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Libertad y responsabilidad de expresión


Como todas las conquistas altas y nobles de la humanidad, la libertad de expresión fue el fruto histórico de la lucha de muchas generaciones contra estructuras políticas de opresión que pretendieron, en vano, silenciar toda opinión adversa y, en especial, a los incansables difusores de las ideas y la información, quienes juegan un papel protagonista en el ejercicio de este derecho.
Desde el siglo XVIII, y antes, los comunicadores de noticias e intelectuales debieron librar denodadas batallas para que los gobernantes comprendieran que debían respetar esa libertad esencial de los pueblos civilizados y de todo ser humano. Ya en nuestro tiempo, la revolución tecnológica produjo una formidable expansión de los medios informativos, al extremo de que hoy el periodismo es una actividad que llena espacios cada vez más amplios en la vida de cualquier sociedad.
Por supuesto, en la medida en que crece y se afianza la libertad de expresión, se consolida y se profundiza el reconocimiento de que en la práctica del ejercicio del periodismo se imponen responsabilidades éticas que no deben ser eludidas. Libertad y responsabilidad son las dos caras de una misma moneda. Este principio, que rige en todas las manifestaciones de la vida social, vale también para quienes ejercen la actividad de formar e informar a través de la prensa escrita o de los restantes medios de comunicación.
Hoy, al celebrarse el Día de la Libertad de Expresión, no está de más reflexionar sobre la necesidad de que el periodismo panameño se examine a sí mismo con espíritu de autocrítica y redoble sus esfuerzos para que la misión de informar sea cumplida en nuestro país con los más altos niveles de honestidad, transparencia y responsabilidad. Quienes día tras día comunican a la sociedad los hechos acaecidos y transmiten el resultado de sus investigaciones periodísticas, tienen el deber ineludible de llenar esa misión con rigor y objetividad, consultando en cada caso a todas las fuentes involucradas o afectadas por una información. De ningún modo es aceptable que en ese cometido quienes ejercemos la responsabilidad de informar, lo hagamos guiados por mero afán sensacionalista capaz de desviar la atención pública del objetivo legítimo de esa tarea, que es la búsqueda de la verdad.
Esa responsabilidad debe ser cumplida con profesionalismo y buena fe, lo cual excluye toda práctica dolosa o mal intencionada, así como la inexorablemente negligencia que se da en algunos casos.
La honestidad, la precisión, la exactitud, la adecuada ponderación de las fuentes y la moderación en el lenguaje serán, siempre, los mejores atributos que un periodista puede incorporar a su trabajo. Si a ello se suma la preocupación estricta de observar otras normas éticas fundamentales, el resultado será la consolidación de un sistema de medios de comunicación libre, confiable, maduro y eficiente. Revitalizar y perfeccionar esos conceptos pueden llegar a ser la mejor manera de defender lo que los países civilizados celebran en el día de hoy: La liberta de expresión.

101 años de Panamá América

 
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