Lo imperante en una campaña política
Las campañas políticas se componen de muchos elementos, unos preferentes frente a otros, según sea la evaluación o la consideración que le dispensen, los distintos actores: el propio candidato, su responsable de marketing, medios de comunicación, la otra u otras campañas, el ciudadano, como público objetivo o "target".
En la actual contienda política panameña ha habido de todo, incluso lo que no debíamos haber visto, ni oído. Esto, precisamente, es lo que nos conduce a tratar de evaluar lo verdaderamente importante de la campaña, evidentemente, desde la perspectiva de votante.
Las campañas políticas modernas invierten cifras exorbitantes de dinero. Trabajan en la imagen personal del candidato, buscando fortalecerla, haciendo su persona y su mejor trayectoria lo más conocida posible, mostrando el alcance de su andadura política y también, cuando las circunstancias lo aconsejen, lanzando la campaña negativa contra los rivales. En este tema, no hay nada escrito en piedra, cada vez más, cada edición electoral, se escribe, exhibe y dice lo impensable, lo que nuestra mente de ciudadanos de "a pie", no hubiese imaginado. Pero de todo eso, que nos puede parecer más o menos bien, el mayor perjuicio no se lo lleva sólo el "candidato malo", sino que se produce un daño colateral, porque deja gravitando en el ambiente una imagen negativa también de la sociedad y del sistema al que pertenecemos todos los electores, como ciudadanos.
Desde la complejidad que entraña una elección primaria dentro de un partido político y las consecuencias que arrastra hasta el logro de un espacio en la papeleta electoral, transcurre mucho. Hay sangrías, literalmente como hemos visto, escarceos legales o ilegales para hacer desaparecer de la carrera a otros candidatos, el voto pagado, y qué decir del financiamiento oscuro o "secreto" de las campaña.
Como hemos dicho, esta campaña ha tenido de todo, de lo mejor y de lo peor, cada quien lo mide de acuerdo a sus valores, principios e ideas. Pero obviando el trabajo realizado por los expertos de marketing, de publicidad, los de manejo de crisis o las opiniones de los "gurús" que acompañan a cada candidato, hay que priorizar un aspecto si se quiere tomar una decisión objetiva: el plan de gobierno.
El centro de cualquier campaña electoral es el candidato, está claro, pero él o ella no es nadie si no sabe hacia dónde va, qué quiere lograr, cómo, con qué y con quién lo hará; o sea, lo que pretenda con su plan. Por eso, deténgase a determinar en cuál de los distintos planes de gobierno encuentran solución los problemas que usted como ciudadano aspira que sean resueltos; y una vez se haya respondido esa pregunta, entonces, piense quién lo puede hacer mejor.