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Libertad de prensa, gobierno y sociedad


Periódicamente se alza la voz de algún funcionario culpando a los medios de comunicación social de casi todos sus males. En otras ocasiones surgen iniciativas de gente que pretende armonizar a unos con otros. Eso no es posible en un ambiente de plena libertad de prensa, especialmente cuando pesan las "Leyes Mordaza" sobre los medios y periodistas.
La explicación es sencilla, no puede existir contemporización alguna entre fiscalizador y fiscalizado. Mientras los medios escudriñan el accionar de los gobiernos, éstos luchan por imponer barreras para impedirlo.
Las leyes de censura abierta o encubierta son manifestaciones de una lucha sin cuartel y sin fin entre dos factores de poder condenados a coexistir en una relación a un mismo tiempo antagónicas y en cierta medida, de mutua dependencia.
Los gobiernos suelen ser fuente principal de noticias y los medios constituidos el instrumento indispensable para divulgar su obra. En contrapartida, sin embargo, deberán también afrontar sus críticas.
La sociedad a su vez se nutre de la seria informativa de los medios, a la vez que se sirve de su espacio para expresarse y formular denuncias; pero en ese proceso ha de aprender reglas de elemental tolerancia porque no encontrará en ellos sólo su voz y cosas de su afecto.
Habrá siempre grupos que amparan a los gobiernos para que imponga a la libertad de expresión valladares a su abierto desempeño. Quien quiera se arrogue la facultad de censurar y determinar lo que en un momento dado deben ver o no ver los demás, no hace sino limitar su propia libertad y discernimiento y ponerle en manos de otros, violando su condición humana y menospreciando sus potencialidades.
Cada quien como individuo debe ser libre de expresar lo que quiera y de manifestarse en la mejor forma que lo considere apropiado dentro de un marco de respeto a los derechos ajenos. Y del mismo modo debe, colectivamente, hacer lo propio en defensa de esos derechos.
La moralidad es cuestión de opinión de cada cual y decisión de los individuos y las familias. En ese proceso no hay espacio para censuradores medievales, ni para el Estado, salvo los inherentes a los derechos ajenos. Del mismo modo las opiniones y cualquier otra forma de expresión.
Hoy día se reconoce a la libertad de prensa como derecho humano de igual categoría a otros elementales inherentes a toda persona, entre ellos la libertad de movilización, pensamiento y la vida misma. Así quedó demostrado en el reciente seminario de la UNESCO, el Forum de Periodistas y la CELAP.
Los medios noticiosos podemos hoy declarar dolorosamente tener decenas de mártires en el mundo tan sólo en el último año y otros centenares a lo largo de la década. Si tantos de los nuestros continúan su brega en desafío a los riesgos alrededor del mundo, ¿duda alguién de nuestra determinación de preservar la libertad ciudadana a costa de todo?

101 años de Panamá América

 
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