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Leyes que empobrecen


La ley es un mecanismo esencial de toda sociedad que surge como consecuencia de esa fatal tendencia humana de vivir a expensas de los demás. En el siglo XIX el extraordinario ecónomo político, parlamentario y teorista francés, Claude Frédéric Bastiat, hablaba y escribía en los términos más sencillos sobre temas considerados muy complejos; pero no por serlo, sino porque los hacemos así para obnubilar a los ciudadanos de manera que sean más domesticables. Veamos algunos ejemplos.

Bastiat nos decía que la ley no es más que "la organización colectiva del derecho individual de legítima defensa". Cada persona está dotada por su divina naturaleza humana del derecho a defender su personalidad, libertad y su propiedad, elementos que constituyen lo básico para conservar la vida; y eso nadie, ni la Constitución de un país, nos lo puede quitar de manera legítima. Nuestras facultades no son más que la extensión de nuestra personalidad, como lo es nuestra propiedad; que dicho de otra manera, es: "Lo propiamente nuestro", reconocido en los Mandamientos como "no robarás".

Como cada persona tiene el derecho natural de defenderse y por tanto de defender sus derechos personales, inclusive por la fuerza, es lógico que cuando se unen lo hacen para aumentar esos derechos individuales y no para menguarlos. Así es que el sentido del Estado está vitalmente ligado al bienestar del individuo y no al revés. Por ello, el derecho colectivo, que tantos cacarean como responsabilidad social u otros eufemismos, descansa y es inseparable del derecho individual. Al tutelar el derecho de la persona se está tutelando el derecho del colectivo; y cuando pisoteamos el derecho del individuo alegando un interés colectivo o social, estamos afectando al mismo colectivo que falsamente decimos proteger.

Obvio que no es legítimo que una persona atente contra la persona de otro, por lo mismo la fuerza del Estado tampoco debe prestarse para disminuir los derechos de libertad de los individuos. Perverso es el dominio de pocos sobre muchos, pero aún más perverso es el uso de la democracia como instrumento del dominio de muchos sobre pocos. No tiene nada de democrático usar la fuerza del Estado para robarle sus derechos personales a un ciudadano bajo la premisa de que con ello se favorece al colectivo; como sería la famosa repartición de la riqueza cuando es mal vista, al estilo Robín Hood. Por ejemplo, cuando se le quita más impuestos porcentualmente a uno por el mero hecho de tener más. Si todos pagamos 10%, eso es entendible; pero ¿por qué han de pagar unos 10% y otros 50%? Con ello le estás quitando a uno lo que es de su propiedad y nada garantiza que quien quita; es decir, el Estado y sus políticos, le darán mejor uso a esos fondos y beneficiarán al colectivo.

La ley está para "mantener a cada uno en su derecho" y para que reine la justicia. En un gobierno que funcione así habría menos pobres, mucho más orden y muchos menos políticos y funcionarios públicos dilapidando sus valores en tareas inútiles, cuando podrían estar contribuyendo de manera mucho más efectiva al bienestar tanto suyo como de todos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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