Libido galopante
La reciente noticia de que cada seis horas se denuncia un delito sexual, es alarmante; peor aún, si podemos a ello sumar los que permanecen en silencio por ser el autor el único recurso económico para la sustentación del hogar o por los que se mantienen en silencio por menores de edad, víctimas intimidadas.
Abundan los anuncios de masajistas que ofrecen sus servicios donde sean requeridas por los interesados; ofertas de productos en las que aparecen fotos de jovencitas en bikini y escotes liberales que escasamente ocultan los pezones y que inducen a los hombres a imaginárselos.
Son frecuentes las apariciones en televisión de féminas provocativamente vestidas, contorsionándose hábilmente en lo que pareciera ser una regata para demostrar en un vertiginoso sacudimiento de caderas, cual es la más hábil. Todas ellas se han escapado de las manos de sus padres. A este paso no podemos esperar un alto en la ascendente marcha de los delitos sexuales. Y en la actualidad se cometen cada seis horas, aunque solamente contamos los que se denuncian, el número de delitos sexuales aumentará en corto tiempo.
No podemos engañarnos: en el comercio la competencia siempre ha inclinado al hombre a esforzarse por lograr la más eficaz forma de inducir a los potenciales compradores a adquirir prioritariamente lo que se ofrece. Todo lo que es sensual resulta atractivo para la mayoría de las personas desde la pubertad hasta los umbrales de la senectud. Hemos entrado en un mundo en que se ha descubierto un fabuloso negocio: el estímulo del instinto y la venta de la tentación.