Libertad de expresión
El domingo 25 de febrero se publicó en El Panamá América un artículo de mi colega columnista Eloy Grimaldos, titulado: ¿Prensa libre e imparcial? Lo que allí describe que le sucedió en el diario El Universal con las columnas que escribía semanalmente en el mismo, es inaudito, pero no extraño.
No sé si recuerdan que hace aproximadamente cinco años, yo escribía columnas en El Universal los miércoles, a la vez que los sábados en este periódico. Un día que le correspondía salir mi columna, no apareció y no me dieron ninguna explicación. Ante mi insistencia, me pidieron disculpas y la publicaron al día siguiente. Pero luego de algunas semanas, sucedió lo mismo y hasta allí llegó mi relación con el diario. El Director de entonces no me recibía ni las llamadas. No se hizo esperar mi respuesta en El Panamá América dando una explicación a los lectores que eran los únicos que me importaban.
Pero, si creen que eso es todo, tuve otro incidente en Radio Mía que, por falta de espacio no contaré. Por esto, cuando leí la columna de Eloy, recordé lo que me sucedió en el mismo periódico. Lo que él describe sobre el editorialista de Caracas y de Lou Dobbs en CNN, es una de las situaciones más tristes para un periodista. Cuando uno escribe dentro de un régimen dictatorial, se considera normal la censura abierta o encubierta que ponen a los medios de comunicación y esto es algo comprensible y hasta aceptado por todos. En Panamá ya lo hemos vivido igual que en otros países.
Pero, cuando se escribe o habla en democracia y más en la norteamericana, resulta difícil comprenderlo, ya que son los dueños de los medios quienes implantan la censura por conveniencia política o económica. Personalmente acepto las líneas políticas o ideológicas de los medios, porque apoyan a tal o cual candidato o gobernante después y defiendan las obras o las posiciones de los mismos. Lo que no acepto o comprendo es la autocensura tan sólo por no molestar a los gobernantes de turno o sacar provecho de una posición con los mismos.
Esa censura es más triste porque se hace en democracia, cuando se supone que los gobiernos respetan la libertad de expresión. Comprendo que los periodistas no puedan protestar y se limiten a utilizar su inteligencia y su preparación para satisfacer las tendencias de los dueños de medios porque muchos de ellos defienden su salario; pero no comprendo la gritería de esos mismos periodistas cuando un gobierno quiere reglamentar su sistema de trabajo, el respeto y la disciplina en lo que escriben y dicen.
La libertad de expresión no es insultar ni mentir; no es publicar obscenidades; libertad es poder decir lo que conviene a los intereses del país sin cortapisas ni defender o atacar a un gobierno, porque esa es la línea de los dueños o dirigentes del medio.
Me hago solidaria con Eloy Grimaldos, porque ha sido calcado de lo que me sucedió a mí y en el mismo periódico. Las columnas de Eloy son constructivas y analíticas de los problemas y los personajes del gobierno y no gobierno. Desde esta columna te digo que te apoyo en tu posición.
A los periodistas les pido que luchen contra esas cortapisas, contra el amarre y censura en tiempo de democracia. Agradezco a El Panamá América por no poner ninguna censura a mis columnas que siempre escribo con respeto y altura, que deben guardar lo que uno da como cooperación a los periódicos. Ojalá continuemos igual siempre.
En cuanto a los gobiernos, si son dictatoriales, intervienen directamente en lo que se publica; pero si son democráticos, podrían amarrar con cierto chantaje y, que yo sepa, no es esa la forma de actuar de este gobierno. Más bien soporta los medios que le son de oposición y todo lo que quieren decir y a los que la apoyan tampoco piden que se arrastren como serviles. Los que son neutrales, escriben en contra o a favor cuando quieren. Ojalá continuemos así.
No sé si recuerdan que hace aproximadamente cinco años, yo escribía columnas en El Universal los miércoles, a la vez que los sábados en este periódico. Un día que le correspondía salir mi columna, no apareció y no me dieron ninguna explicación. Ante mi insistencia, me pidieron disculpas y la publicaron al día siguiente. Pero luego de algunas semanas, sucedió lo mismo y hasta allí llegó mi relación con el diario. El Director de entonces no me recibía ni las llamadas. No se hizo esperar mi respuesta en El Panamá América dando una explicación a los lectores que eran los únicos que me importaban.
Pero, si creen que eso es todo, tuve otro incidente en Radio Mía que, por falta de espacio no contaré. Por esto, cuando leí la columna de Eloy, recordé lo que me sucedió en el mismo periódico. Lo que él describe sobre el editorialista de Caracas y de Lou Dobbs en CNN, es una de las situaciones más tristes para un periodista. Cuando uno escribe dentro de un régimen dictatorial, se considera normal la censura abierta o encubierta que ponen a los medios de comunicación y esto es algo comprensible y hasta aceptado por todos. En Panamá ya lo hemos vivido igual que en otros países.
Pero, cuando se escribe o habla en democracia y más en la norteamericana, resulta difícil comprenderlo, ya que son los dueños de los medios quienes implantan la censura por conveniencia política o económica. Personalmente acepto las líneas políticas o ideológicas de los medios, porque apoyan a tal o cual candidato o gobernante después y defiendan las obras o las posiciones de los mismos. Lo que no acepto o comprendo es la autocensura tan sólo por no molestar a los gobernantes de turno o sacar provecho de una posición con los mismos.
Esa censura es más triste porque se hace en democracia, cuando se supone que los gobiernos respetan la libertad de expresión. Comprendo que los periodistas no puedan protestar y se limiten a utilizar su inteligencia y su preparación para satisfacer las tendencias de los dueños de medios porque muchos de ellos defienden su salario; pero no comprendo la gritería de esos mismos periodistas cuando un gobierno quiere reglamentar su sistema de trabajo, el respeto y la disciplina en lo que escriben y dicen.
La libertad de expresión no es insultar ni mentir; no es publicar obscenidades; libertad es poder decir lo que conviene a los intereses del país sin cortapisas ni defender o atacar a un gobierno, porque esa es la línea de los dueños o dirigentes del medio.
Me hago solidaria con Eloy Grimaldos, porque ha sido calcado de lo que me sucedió a mí y en el mismo periódico. Las columnas de Eloy son constructivas y analíticas de los problemas y los personajes del gobierno y no gobierno. Desde esta columna te digo que te apoyo en tu posición.
A los periodistas les pido que luchen contra esas cortapisas, contra el amarre y censura en tiempo de democracia. Agradezco a El Panamá América por no poner ninguna censura a mis columnas que siempre escribo con respeto y altura, que deben guardar lo que uno da como cooperación a los periódicos. Ojalá continuemos igual siempre.
En cuanto a los gobiernos, si son dictatoriales, intervienen directamente en lo que se publica; pero si son democráticos, podrían amarrar con cierto chantaje y, que yo sepa, no es esa la forma de actuar de este gobierno. Más bien soporta los medios que le son de oposición y todo lo que quieren decir y a los que la apoyan tampoco piden que se arrastren como serviles. Los que son neutrales, escriben en contra o a favor cuando quieren. Ojalá continuemos así.