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Limpiar el alma de América


La columna moral de América Latina y el Caribe se encuentra de nuevo socavada por la corrupción; esta vez, es el caso de Miguel Angel Rodríguez, quien ha presentado renuncia como secretario general de la OEA ante denuncias sobre presuntos sobornos que recibió cuando presidente de Costa Rica.
La fragilidad y delicadeza de nuestra democracia se ve mellada por un flagelo con el que nos cuesta mucho luchar, y el que mucho daño le ha hecho a la región. En este caso, en vez de que el vínculo Estado y sector privado permita promover el desarrollo, se ha usado para enriquecer ilícitamente a Rodríguez y servir a los intereses de Alcatel, de llegarse a comprobar el cuestionado soborno.
La justicia internacional debe centrar su mirada en este caso y ejecutar sistemáticamente medidas que impidan continuar con estas prácticas. Los tribunales de Costa Rica serán los que juzguen este caso de corrupción política. Pero, es necesario que una entidad internacional como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) exija a los países signatarios cumplir la comisión antisobornos de 1999, que prohíbe a las multinacionales sobornar a funcionarios extranjeros.
Es la única salida por la cual no sólo se combatiría la corrupción política sino también la corporativa. Para que no queden dudas ni suspicacias también debe abrirse investigación al actual presidente de Costa Rica, Abel pacheco, a quien los defensores de Rodríguez lo han acusado de recibir sobornos de Alcatel, también.
El principal reto que debe asumir quien sea elegido como secretario general de la OEA, es dirigirla y gerenciarla eficaz y eficientemente, así como aumentar los aportes estatales para paliar el déficit presupuestario. Además, debe replantearse la estructura funcional del organismo frente al rol que desempeña en la región como al adecuado manejo del desarrollo democrático en medio de la globalización. Lo importante es que la sociedad latinoamericana no cese en su lucha por garantizar transparencia en el sector público y privado, desde el ciudadano común hasta los gobernantes.
Este problema es sólo la punta del iceberg, pues representa un reflejo de cómo estamos actuando para construir una América Latina y un Caribe más acogedor en términos de convivencia social, respeto a los derechos humanos, y ejemplo de quienes nos dirigen. Superemos la consigna de limpiar moralmente el alma corrompida de nuestro continente.
(calbertp@cpi.udep.edu.pe)

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