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Linda Watt y las verdades que molestan


El único problema de las palabras de Linda Watt, al expresarse sobre la democracia en Panamá, surge de su posición de embajadora y no de cualquier país latinoamericano u otro, sino de Estados Unidos, una potencia con la cual compartimos casi nuestros primeros cien años completos de historia de lucha por nuestra soberanía y pensamos que no le toca a ningún representante diplomático de ese país entrometerse en nuestros asuntos internos.
Ello puede ser cierto y, como jefe encargada de esa delegación diplomática, tal vez no estaba en posición de decirlo, pero no menos cierto es que, desde su llegada, Linda Watt se ha interesado y ha procurado conocer nuestro país a fondo, de una manera como ningún otro embajador estadounidense haya intentado hacer antes, (ya sea porque es una mujer, porque le interesa hacer bien su trabajo, porque tiene una gran calidad humana o por simple curiosidad) y más cierto es que sus palabras son válidas, no dice ninguna mentira, sino, por el contrario, tiene toda la razón y lo expresa con un sentimiento de cariño y connotaciones de aliento, deseando el bien de Panamá y los panameños, indicando, aunque de forma un poco tímida, a mi parecer, que también en Estados Unidos quedan cosas por mejorar.
Las críticas incluidas en su análisis constituyen solo críticas constructivas, fácilmente advertidas por quienes realmente desean un mejor desarrollo político, económico y cultural de nuestro país. No parecen, en lo más mínimo, tener sus palabras una mala intención, sino más bien, aprovechando el momento político ante la proximidad de los comicios electorales del 2004, es un llamado, como de un conciudadano, a todos los panameños, a votar por un candidato que pueda cumplir, no solo prometer, el adecentamiento de la administración pública y un llamado a despertar el interés de todo panameño en los asuntos de gobierno.
Es una lástima que aquellos con techo de paja, ante un ataque contra la corrupción, se sientan aludidos y, por supuesto, como siempre, traten de tapar el sol con un dedo, como cuando de esconder la corrupción se trata.
Reaccionan con gran rapidez, para criticar y desviar la atención de aquello que realmente tiene importancia en todo este asunto. De ser otro el exponente, igual habrían respondido con sus pobres y escasos argumentos. Recuerden que la verdad siempre sale a relucir.
Aplaudo el discurso de la Señora Watt, el cual debiéramos leer todos, para recordar y mantener presente el ideal de país que queremos.

101 años de Panamá América

 
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