano Giulio Andreoti decía que "Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean".
La historia de los hombres está llena de injusticias que se impusieron por medio de leyes. La bestialidad y la perversidad de los poderosos se tradujo en leyes que sometieron y esclavizaron a los hombres desde que aparecieron en el planeta; y algunas están vigentes todavía. Conste, que no estoy hablando de pueblos sumidos o recién salidos de la barbarie. Estoy hablando de los pueblos más civilizados de la tierra; y de otros que no son tan civilizados. No hablo del hombre de las cavernas, insisto, sino de hombres mucho más recientes. A todos nos conmovió la historia del miserable Juan Valjean, que fue llevado a prisión por robar un pan, y condenado tres veces más por infructuosos intentos de fuga, lo que aumentó su pena a casi veinte años en el presidio. Se dirá que esa fue una novela; pero no, esas eran las leyes que imperaban en Francia contra los humildes, y que se suavizaron tal vez por la influencia que tuvo la famosa obra de Víctor Hugo.
No hace doscientos años todavía que en algunos estados de Estados Unidos obligaban a la mujer adúltera a llevar sobre su pecho la letra roja que la señalaba para toda la vida por el delito que había cometido. Esa letra "A" en rojo la tenía que llevar por todas partes por donde caminara; y se le ofendía y apedreaba. Y hoy, está en la espera de un juicio por el mismo delito una pobre mujer africana, viuda, que fue embarazada por un hombre que no fue su difunto marido. Los códigos están llenos de estupideces consagradas por la perversidad.
¿Qué se puede decir de la persecución implacable que se desató contra el presidente norteamericano Bill Clinton por haber negado, caballerosamente, que él había tenido relaciones íntimas con una muchacha que le había expresado que estaba loca por él? Estados Unidos regresó a los períodos más bárbaros de sus historias. El escritor francés Jules Renard decía que dos cosas lo habían impresionado en su vida: la humanidad de las bestias y la bestialidad de los hombres.
Leo por ahí que a la madre de Sofía Loren, por ser madre soltera, casi la obligan a dar a su hija en adopción o internarla en un orfanatorio. Para evitarlo, su padre fue obligado a firmar los documentos para darle el apellido a la famosa actriz. Y después, casi por dos décadas, Sofía Loren y su marido, Carlo Ponti, fueron tratados como criminales en Italia, donde hasta 1970, les era negado a sus ciudadanos el derecho al divorcio sin la aprobación del Vaticano. Y no agreguemos nada a la humillación y retractación a la que obligaron al sabio Galileo, porque afirmó que la tierra no era el centro del Universo, como lo señalaban las milenarias y torpes leyes de la Iglesia.
¿Y qué les pareció aquella ley panameña que le entregaba el país a un dictador para que hiciera aquí lo que le diera la gana? Precedente histórico en que ningún otro pueblo del mundo nos ganó en bajeza y servilismo. Y recuerdo también, que por medio de una ley que aplicó un ministro de Gobierno y Justicia de infeliz recordación, cerraron mi programa radial durante más de cuatro meses, porque yo decía cosas que no agradaban a los dictadores que nos gobernaban...
Dice el escritor norteamericano Wayne W. Dyer, que si reflexionamos sobre la mayoría de los males contra la humanidad, veremos, que casi todos se han realizado con el beneplácito de las leyes. Recordó que a Sócrates lo ajusticiaron porque la ley decía que era el trato adecuado para los disidentes intelectuales. Que Juana de Arco fue quemada en la hoguera porque así lo dictaba la ley. Que Herodes ordenó el asesinato de todos los niños varones del país, porque ese fue su mandato. Y asegura Wayne Dyer que, cuando nació su madre, en las primeras décadas del siglo XX, la mitad de la población -es decir, el ciento por ciento de las mujeres-, no podían votar en Estados Unidos. Y que cuando él mismo nació (en1940), millones de personas eran llevadas en masa a campos de concentración y se confiscaban todas sus posesiones a causa de las leyes inhumanas. " Las leyes dictaban que las personas de color se sentaran en la parte posterior de los autobuses, bebieran en fuentes separadas, tuvieran vida aparte y menos oportunidades..."
Wayne Dyer insiste, en que no mencionemos las leyes y las normas de la sociedad para justificar nuestras acciones. " Las personas que verdaderamente entienden lo que significa la confianza en uno mismo saben que ha de vivir según la ética, no según las normas... Aspirar a convertirnos en seres más valiosos significa eliminar nuestra confianza en la conformidad". Y recuerda, que cuando el filósofo Emerson hablaba y escribía contra la esclavitud, ésta era legal y estaba protegida por la sociedad.
Sería importante que en Panamá se derogaran todas las leyes, injustas y estúpidas, que todavía tienen vigencia desde la dictadura y mucho más atrás. ¿ Recuerdan que hace unos meses llevaron a declarar a dos periodistas, encadenados, por un supuesto delito que no había sido bien definido ni comprobado? ¡Cuánta estupidez!, fueron las últimas palabras del genial escritor inglés Somerset Maugham.
La historia de los hombres está llena de injusticias que se impusieron por medio de leyes. La bestialidad y la perversidad de los poderosos se tradujo en leyes que sometieron y esclavizaron a los hombres desde que aparecieron en el planeta; y algunas están vigentes todavía. Conste, que no estoy hablando de pueblos sumidos o recién salidos de la barbarie. Estoy hablando de los pueblos más civilizados de la tierra; y de otros que no son tan civilizados. No hablo del hombre de las cavernas, insisto, sino de hombres mucho más recientes. A todos nos conmovió la historia del miserable Juan Valjean, que fue llevado a prisión por robar un pan, y condenado tres veces más por infructuosos intentos de fuga, lo que aumentó su pena a casi veinte años en el presidio. Se dirá que esa fue una novela; pero no, esas eran las leyes que imperaban en Francia contra los humildes, y que se suavizaron tal vez por la influencia que tuvo la famosa obra de Víctor Hugo.
No hace doscientos años todavía que en algunos estados de Estados Unidos obligaban a la mujer adúltera a llevar sobre su pecho la letra roja que la señalaba para toda la vida por el delito que había cometido. Esa letra "A" en rojo la tenía que llevar por todas partes por donde caminara; y se le ofendía y apedreaba. Y hoy, está en la espera de un juicio por el mismo delito una pobre mujer africana, viuda, que fue embarazada por un hombre que no fue su difunto marido. Los códigos están llenos de estupideces consagradas por la perversidad.
¿Qué se puede decir de la persecución implacable que se desató contra el presidente norteamericano Bill Clinton por haber negado, caballerosamente, que él había tenido relaciones íntimas con una muchacha que le había expresado que estaba loca por él? Estados Unidos regresó a los períodos más bárbaros de sus historias. El escritor francés Jules Renard decía que dos cosas lo habían impresionado en su vida: la humanidad de las bestias y la bestialidad de los hombres.
Leo por ahí que a la madre de Sofía Loren, por ser madre soltera, casi la obligan a dar a su hija en adopción o internarla en un orfanatorio. Para evitarlo, su padre fue obligado a firmar los documentos para darle el apellido a la famosa actriz. Y después, casi por dos décadas, Sofía Loren y su marido, Carlo Ponti, fueron tratados como criminales en Italia, donde hasta 1970, les era negado a sus ciudadanos el derecho al divorcio sin la aprobación del Vaticano. Y no agreguemos nada a la humillación y retractación a la que obligaron al sabio Galileo, porque afirmó que la tierra no era el centro del Universo, como lo señalaban las milenarias y torpes leyes de la Iglesia.
¿Y qué les pareció aquella ley panameña que le entregaba el país a un dictador para que hiciera aquí lo que le diera la gana? Precedente histórico en que ningún otro pueblo del mundo nos ganó en bajeza y servilismo. Y recuerdo también, que por medio de una ley que aplicó un ministro de Gobierno y Justicia de infeliz recordación, cerraron mi programa radial durante más de cuatro meses, porque yo decía cosas que no agradaban a los dictadores que nos gobernaban...
Dice el escritor norteamericano Wayne W. Dyer, que si reflexionamos sobre la mayoría de los males contra la humanidad, veremos, que casi todos se han realizado con el beneplácito de las leyes. Recordó que a Sócrates lo ajusticiaron porque la ley decía que era el trato adecuado para los disidentes intelectuales. Que Juana de Arco fue quemada en la hoguera porque así lo dictaba la ley. Que Herodes ordenó el asesinato de todos los niños varones del país, porque ese fue su mandato. Y asegura Wayne Dyer que, cuando nació su madre, en las primeras décadas del siglo XX, la mitad de la población -es decir, el ciento por ciento de las mujeres-, no podían votar en Estados Unidos. Y que cuando él mismo nació (en1940), millones de personas eran llevadas en masa a campos de concentración y se confiscaban todas sus posesiones a causa de las leyes inhumanas. " Las leyes dictaban que las personas de color se sentaran en la parte posterior de los autobuses, bebieran en fuentes separadas, tuvieran vida aparte y menos oportunidades..."
Wayne Dyer insiste, en que no mencionemos las leyes y las normas de la sociedad para justificar nuestras acciones. " Las personas que verdaderamente entienden lo que significa la confianza en uno mismo saben que ha de vivir según la ética, no según las normas... Aspirar a convertirnos en seres más valiosos significa eliminar nuestra confianza en la conformidad". Y recuerda, que cuando el filósofo Emerson hablaba y escribía contra la esclavitud, ésta era legal y estaba protegida por la sociedad.
Sería importante que en Panamá se derogaran todas las leyes, injustas y estúpidas, que todavía tienen vigencia desde la dictadura y mucho más atrás. ¿ Recuerdan que hace unos meses llevaron a declarar a dos periodistas, encadenados, por un supuesto delito que no había sido bien definido ni comprobado? ¡Cuánta estupidez!, fueron las últimas palabras del genial escritor inglés Somerset Maugham.