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¿Leyes para quién?


Las leyes y reglamentos para qué son, me he preguntado muchas veces. Existen muchas, pero las que se cumplen son sólo por parte de minorías. El panameño, en términos generales, piensa que las mismas se han hecho para otros, pero no para él. Todos los sectores, políticos, económicos, laborales, etc., las violan constantemente. Existen, lamentablemente, una impunidad colectiva. Como ejemplo de lo que afirmo, podemos tomar algunos casos. Veamos:
Los conductores de taxis y de autobuses siempre se manifiestan públicamente a favor de que se establezcan disposiciones que regulen el tránsito por nuestras calles y avenidas, pero las mismas, piensan ellos, deben ser de cumplimiento para los autos particulares y no para ellos. Si un taxi o un autobús se desvía de sus rutas; si estos van a velocidades más allá de los límites establecidos o si se pasan una luz roja, protestan colectivamente por lo que ellos llaman "una persecución", porque se les extiende una boleta por la infracción cometida. Se dan casos en que muchos de ellos las botan o las dejan acumular en la guantera del vehículo sin prestarle la menor importancia a las mismas.
La prensa registró lo insólito de un chofer de los terribles "diablos rojos" que tenía en su poder un cerro de boletas que, por supuesto, nunca tuvo la intención de cumplir con la sanción que sus faltas merecían. Cualquiera que pase por el túnel que conduce al Corredor Sur notará un letrero muy visible que dice: "Ud. está entrando al túnel, por favor, encienda las luces de su auto". No sé si yo he tenido suerte, pero nunca he visto un solo auto que las encienda. Es el concepto muy difundido de que "esto no es conmigo". Se viola simplemente la ley y no hay sanción para nadie.
Los panameños tenemos que entender que las leyes, reglamentos y las disposiciones que regulan el comportamiento en nuestra sociedad son de cumplimiento obligatorio para poder lograr una convivencia que brinde beneficios colectivos. Tenemos que encontrar el origen de ese comportamiento irregular y estoy seguro que llegaremos al hogar, a la escuela y a la dirigencia de los grupos organizados.
Las costumbres hogareñas han cambiado mucho en los últimos lustros. Por razones muy variadas, hoy, lamentablemente existe menos comunicación entre padres e hijos. La responsabilidad laboral de los cónyuges; el tiempo que requiere la movilización de los mismos de la casa al trabajo y viceversa, dejan, entre otras cosas, poco tiempo para la comunicación familiar. La escuela, por su parte, en términos generales, ha venido disminuyendo la calidad de la educación. Los sindicatos, en un buen número, dedican sus esfuerzos al logro exclusivo de beneficios materiales. Allí está como muestra la SUNTRAC que con su dirigencia anarquista influye negativamente en los esfuerzos que deben hacerse colectivamente para inculcarle a su membresía el concepto de que todo derecho conlleva también obligaciones. Para ellos "el respeto al derecho ajeno es la paz" de Benito Juárez no tiene sentido, ni se han detenido a reflexionar sobre el profundo contenido del pensamiento del patriota mexicano.
No se crea por un instante, que sólo con estos sectores que he mencionado como simples ejemplos, los que violan deliberadamente las leyes. Existen, en otros grupos, como los empresariales, donde hay individuos que siempre buscan afanosamente cómo evitar el pago o la disminución de sus impuestos y cómo le dan la vuelta a la interpretación de ciertas leyes para lograr beneficios personales y otras "maromas" parecidas.
El mal apuntado es colectivo, no es patrimonio de ningún sector y solo podremos afrontarlo para lograr un país de orden y respeto si comenzamos por dar mejores ejemplos en la casa, en la escuela y en el trabajo e inculquemos que es "la ley y no el hombre quien debe gobernarnos".

101 años de Panamá América

 
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