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¿Libertad sin límites?


Nuevamente ha salido a relucir en los medios de comunicación el tema de la regulación del periodismo en Panamá, aunque en esta ocasión me complace observar que muchos periodistas se han atrevido a defender la necesidad de tales regulaciones. A pesar de ello, me siento obligado a dar mis impresiones al respecto.
Se ha repetido insistentemente que la mejor ley de periodismo es la que no existe, a pesar de que Dios nos ha legado diez mandamientos. Por algo uno de ellos dice: "No levantarás falsos testimonios ni mentirás". "Libertad de tránsito no significa que no debe haber un reglamento de tránsito" dice atinadamente el proponente del proyecto de ley en discusión. "El que no la debe no la teme", es el mensaje que algunos le dan a aquellos que les preocupa un periodismo sin regulación.
Ese mismo mensaje le doy a aquellos que le temen a dicha regulación. También se ha criticado cualquiera intención de limitar el ejercicio de la profesión periodística a sus profesionales. Se alega que todos tenemos el derecho constitucional de expresarnos libremente. Creo oportuno indicar que nuestra Constitución, en su artículo 40, dice que toda profesión u oficio debe estar "sujeta a los reglamentos que establezca la Ley en lo relativo a idoneidad, moralidad...". También se habla del derecho a la libre expresión plasmado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cuando dicha convención no dice por ningún lado que todos tenemos derecho a redactar una noticia.
Algunos periodistas han reconocido la necesidad de una ley que los regule, pero rechazan la cárcel como castigo por sus errores. Es evidente que para ellos es difícil ver la profundidad de una herida causada a una persona denigrada públicamente. Podemos imaginarnos la profundidad de dicha herida con simplemente dar una mirada a la forma en que en el pasado se resolvían las faltas al honor.
En tal sentido presento como referencia un artículo de Carlos Iván Zúñiga titulado "No mentir, no robar, no matar", donde se describe como la humanidad ha establecido leyes sobre aquellas normas que para la sociedad deben ser fáciles de cumplir, y resalta la tendencia a castigar severamente a sus infractores.
Entiendo que habrá muchos buenos periodistas que consideran que no necesitan una regulación que les diga no mentir, así como yo no necesito una ley que me diga no matar, pero, ¿acaso todos cumplen con normas tan sencillas?
¿Qué defensa tiene el panameño común y el político honesto contra el periodista mediocre o corrupto con la llamada autorregulación? Aquellos quienes nos oponemos a la impunidad por ser ésta la principal semilla de la corrupción, debemos aplicar aquel principio que dice: "La ley debe entrar por casa".
Se ha manifestado que en algunos países no se castiga las faltas a la reputación de una institución. A ellos les diré que una ofensa a una institución forzosamente lleva su secuela a las personas que forman parte de ella. Igualmente se pretende tomar el modelo de aquellos países donde no se castiga la injuria a personas fallecidas.
¡Mucho cuidado!, porque podrían terminar esperando fríamente la muerte de una persona para "tirar flores a su tumba". Da tristeza cómo se justifica el irrespeto a los funcionarios públicos, simplemente porque son figuras públicas. Vivimos en una sociedad donde basta ser funcionario público para tener callos que todo el mundo se siente con derecho a pisar.
"El que no le gusta la palestra, debe salirse del ruedo" dice un periodista al respecto. El resultado final de todo esto será un ruedo en donde sólo participan los "descarados".
Deseo recordar que en estos momentos se cuestiona a quienes se autodenominan honorables. Cuestionamientos similares podrían recaer sobre quienes se promueven como los mejores defensores de la democracia, particularmente porque todos sabemos que el periodismo es una actividad para lucrar, en el cual están infiltrados personas con intereses políticos.
No olvidemos que también ha existido traidores a la democracia en el periodismo, como lo fueron aquellos que le sirvieron y se sirvieron de la pasada dictadura. Entiendo la preocupación por las leyes que fueron producto de una dictadura, y el que no se está chupando los dedos, sabe perfectamente quiénes están detrás de estas nuevas regulaciones.
No obstante, también se debe tener presente a qué tipo de periodista le conviene "una ley que no existe". Los periodistas deben luchar por una ley que no sólo sea justa, sino que les garantice un salario digno, por las mismas razones por las cuales ciertas profesiones son beneficiadas con buenos salarios.

101 años de Panamá América

 
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