Libertad de prensa
Cuando criticamos al actual régimen que nos gobierna, nos mueve el interés de ver si se nos atiende, pensando en Panamá primero.
He visto corrupción por doquier, en todas las administraciones, y si nos referimos a la actual es porque las estamos viviendo, sin dejar de considerar lo que aconteció en el pasado, especialmente durante la dictadura militar, que nos llevó a la ruina económica y para los que nos desenvolvíamos en el país, los periódicos que se atrevían a denunciar lo poco que dejaban ver, sufrían los rigores de la fuerza, como aconteció en diversas ocasiones con La Prensa, que pudo subsistir gracias al empeño y la valentía de quienes la manejaban. Para muchos jóvenes que no lo conocen, La Editora El Panamá América fue despojada a sus dueños, para ponerla al servicio de los castrenses. Al finalizar el mandato de ellos se hizo justicia y se reparó el daño que hicieron.
Para gran suerte todas estas cosas han sido superadas y hoy con ciertas restricciones, gozamos de una libertad de prensa, condicionada en parte por leyes mordaza, que ningún mandatario ha querido derogar, para beneficio propio y de sus intereses partidarios.
Debemos luchar para que haya total libertad de prensa y de expresión ahora que está muy cerca el período electoral, porque es penoso que se llame a juicio a comunicadores sociales que se atreven a divulgar desmanes y actos que pugnan con la moral administrativa. Aunque hay publicaciones que son duras, especialmente la de accidentes y crímenes que se cometen, que explotan el morbo popular, éstas deben ser reguladas. Tal vez si lo hicieren en las páginas interiores de los periódicos y no en las portadas pudieran ser aceptables, aunque el efecto sea el mismo, pero dejan mucho que decir en la forma en que se hace actualmente. Esto a manera de sugestión, porque no soy de la opinión que al pueblo le debemos decir lo que puede ver y mucho menos lo que puede leer.
De paso debemos tener muy presente la cantidad de errores gramaticales en los escritos y lo chabacano de los locutores que en nada hablan bien de nuestra cultura y costumbres, con frases vulgares y fuera de tono que nos dejan muy mal ante las personas decentes y los visitantes de otros países, ahora que estamos tratando de incrementar la industria sin chimeneas, como se llama al turismo.
Con todos los males que nos aquejan, debemos tener muy presente, que nuestro país sigue siendo un tesoro, comparado con muchos de los vecinos y esto debemos conservarlo a toda costa. Por algo, muchos quieren compartir con nosotros nuestra incipiente democracia, que con todas sus fallas, nos permite vivir sin mayores problemas y esto hay que mantenerlo, a como de lugar.
No obstante, sugerimos una nueva legislación en materia de ruidos con el fin de proteger el Medio Ambiente Urbano contra las perturbaciones producidas por los ruidos, teniendo básicamente los siguientes objetivos:
Crear una entidad especializada, especialmente a cargo de la Autoridad Nacional del Medio Ambiente (ANAM), que vele por la calidad del medio ambiente en materia de ruidos.
Exigir un determinado nivel de aislamiento acústico en establecimientos de forma que se respeten los niveles de inmisión en viviendas adyacentes y de emisión al exterior de éstos.
Regular los niveles imputables a cualquier causa de los ruidos.
Establecer el régimen jurídico necesario en cuanto al procedimiento general y régimen sancionador e innovadoras medidas cautelares que en determinados casos permita la suspensión inmediatamente de la actividad ruidosa en el mismo momento de detectarse.
Vivimos en una incultura del ruido que genera aceptación del mismo. Se necesita fomentar una cultura del respeto mutuo que se traduzca en no agredir acústicamente a los demás. El problema del ruido es lo suficientemente complejo como para que se pueda resolver exclusivamente con medidas sancionadoras. Estas medidas deben ser complementadas con políticas de formación, información y sensibilización ciudadana.