Lineamientos para un tren ligero
Empecemos inventariando todos los buses y calculando cuánto vale el negocio de los transportistas. Firmemos con ellos un arreglo de pago. La urgencia de la situación lo amerita y la Constitución faculta al Estado para expropiar, por razones de interés social, y en este caso las hay de sobra.
Evaluamos y escojamos uno de los tantos estudios de un tren ligero que ha pagado el país, y saquémoslo a licitación. Construyámoslo por etapas, partiendo desde la Gran Terminal de Albrook, a la que se agregarían rampas; porque el tren sería aéreo, o sea por encima de las actuales vías, para sacar a los buses de ellas, no como se proponen algunos, para añadirle carriles para vehículos articulados. A medida que se van haciendo las líneas, se va pagando a los actuales transportistas.
Escojamos una primera línea inicial, por ejemplo, desde la Gran Terminal hasta la 24 de Diciembre, a lo largo de la Vía Bolívar y la José A. Arango. Una sería de ida y otra de vuelta, sobre pilotes emplazados en el mismo sitio de los actuales postes de luz, que se reubicarían bajo tierra, como en Miami. Cada tren sería similar al que llega hasta el Condado de Dade en Florida, o como el de Disney´s World en Orlando, que es un monorriel. En ambos casos serían eléctricos, que no contaminan. Grandes plantas de gas colombiano generarían la energía necesaria, más barata.
Las paradas estarían a nivel de un cuarto piso; y se llegaría a ellas por elevadores, que serían una bendición para minusválidos. Cada parada será techada y en ellas habría negocios que ayudarían a costear el sistema. Los trenes, dotados con aire acondicionado, partirían cada 15 minutos, tardando otros cinco minutos para cargar y descargar pasajeros. Unas máquinas de boletería nos ahorrará la presencia de los "pavos"; y el sistema automatizado nos libraría de los conductores maleantes.
Se acaba la contaminación, se acaban los choques, atropellos y pasada de luz roja, los bocinazos, las bocinas, los hacinamientos, contaminación y groserías. Se terminan también los tanques y las actuales vías se despejan. Todos quedamos felices.
Obviamente, no es obra para un solo gobierno sino para todos los que vengan, porque no es una obra que se termina; pues siempre habrá que expandir y mejorar. No es un sueño, lo está haciendo Chávez en Venezuela, con trasporte cómodo y rápido, a distancia tan larga como de Panamá a Capira, a 50 centésimos, y tan rápido como a 30 minutos.
Cierto, Venezuela tiene petróleo, pero nosotros un Canal. ¿Qué esperamos?