Linda y CEMIS
Nada es peor que le presionen la herida a quien sangra por ella; no me causa asombro el hecho de que la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Linda Watt, haya calificado las diversas falencias sociales que aquejan al país en diversos sectores. Nadie es ajeno al conocimiento de que nuestros políticos son una jauría de demagogos, oportunistas, corruptos y “juega vivos”. En lo que concierne a la administración estatal, ser parte de un partido político en el poder requiere la renunciación de valores sociales cuando de justificar se trata. Mentir y sentirse aludido ante las críticas que son verdades, es parte del rejuego; pero es que no hay mejor manera de consentir una mentira que disintiendo de ella a gritos.
Nuestros legisladores, principales artífices de nuestras leyes, responden como chiquillos regañados y pareciese que dijesen: “Ahora, no te hablo”, a Estados Unidos, utilizando como método de resentimiento la no-ratificación del acuerdo con Estados Unidos con respecto a la entrega de personas a la Corte Penal Internacional, lo cual da risa, y nos convence más de la mediocridad de los padres de patria. Tomar esa actitud no hace más que ratificar la ineficiente administración gubernamental, expuesta en palabras de la embajadora.
A todo esto no es que esté de acuerdo en que Estados Unidos interfiera en los asuntos internos de cada Estado que se le antoje, pero hablar de corrupción, ineficiencia administrativa, inmunidad vs impunidad, desigualdad, ineficacia, trasgresión de la ley, son fenómenos universales a los cuales ni Estados Unidos escapa.
Decir alegremente que lo expresado trastoca el régimen interno del Estado panameño es como decir que hablar del negocio del narcotráfico es inmiscuirse en los asuntos internos de nuestro vecino país colombiano.
El gobierno actual, en sus descargos, legitima las conductas descritas y lejos de restarle importancia, nuestros legisladores, con su actitud, demuestran que su voluntad de legislar está lejos de los intereses reales de la patria.
¡Viva Panamá! puente de filibusteros, corazón de corruptos. ¡Un aplauso!, para nuestros legisladores, que después de sentirse aludidos por las verdades, reafirman ocultar públicamente su afrenta, el escándalo en que todos, sin excepción, participaron, CEMIS, sinónimo de coimas, prebendas, de delito consumado.
“Los padres de la patria” nos están diciendo somos impunes a todo delito, pese a cometerlo de manera infragante. ¡Es una burla! a la sociedad panameña, al intelecto de los profesionales, a las instituciones de seguridad pública, a la independencia judicial. La patria vale lo que se embolsillaron cada uno de ellos.
Quiero escuchar todavía la defensa contra las percepciones de Linda Watt, mismas que no son nuevas, pueden decir, ahora, alegremente, que ¿su inmunidad no significa impunidad? La sociedad panameña lo sabe, a la faz pública salieron con evidencia sin vergüenza alguna, burlándose de los organismos de investigación, de la seguridad, del estado de derecho, en fin, de la ley.
La Corte Suprema de Justicia ha perdido legitimidad. Saber que dos de sus magistrados, quienes aplican la ley y la interpretan, en quienes se pone la confianza de deslindar los conflictos jurídicos, estén impuestos de manera dudosa y peor aún que las investigaciones de estos nombramientos también hallan sido archivadas, justifican la falta de credibilidad de su gestión al aplicar “justicia”.
¿Qué nos queda de Panamá? Como joven, me siento contrariado, impotente. Sabemos que ha existido corrupción siempre, en todos los gobiernos, para lo cual existen leyes que sancionan, protegen y garantizan el estado de derecho, pero una manifestación tan cínica e impune de la conducta delictual, me asquea. El estado de derecho es también el respeto a sus normas, a las instituciones, a la sociedad, a sus integrantes.
Todos son cómplices, desde sus inicios han orquestado las maquinaciones de asaltar, robar, hurtar, matar, destruir. ¡Diablos de la patria¡ Se consumirán con sus legiones en el juicio divino al ser hallados culpables, y los veré consumirse, hollarse, en el fuego de la justicia, ya no terrenal, sino divina. ¿Será la Iglesia Católica capaz, ahora, de seguir excomulgando a estos pecadores libertinos, los redimirá un perdón, cuando su propia naturaleza los condena?. ¡Sálvanos Jesús!
*Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Universidad de Panamá.
Nuestros legisladores, principales artífices de nuestras leyes, responden como chiquillos regañados y pareciese que dijesen: “Ahora, no te hablo”, a Estados Unidos, utilizando como método de resentimiento la no-ratificación del acuerdo con Estados Unidos con respecto a la entrega de personas a la Corte Penal Internacional, lo cual da risa, y nos convence más de la mediocridad de los padres de patria. Tomar esa actitud no hace más que ratificar la ineficiente administración gubernamental, expuesta en palabras de la embajadora.
A todo esto no es que esté de acuerdo en que Estados Unidos interfiera en los asuntos internos de cada Estado que se le antoje, pero hablar de corrupción, ineficiencia administrativa, inmunidad vs impunidad, desigualdad, ineficacia, trasgresión de la ley, son fenómenos universales a los cuales ni Estados Unidos escapa.
Decir alegremente que lo expresado trastoca el régimen interno del Estado panameño es como decir que hablar del negocio del narcotráfico es inmiscuirse en los asuntos internos de nuestro vecino país colombiano.
El gobierno actual, en sus descargos, legitima las conductas descritas y lejos de restarle importancia, nuestros legisladores, con su actitud, demuestran que su voluntad de legislar está lejos de los intereses reales de la patria.
¡Viva Panamá! puente de filibusteros, corazón de corruptos. ¡Un aplauso!, para nuestros legisladores, que después de sentirse aludidos por las verdades, reafirman ocultar públicamente su afrenta, el escándalo en que todos, sin excepción, participaron, CEMIS, sinónimo de coimas, prebendas, de delito consumado.
“Los padres de la patria” nos están diciendo somos impunes a todo delito, pese a cometerlo de manera infragante. ¡Es una burla! a la sociedad panameña, al intelecto de los profesionales, a las instituciones de seguridad pública, a la independencia judicial. La patria vale lo que se embolsillaron cada uno de ellos.
Quiero escuchar todavía la defensa contra las percepciones de Linda Watt, mismas que no son nuevas, pueden decir, ahora, alegremente, que ¿su inmunidad no significa impunidad? La sociedad panameña lo sabe, a la faz pública salieron con evidencia sin vergüenza alguna, burlándose de los organismos de investigación, de la seguridad, del estado de derecho, en fin, de la ley.
La Corte Suprema de Justicia ha perdido legitimidad. Saber que dos de sus magistrados, quienes aplican la ley y la interpretan, en quienes se pone la confianza de deslindar los conflictos jurídicos, estén impuestos de manera dudosa y peor aún que las investigaciones de estos nombramientos también hallan sido archivadas, justifican la falta de credibilidad de su gestión al aplicar “justicia”.
¿Qué nos queda de Panamá? Como joven, me siento contrariado, impotente. Sabemos que ha existido corrupción siempre, en todos los gobiernos, para lo cual existen leyes que sancionan, protegen y garantizan el estado de derecho, pero una manifestación tan cínica e impune de la conducta delictual, me asquea. El estado de derecho es también el respeto a sus normas, a las instituciones, a la sociedad, a sus integrantes.
Todos son cómplices, desde sus inicios han orquestado las maquinaciones de asaltar, robar, hurtar, matar, destruir. ¡Diablos de la patria¡ Se consumirán con sus legiones en el juicio divino al ser hallados culpables, y los veré consumirse, hollarse, en el fuego de la justicia, ya no terrenal, sino divina. ¿Será la Iglesia Católica capaz, ahora, de seguir excomulgando a estos pecadores libertinos, los redimirá un perdón, cuando su propia naturaleza los condena?. ¡Sálvanos Jesús!
*Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Universidad de Panamá.