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Libre competencia y canasta básica


Rafael Carles, comisionado de la CLICAC, entidad encargada de la defensa del consumidor y la libre competencia, reconoció en una ocasión a este diario, que pese a que, -según sus registros-, los precios de la canasta básica han disminuido 15%, la generalidad del pueblo panameño no se beneficia de ello, atribuyéndolo a malos hábitos de consumo y a la ausencia de costumbre de comparar precios.
La mayoría de los panameños, según Carles, compra las mismas cosas en los mismos lugares, sin verificar precios ni compararlos, ni cambiar hacia otras alternativas más económicas. Si así fuera, parecería cuestión de insistir en educar al consumidor, estimular su organización en asociaciones de defensa y llevar ambos a nivel de las escuelas. Pero eso no basta.
Todavía quedan serias distorsiones que hacen que en nuestro país la libre competencia sea un cuento de hadas, sólo existente en las tantas las teorías económicas y libros de texto. Muestra de ello es el hecho de que no existe correlación alguna entre la drástica rebaja de aranceles de los productos alimenticios importados, y el monto de la reducción del precio de la canasta básica.
En la práctica, la situación es mucho peor. Las cifras oficiales muestran un incremento moderado pero constante de los precios al consumidor, mientras los aranceles siguen bajando, lo que significa que los importadores e intermediarios se están quedando con la diferencia, aumentando sus ganancias, mientras el consumidor continúa pagando lo mismo o más.
Por otra parte, de todos es sabido que la rebaja de aranceles condujo al sacrificio de los productores nacionales, principalmente los del agro, que se han visto privados del mercado nacional, pues sus antiguos revendedores prefieren los artículos importados que les permite mayores márgenes de ganancias que los productos nacionales.
Lo anterior a su vez ha conducido a una suerte de monopolio que viene dándose a ciencia y paciencia de la propia CLICAC. Y es que los supermercados se niegan a comprar y vender productos nacionales, para limitarse a ofrecer los extranjeros, en una cuestionable práctica que viola la ley de libre competencia, privando a los consumidores del derecho a escoger entre lo nacional y lo extranjero, mediante una clara identificación de origen.
Señores, por el alto precio que pagamos, los consumidores tenemos derecho a saber de dónde viene lo que consumimos, y a contar frente a nosotros con distintas opciones, abiertas, libres y no discriminatorias, nacionales y extranjeras. ¿De eso tratan el libre comercio y la competencia, o no?

101 años de Panamá América

 
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