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Libertad y responsabilidad del periodista


A los medios de comunicación se les ha denominado: El cuarto Poder. Nada más y nada menos, su influencia es tan grande que se les coloca al lado de los tres grandes órganos del estado moderno: El legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. En verdad, es importante y necesario que el medio de comunicación cumpla su doble misión: por un lado, de informar oportuna y claramente sobre lo que sucede en el país y el mundo, y, por otro, de ayudar a educar y a formar la opinión ciudadana entre los usuarios del medio.
Para ello, el periodista debe sin duda, gozar de libertad para expresarse, pero también de seguridad en el empleo, para no sentirse dependiente de la voluntad de otros y verse obligado a seguir los dictámenes de los dueños del medio, sus simpatías y sus antipatías personales o políticas. Pero además del valor de libertad y de la norma jurídica que la refuerza, existe también para el periodista el valor cognitivo de la verdad y el valor moral de la responsabilidad.
Toda producción periodística debe aspirar a informar cabalmente la verdad, la libertad no es un valor absoluto; se ve limitada en la práctica por la responsabilidad inherente a todo acto humano. Y quien dice responsabilidad dice imputabilidad, es decir, que la actividad del periodista es factible de un rendimiento de cuenta: el periodista, y el caricaturista no es la excepción, "no tiene corona"; como cualquier humano, al ser responsable, debe poder rendir cuenta de sus actos, cuando los mismos no se adecuan a la verdad de lo que proyecta, o cuando sus aseveraciones o expresiones, sean escritas o gráficas, producen causar daño al honor e integridad de las personas.
El ejercicio de la profesión del reportero, o del editorialista o del caricaturista, no equivale a una patente de corso, para atacar impunemente, para agraviar o insultar a cualquier ciudadano panameño.
Ahora bien, eso es lo que ha ocurrido en varias ocasiones en nuestro país y más recientemente, con la reciente caricatura publicada por el diario La Prensa, contra el Dr. Ricardo Arias Calderón. Escritos como los de la Dra. Alegre y otros, han mostrado lo injusto del ataque. Coincidimos en que no es aceptable, no es ético, que un medio de comunicación utilice una caricatura para, alegre e irresponsablemente, deformar la realidad o distorsionar los hechos históricos relativos a la actuación de un determinado ciudadano. Ello nos recuerda aquellos oscuros tiempos de nuestra historia patria, no tan lejanos, en que los medios de comunicación controlados por los militares y regendados por periodistas obsecuentes, difamaban al servicio del poder político y atacaban con saña y sin cortapisas a personas respetables, sólo porque ejercían su derecho a oponerse o a disentir.
Usaban titulares, noticias, reportajes y caricaturas -sí ¡todo tipo de caricaturas denigrantes!, que llevaban una clara finalidad la de convertirlos en objeto de rechazo y odio por parte de los lectores, con la calculada pretensión de dañar su imagen, de neutralizar o limitar su accionar político. ¿Estaremos regresando a aquellos tiempos que hoy creíamos superados?.
Todos sabemos del costo que debió pagar el país en materia de vidas humanas, heridos y lisiados de por vida; de recursos económicos y de pérdidas en valores cívicos y morales, y de imagen internacional durante la prolongada lucha contra la dictadura militar. Cuántas veces colaboramos gratuitamente con artículos y otras actividades para defender la libertad de expresión de los medios y el derecho a la información del pueblo panameño, sin órdenes superiores de los cuarteles, sin desinformación y sin caricaturas difamantes. A cuántas vigilias acudieron, a cuántos riesgos se expusieron miles y miles de ciudadanos, para presionar por la apertura y libre funcionamiento de los medios de comunicación -diarios y emisoras clausurados o censurados por órdenes del jefe militar o del Presidente de turno!.
¿Habrá sido todo aquello en vano? O habrá que aceptar como cierta aquella célebre frase de un político de vieja data cuando decía que "En Panamá ni se gana ni se pierde reputación" Yo, me niego a aceptar que ello sea así.

101 años de Panamá América

 
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